viernes, 23 de octubre de 2009
Amiguismo y compadrazgo
Con el tiempo, vino a mi rescate Gary Becker. El Premio Nobel de Economía 1992, expresó en 2006 que "en algunos países de América Latina comienza a consolidarse un capitalismo de compadres, por el cual sectores privilegiados consiguen favores del gobierno". El autor de "Economía de la Discriminación", "El Capital Humano" y "Tratado sobre la Familia" señalaba con énfasis los sectores televisivo y de comunicaciones en el caso de México.
En el mismo año, Douglas North, Premio Nobel de Economía 1993 y catedrático de la Universidad de Seattle, alertaba sobre "el asalto de grupos de intereses que se supieron aprovechar del Estado en su propio beneficio y se protegen de la competencia cerrando las economías".
El pasado lunes, James J. Heckman, Premio Nobel de Economía 2000 y catedrático de la Universidad de Chicago, dijo -en nuestro país- que "el capitalismo de amigos frena la competitividad". Criticó que "los programas sociales se han dirigido de manera muy pobre" y puso énfasis en la "creciente desigualdad social en México". Comentó que nuestro país "tiene una cultura política y económica de capitalismo de amigos, que ha propiciado la creación de monopolios que le resta competitividad".
Heckman dijo que los monopolios elevan los costos y retardan el crecimiento. Fue más allá, al establecer que México ha construido en su cultura política un temor, incluso aborreciendo estímulos y mercados, y que ha levantado un edificio legal y cultural que restringe su capacidad de adaptación a la nueva economía.
A Heckman ya se le había adelantado el periodista argentino Claudio Aliscioni, quien escribió en junio de 2006 para El Clarín "Monopolios, oligopolios y 'capitalismo de amigos' en la economía mexicana". Aliscioni destaca que, por años, en México hubo una presencia absoluta del Estado en todos los negocios y que se transformó -tras las privatizaciones- en un reino de firmas sin competencia y con ayuda estatal.
El concepto de Estado regulador fue superado por el capitalismo de mercado y éste a su vez por el capitalismo avanzado que plantea -entre otros- el alemán Peter Häberle. El capitalismo avanzado es el que han adoptado los países que registran el mayor desarrollo en todos los aspectos sociales: Suecia, Dinamarca, Noruega, etcétera. Si bien abandonamos el modelo de Estado regulador, no fue para abrazar el capitalismo de mercado, mucho menos el capitalismo avanzado. Torcimos el camino y optamos por un frankenstein: el capitalismo de amigos o de compadres.
Ese ámbito económico actual -el nuestro- propicia que paguemos tarifas más caras que las que se cobran en países desarrollados. También explica el lugar 60 que tenemos en competitividad y es la causa del enorme grado de desigualdad entre los mexicanos más pobres y los más ricos. Aporta lógica a la existencia de altas tasas de interés que aniquilan las bondades que generaría una baja inflación. Permite comprender el bajo porcentaje de penetración crediticia -oferta de créditos- y de recaudación tributaria con relación al PIB.
Si en el aspecto económico hemos torcido el camino, hicimos lo mismo con el modelo político. Abandonamos el régimen de partido dominante -casi al mismo tiempo que al Estado regulador- pero no fue para entrar al régimen democrático prometido, sino para acceder a una democracia -también- de amigos y de compadres.
Las leyes democráticas sí aplican: coaliciones, mayorías y negociación, pero sólo entre ellos y en un ámbito muy reducido, en el que solamente están en juego sus intereses. No en balde es su capitalismo y su democracia.
rogelio_campos@yahoo.com
viernes, 16 de octubre de 2009
Cobros indebidos
Esta semana el Gobierno del Estado anunció su intención de renovar las placas vehiculares. La renovación sería voluntaria para la mayoría de los vehículos particulares, y obligatoria para los vehículos de servicio público. Coexistirán dos tipos de placas, con la confusión que esto genera, pero el punto que se debe discutir es el costo de este tipo de servicios que presta el Gobierno.
Actualmente las placas tienen un costo para el ciudadano de 790 pesos, y se anunció que las nuevas costarán menos de mil. Hay una distancia considerable entre este costo y el que el Gobierno paga por las láminas -160 pesos aproximadamente-. Los pagos por la dotación, canje y refrendo de placas son del tipo de contribuciones que se tipifican como "derechos"; así lo establecen la Ley de Hacienda y la Ley de Ingresos de Jalisco.
La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha resuelto reiteradamente -con el carácter de tesis relevantes- que el pago de derechos no es proporcional ni equitativo cuando no guarda relación con el costo de revalidación que presta la autoridad, pues el derecho se estaría cuantificando en términos de un elemento extraño al servicio prestado.
Es obvio que la mayoría de los Gobiernos locales no cumplen con el precepto legal. Existe un afán recaudatorio en los servicios que prestan. Si hay muchos ciudadanos con vehículo, entonces ven una fuente fácil de recaudación.
También el Gobierno federal incurre en estas prácticas. Un caso ilustrativo lo encontramos en el costo del pasaporte. Si lo queremos por seis años debemos pagar mil 170 pesos, mientras que los españoles pagan poco menos de 400 pesos por uno de cinco años. En España, al llegar a los 30 años, el pasaporte es por 10 años y el costo es el mismo: 20 euros.
Resulta lógico pensar que los sueldos de la burocracia operativa española son más altos que los de sus homólogos mexicanos y paradójicamente el servicio es mucho menos caro. La diferencia radica en el respeto a la doctrina de "los derechos". Ven en el cobro de este tipo de contribuciones el pago de un servicio que presta el Estado a sus ciudadanos y no un afán recaudatorio.
La lista podría seguir: actas de nacimiento, de matrimonio, defunción, etcétera. Son trámites que los ciudadanos tendrán que hacer en uno u otro momento y es ahí cuando el Estado mexicano -todas sus autoridades- afilan el cuchillo.
La historia de las placas ya la habíamos visto en Jalisco. En 2001 la autoridad declaró que cada juego de placas costó 116 pesos, mientras que al ciudadano le costaron 600. La autoridad reconoció su afán recaudatorio y mostró su ignorancia: "Necesita Gobierno dinero; cobrará más caras las placas", tituló MURAL (17/12/01). Según la nota, el Secretario de Finanzas, Ignacio Novoa López, dijo: "Tenemos la necesidad de obtener recursos, entre menos recursos tengamos para ir dando soluciones a las necesidades urgentes (tendríamos) que recurrir a deuda y queremos lo menos (posible) endeudar al Estado". Lo extraño de esta situación es que durante el Gobierno de Francisco Ramírez Acuña la deuda pública aumentó 49.66 por ciento en términos absolutos.
El patrón de endeudamiento se ha incrementado exponencialmente en el actual sexenio. Si se aprueba la deuda planteada por el Gobernador para 2010, se habrá incrementado en casi 11 mil millones de pesos. Los tres Gobiernos anteriores -juntos- no llegaron a 9 mil. Además, para 2009 el Gobierno del Estado recibió 9 mil millones extras a lo presupuestado, y en lo que va del sexenio estos excedentes ascenderían a 20 mil millones... que, por cierto, se habrían ejercido con total discrecionalidad, porque ni los diputados saben el destino de esas enormes cantidades. Y en este tema los transparentólogos de la comarca se hacen ojo de hormiga.
En 2007 se pretendió renovar las placas con un cobro estratosférico y se dijo que lo recaudado sería invertido en proyectos estratégicos. En 2001 se salieron con la suya -cobrar- y no cumplieron la promesa de no endeudar. En 2007 no pudieron aplicar el "placazo", pero nos enteramos que sí han tenido excedentes... lo que no vemos son los proyectos estratégicos prometidos. Pero con deuda o sin deuda, con proyectos hechos realidad o puras palabras, lo que permanece son los cobros indebidos.
viernes, 9 de octubre de 2009
Impuestos de risa
En estos momentos se discute una microrreforma fiscal para nuestro país. La propuesta más discutida es la de cobrar un impuesto del 2 por ciento para la pobreza. Al parecer, no solamente tenemos pobreza económica en nuestro país; también hay una pobreza de ideas que nos tiene estancados en varios índices que califican la marcha de las naciones y que no generan propuestas -de verdad- para revertir esa inercia.
Resulta por demás revelador el estudio de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) titulado "La tributación directa en América Latina y los desafíos a la imposición sobre la Renta". México recaudaba en 1980 el 11.9 por ciento del PIB, y para 2005 tuvo una variación mínima: 11.8 por ciento.
En estos datos encontramos la explicación a nuestro estancamiento, a la no generación de empleos y a que el Foro Económico Mundial nos ubique -en 2009- en el lugar 60 de competitividad.
En el periodo estudiado, 1980-2005, Brasil incrementó su recaudación del 22.7 al 33.4 por ciento. Ahí está la razón del crecimiento brasileño. El incremento en la recaudación brasileña ha sido un pistón que les permitirá organizar -por primera vez en América del Sur- unos Juegos Olímpicos e insertarse en las cinco nuevas potencias económicas del Siglo 21 -en las que no se encuentra México-.
Argentina, en ese mismo periodo, aumentó su recaudación del 19 al 27 por ciento. Uruguay pasó del 20 al 26. Prácticamente todos los países de la región aumentaron el porcentaje de lo recaudado y, de 19 países estudiados, solamente Haití recaudaba, en 2005, menos que nosotros.
En cuatro años las cosas no han cambiado. En 2009, México sigue figurando -según la Cepal- entre los cinco países latinoamericanos con menores ingresos fiscales en relación a su PIB, con apenas un 12 por ciento. Estamos en el lugar 14, muy lejos de los primeros 13: Brasil (39 por ciento), Bolivia y Argentina (32 por ciento), Colombia (31 por ciento), Venezuela (29 por ciento), Chile (27 por ciento), Costa Rica, Nicaragua y Uruguay (26 por ciento), Panamá (24 por ciento), Ecuador (23 por ciento), Perú y Honduras (21 por ciento).
Estamos en el club de los sotaneros con Guatemala, El Salvador (al que seguro le ganaremos el sábado en el Azteca), República Dominicana y Paraguay.El promedio de la recaudación en la región es del 18 por ciento, mientras que en la Unión Americana es del 28, y en la Unión Europea casi alcanza el 40 por ciento.
Por eso es importante que el Gobierno nos diga en qué medida va a repercutir el famoso impuesto para la pobreza. ¿A qué porcentaje de recaudación vamos a llegar con el pretendido cobro? Algunos expertos pronostican que lo aumentaría en 2 por ciento, esto es, llegaríamos al 14... todavía muy lejos del -ya de por sí pobre- promedio regional. No necesitamos dos puntos porcentuales más, necesitamos 20 para llegar al 32 por ciento y ponernos al nivel de los líderes de la región.
El estudio del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que nos ubica en el lugar 53 del Índice de Desarrollo Humano también refiere que somos líderes en desigualdad. De los 38 países con desarrollo humano muy alto, todos tienen menores niveles de desigualdad que México. En el grupo en que nos encontramos -desarrollo humano alto- 22 países tienen menor desigualdad.
Urge lograr una recaudación que revierta la caída en tobogán de México; recaudar más, que no es lo mismo que cobrar más impuestos. Se trata de recaudar -cobrar- a los que llevan décadas sin hacerlo.
La mentira repetida mil veces se ha convertido en la verdad que sostiene que es la economía informal la causante de la baja recaudación, e inmediatamente se visualiza la informalidad con los tianguistas y con agentes económicos menores. Pero es muy extraño que Brasil tenga un porcentaje mayor (60 por ciento) al de México (55 por ciento) de informalidad y su recaudación sea poco más de tres veces mayor a la de nosotros.
Si somos líderes en desigualdad y hasta tenemos que inventar un impuesto para la pobreza, es señal de que la riqueza está concentrada en pocas manos... ahí están, no dos puntos, dos decenas de puntos porcentuales que durante décadas no se han cobrado.