sábado, 6 de diciembre de 2008

Hace una semana se daba a conocer -por un trabajo de investigación de la periodista Anabel Hernández- un documento inédito que había sido emitido en mayo del 2007. Se trata de la sentencia que anuló el matrimonio religioso de Vicente Fox con Lilián de la Concha. El Tribunal de la Rota Romana -con sede en El Vaticano- no solamente dejó sin efectos el vínculo matrimonial de Fox -lo que resultaría un asunto meramente privado- sino que revela el estado de salud mental del ex Presidente. Fox no se ha pronunciado al respecto... ni lo hará. Sus fuertes y públicas convicciones religiosas no se lo permitirían. Sus ganas de volverse a casar, tampoco. El que calla otorga, y Fox ha otorgado.

El procedimiento de anulación se llevó a cabo durante la Presidencia de Fox. La conclusión es escalofriante: los "serios problemas psicológicos" existían mientras Vicente era Presidente. El Tribunal de la Rota Romana contiene un dictamen que determina que Fox tiene propensión a fingir, a llamar la atención; tiene una forma trastornada de ver las cosas. El suceso ha despertado un incipiente debate sobre la conveniencia de aplicar exámenes de aptitud mental a los gobernantes y de considerar pública esta información.

Dentro del procedimiento, Fox -que era el solicitante de la anulación matrimonial- señaló que su esposa tenía problemas sicológicos: no se encontró nada al respecto; pero en él, que era quien hacía el señalamiento, sí.

Los medios se han encargado de difundir los trastornos de Fox, pero no se ha detallado en qué consisten los mismos. Resulta conveniente detenernos a conocer los detalles. Es posible que mientras lea la descripción de los trastornos sea inevitable que vengan imágenes de otros personajes que se encuadran en la descripción.

Se llegó a la conclusión de que el ex Mandatario tiene -o tenía en ese momento- desórdenes de personalidad histriónica-histérica. Quienes padecen este trastorno buscan llamar la atención siempre, son inconformes y se sienten no apreciados cuando no son el centro de atención, tienden a tratar de llamar la atención hacia su persona y pueden, inicialmente, encantar a nuevos conocidos con su entusiasmo y aparente apertura y simpatía.

Quienes padecen este trastorno, para darse importancia representan un papel. En la medida que se desarrolla el papel es en la que les hace falta emoción propia y verdadera, según el erudito K. Schneider -consultado por la Rota-. Estas personalidades no son capaces de tener una relación afectiva o verdaderamente profunda.

Los histriónicos buscan constantemente el consuelo y/o la aprobación. No soportan las críticas o la desaprobación. Son muy influenciables por otras personas. Frecuentemente son incapaces de entender su propia realidad, sobreactúan y exageran. Culpan a otras personas de sus fracasos y decepciones y así se libran de su malestar.

Por si lo anterior fuera poco -y además del histrionismo- a Fox se le diagnosticó narcisismo grave. Las personas con este desorden suelen ser hirientes en sus señalamientos; tienen un grandioso sentido de autoimportancia; exageran sus logros y capacidades; esperan ser reconocido como superiores sin los logros proporcionados. Resulta habitual que sobrevaloren sus capacidades y cualidades.

Los narcisistas están preocupados por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez; sienten que se les deben privilegios; creen que son especiales y únicos; exigen una admiración excesiva; son explotadores y asumen que los demás están muy interesados en su bienestar; envidian a los demás o creen que los demás los envidian; devalúan a los que son reconocidos, porque piensan que ellos son más merecedores del reconocimiento.

Esta combinación de elementos -narcisismo e histrionismo- produce una visión trastornada de las cosas, reacciones emotivas inadecuadas, dificultades en las relaciones interpersonales y en el control de los instintos.

Resulta escalofriante que las decisiones presidenciales se hayan tomado por una personalidad con estos trastornos. Sin embargo, hoy entendemos muchos de los episodios que en su momento rayaban en lo ridículo. Los mexicanos nos dimos cuenta muy tarde de esta situación. Pero como suele ocurrir en estos casos, el hallazgo fue fortuito, si Fox no hubiera pretendido anular su matrimonio religioso, difícilmente nos habríamos dado cuenta ¿Qué procedía si nos hubiéramos dado cuenta antes del 2006?

El episodio es para reflexionar sobre la pertinencia de que los personajes que dirigen instituciones se sometan a exámenes de aptitud sicológica y se discuta sobre la publicidad de este tipo de información. Esto debe servirnos de experiencia para observar e identificar las actitudes de los -actores políticos- histriónicos y narcisistas que no se quieren quedar atrás de Fox y que hacen gala de sus trastornos a todo lo que da.

rogelio_campos@yahoo.com