viernes, 7 de mayo de 2010

Ficha técnica

Hay cosas que han cambiado en los últimos 20 años. Antes, al adquirir un automóvil, el comprador estaba a merced del vendedor; si el coche en exhibición era el último en existencia se podía convencer de que justamente el que estaba frente a nosotros era el mejor color. Igual sucedía con otros detalles: el vendedor tenía la sartén por el mango. Ahora basta con que el comprador tenga computadora, tiempo, acceso a Internet y un poco de obsesión para que pueda conocer la ficha técnica y llegar a saber más del coche -y de sus competidores- que el propio vendedor.

Lo anterior surge a propósito de la más reciente declaración presidencial: "México podría cumplir algunos de los requisitos más severos para entrar a la Unión Europea". Así lo expresó durante su visita a Alemania, el Presidente de la República. Con esa aseveración daba cerrojazo a una muy optimista intervención frente a empresarios teutones.

El Presidente y su Gabinete no ceden en su afán: tratar de convencer de que la estrategia contra el crimen organizado es la correcta y que la economía del País va mejorando. ¿Qué platicarían los empresarios alemanes cuando el Presidente abandonó el lugar en el que pronunció su mensaje? ¿Qué habrán pensado hace dos meses los empresarios españoles sobre el discurso del Secretario de Comunicaciones y Transportes cuando quiso convencerlos de invertir en nuestro País y no en Brasil? ¿Qué imagen se llevaron los empresarios y diplomáticos que ayer escucharon decir al Secretario de Economía que México es un gigante económico?

Dudo que estos auditorios se convenzan de lo que nuestros funcionarios les dicen; sospecho que -antes de creerles- verifican documentos y consultan a sus consejeros, calificadoras y analistas. Es de suponer que conocen los datos más importantes de la realidad y el desempeño de nuestro País: la ficha técnica. El interés por asistir a esos encuentros radica en los compromisos que se asuman o en las acciones futuras que se anuncien.

Por eso llama la atención lo expresado por Calderón: "México podría cumplir algunos de los requisitos más severos para entrar a la Unión Europea". Los requisitos para ingresar a la Unión Europea fueron aprobados en 1993 y son conocidos como Criterios de Copenhague y dictan que, en materia política, se debe contar con instituciones estables garantes de la democracia, de la vigencia del Estado de Derecho, y del respeto a los derechos humanos y protección a las minorías. En materia económica, se debe contar con una economía de mercado viable que sea capaz de soportar las presiones competitivas de la Unión Europea.

El Foro Económico Mundial, (WEF por sus siglas en inglés), publica anualmente un Índice de Competitividad. Ese instrumento nos coloca en el lugar 60 -de 133 países- y, además, demuestra un comportamiento "a la baja".

En el rubro de instituciones el índice califica diversos apartados. En protección a la propiedad, México se ubica en el lugar 86; protección de la propiedad intelectual, lugar 81; desvío de fondos públicos, lugar 100; confianza en los políticos, lugar 94; independencia del Poder Judicial, lugar 91; favoritismo en las decisiones de Gobierno, lugar 85; eficiencia del gasto público, lugar 69; eficiencia del aparato legal, lugar 94; transparencia, 75; costo en los negocios del crimen organizado o terrorismo, 91; costos en los negocios de la violencia y el crimen, 124; crimen organizado, 129; capacidad de la Policía, 124.

Por lo que ve a ciertos factores que inciden en la economía, encontramos que ocupamos el lugar 69 en infraestructura; 78 en innovación; 62 en desarrollo de negocios; 71 en avances tecnológicos; 73 en desarrollo del mercado financiero; 115 en eficiencia del mercado laboral.

En ninguno de esos factores estamos -siquiera- cerca de los países europeos. Hay dos cuestiones en las que sí estamos bien calificados: somos por el tamaño el mercado -no es requisito ni puntea para entrar a la Unión Europea- número 11 del mundo y el 28 por la estabilidad de la macroeconomía. Estas dos cualidades no están acompasadas con los demás factores que podrían hacernos competitivos ni tampoco están apoyando en esa dirección. La ficha técnica no miente: el vendedor es el que quiere engañar... y lo peor, el comprador lo sabe.

viernes, 30 de abril de 2010

En la Luna

El lunes, el Gobernador lanzaba la candidatura de Jalisco para ser la sede principal de la recientemente creada Agencia Espacial Mexicana (AEXA). El ofrecimiento parecería atractivo y el interés legítimo, pero la percepción puede cambiar si se hace un recuento de los antecedentes del proyecto.

En octubre de 2005, mientras Emilio González ya pensaba en presentar su licencia al cargo de Presidente Municipal para buscar la candidatura a Gobernador de Jalisco, en la Ciudad de México, el diputado federal por Hidalgo, Moisés Jiménez Sánchez, presentaba la iniciativa para la creación de la AEXA.

Desde entonces hay dos grandes promotores del proyecto: por un lado, el científico Fernando de la Peña Llaca, quien en 2005 ya había recibido entrenamientos en el Centro Espacial Johnson de la NASA, en Houston; por otro lado, el Gobierno de Hidalgo, que desplegó -desde hace más de cuatro años- una estrategia para que se aprobara la AEXA y se estableciera su sede principal en Tulancingo, Hidalgo.

No es accidental que el diputado que presentó la iniciativa sea hidalguense. Los legisladores federales de esa entidad han protagonizado todos los episodios clave en los que la iniciativa fue avanzando, hasta su aprobación. Cabe preguntarse ¿qué estaban haciendo nuestros diputados -jaliscienses- respecto a ese tema durante todo ese tiempo?

La estrategia hidalguense de cabildeo estuvo comandada por el Gobernador Miguel Ángel Osorio y respaldada por los legisladores locales y federales. Unos diputados terminaban su periodo y otros llegaban y... todos seguían apoyando la propuesta. No hay que pasar por alto que Osorio ganó para su entidad la Refinería Bicentenario. En la disputa, el hidalguense se impuso al Gobernador Oliva, quien gastó cientos de millones de pesos en comprar terrenos para la refinería y se quedó con ellos y con un extraño tufo que despide el megaproceso de adquisición de las tierras guanajuatenses.

Desde hace más de cuatro años los promotores de la AEXA lanzaron una campaña, cabildearon, dieron seguimiento al proceso legislativo, participaron en cientos de actividades, abrieron un portal en Internet y consiguieron lo que se plantearon. Enhorabuena. Desde entonces propusieron que la AEXA estuviera en Tulancingo, argumentando cuestiones geográficas, climatológicas y que ahí se encuentra -desde hace más de 40 años- la estación terrena de telecomunicaciones, que depende la SCT y cuyo titular ha expresado su aprobación porque ahí esté la sede principal de la AEXA.

Antes de la incursión de Emilio en el tema espacial ya se daba como un hecho que Tulancingo sería la sede, que la -eventual- base de lanzamientos y de entrenamientos submarinos estaría en Chetumal y que habría un centro de entrenamiento en Chihuahua. Se dijo que esas entidades, además de Aguascalientes, eran las que habían presentado propuestas más serias. También se da como un hecho que sea Fernando de la Peña el primer director de la AEXA.

Mientras diputados -locales y federales- y senadores hidalguenses de diversas legislaturas han impulsado la AEXA, a los jaliscienses no los hemos escuchado hablar del tema. Mientras un Secretario de Promoción Económica de Quintana Roo lleva trabajando cuatro años en el proyecto, un empleado de nuestro Secretario apenas iba a entrevistarse ayer con De la Peña.

Mientras el inminente director de la AEXA habla de entidades que han presentado las "propuestas más serias", la de Jalisco -más allá de un ofrecimiento de 100 millones de pesos- nadie la conoce.

El Gobernador quiere sustituir la idea, el esfuerzo, la propuesta y el cabildeo de los hidalguenses con el dinero de los jaliscienses y... hay cosas que no compra el dinero.

Por eso resulta extraño que de última hora surja un "invitado" a la fiesta. Al Gobernador le aflora el orgullo jalisciense y dice que la AEXA no tiene por qué irse a Nuevo León, Estado de México, Distrito Federal o Veracruz... pero esas entidades ni siquiera se habían mencionado y tampoco se habían apuntado.

Demasiado desconocimiento del tema, demasiado tarde el planteamiento, poco respeto por el esfuerzo de los promotores y poca elegancia en querer jalar la sede a golpe de chequera. En resumen: ¡en la Luna!

viernes, 23 de abril de 2010

Las mangas del chaleco

Desde el miércoles, los policías viales de Jalisco cambiaron su apariencia. La Secretaría de Vialidad -ocurrentemente- sustituyó el color naranja de los chalecos por un peligroso tono azul. Lo que podría llamar la atención a simple vista es la similitud con los colores del PAN, situación que desestimó el Secretario de Vialidad del Gobierno del Estado.

El funcionario explicó que los nuevos chalecos muestran el teléfono (01-800-HONESTO) y que el cambio forma parte del programa "Jugando Limpio" de la Contraloría del Estado. Se supone el teléfono permitiría denunciar actos de corrupción.

No se entiende la necesidad de cambiar el color para poner el número "antitransas". Lo peor es que si usted marca el número telefónico se escucha una grabación: "El acceso al número que usted marcó, está restringido". Lo que sí queda claro, es que esta acción está hecha sobre las rodillas y a las carreras.

Por principio de cuentas, acudamos a la lógica y al sentido común ¿Por qué los chalecos eran de color naranja? La razón fue la seguridad de los agentes de tránsito, por eso se eligió un color de los que se conocen como "de Alta Visibilidad" (AV). Cuando se tomó esta lógica decisión aún no existían normas al respecto.

Actualmente ya existen normas en Europa y desde el 2006 en México, que determinan las características de la ropa AV: su clasificación, características y métodos de prueba. En Europa es la norma EN 471, en España es la NTP 718 y en México es la NMX-S-061-SCFI-2006. Estas normas definen las prendas de Alta Visibilidad: sirven como primera línea de defensa para proteger de un atropellamiento; permiten ser visto de día y de noche y pueden suponer, en un momento dado, la diferencia entre la vida y la muerte. El color -contrario a lo que "piensan" en la Secretaría de Vialidad- sí importa.

Hacer los chalecos azules es una decisión que demuestra ignorancia e irresponsabilidad: no se basa en lo racional, en la lógica, tampoco atiende las normas establecidas y pone en riesgo la seguridad de los trabajadores. Pareciera más importante el gusto o capricho colorimétrico -del Secretario de Vialidad o de alguien cercano a él- que la integridad de los policías viales. ¿Esa es la seriedad y consistencia que fundamentan las decisiones de la autoridad?

La norma indica que las prendas AV deben ser de colores fluorescentes, porque tienen las propiedades necesarias para aumentar la visibilidad diurna: devuelven una luz más brillante de la que fue absorbida. Por eso estos colores son más brillantes y ofrecen un buen contraste con el ambiente urbano. El colorcito "azul-peligro" -quizás escogido por un daltónico- no reúne estas necesarias características.

Existen tres colores posibles para las prendas AV: amarillo, rojo y rojo-anaranjado. Este último es el color de los chalecos que ya desecharon. Ojo: el azul no es un color posible para las prendas AV. Habrá que ver si Monraz también le resta importancia a estos argumentos. ¿No hay alguien en esa Secretaría que conozca estas cuestiones elementales?

Los chalecos azules tendrán que cambiarse por otros que sí cumplan la norma y contribuyan a proteger la integridad de los agentes. Probablemente haya resistencia (necedad y soberbia) de las autoridades a meter reversa. Entre más tiempo tarden en dar marcha atrás, será peor.

Este tema provoca dudas y el "azul-peligro" podría ponerse color hormiga. La autoridad debe aclarar cuánto invirtió en la compra; si hubo licitación o adjudicación directa; y ¿por qué acudió a un proveedor patito? En el caso remoto de haber acudido a una empresa profesional, ¿por qué escogió un color distinto a los del catálogo especializado y se desestimó lo que -por fuerza- le sugirió la parte vendedora?

La compra de estas prendas deja al descubierto los elementos con los que la autoridad toma decisiones: ignorancia, ligereza, actitud caprichosa, discrecionalidad e irresponsabilidad.

Además, la compra -para lanzar un programa anticorrupción- despide un extraño tufillo. No todo está perdido, el dinero gastado no necesariamente se fue a la basura: todavía nos sirve para comprar todas las mangas de chaleco que necesitemos.


rogelio_campos@yahoo.com