viernes, 5 de junio de 2009

Tiempos de guerra

Estamos en guerra: con todas sus letras y de manera reiterada lo ha dicho el Presidente de la República. Las guerras -está comprobado- suben la popularidad de los Presidentes. Bush -que llegó cuestionado en el 2000- alcanzó después del 11 de septiembre niveles de popularidad nunca vistos. Este factor -descarto el económico- explicaría en gran medida la aceptación que tiene Calderón entre los ciudadanos, según las encuestas -incluidas las de este mes- realizadas por Mitofsky y por Grupo Reforma.

La guerra que vivimos es diferente a una convencional. No es contra otra nación, es -se ha dicho- contra el crimen. Es una guerra -con todo y estado de excepción- sin declaración formal ni legal. Es una guerra que se libra toda en territorio propio. En esta guerra no hay un enemigo visible; luchamos contra algo más bien difuso. Tampoco tenemos objetivos concretos o que puedan ser medidos.

Como en toda guerra, hay enemigos, aliados y traidores. El enemigo es la delincuencia organizada, no hay duda. El problema surge en la identificación de los aliados -de ambos bandos- y los traidores. El problema se vuelve mayúsculo cuando en plena guerra hay elecciones. Todavía más grave: cuando no se decreta -como en toda guerra- una tregua que en este caso ponga a salvo la renovación democrática de autoridades.

Lo anterior todavía se vuelve más álgido cuando el comandante supremo de las Fuerzas Armadas guarda silencio frente a las expresiones de uno de sus principales aliados: el PAN. El que calla otorga y el comandante ha callado frente a las imputaciones de sus aliados, que ven en los demás partidos aliados del crimen. Si las aseveraciones son ciertas, la única forma de apoyar al Presidente es votando por su partido. Si no se toma ese partido estaríamos dejando a México en manos del crimen: nos convertiríamos en aliados del enemigo. En ese sentido, la guerra que se libra pasa por el aniquilamiento de los demás partidos; bien vendría repensar la posibilidad -totalitaria- y transitar a un régimen de partido único, por supuesto del único que garantiza salvar a México de manos siniestras.

Además de otorgar, se ha expresado desde el cuartel general la sospecha de que los órdenes de gobierno local y municipal son traidores a la causa. Como las estrategias bélicas exigen secrecía, no podemos saber cuáles estados o municipios se ubican en este supuesto: únicamente lo sabe el alto mando. Si las sospechas son fundadas, el fantasma del totalitarismo también recorre el régimen federal. En ese sentido, valdría la pena pensar en la posibilidad de eliminar el sistema federal y volver a uno central, en el que la alta dirigencia designe delegados de toda su confianza. En esta guerra, la democracia y el régimen federal empiezan a estorbar.

El ejemplo cunde y en los estados se replican las mismas conductas. Los candidatos del "partido de los buenos" tienen dudas sobre sus adversarios políticos. Ven moros con tranchete y perciben en el adversario político el riesgo de que tenga nexos con el enemigo. El discurso es de campaña -pero no política- de guerra. No se discuten plataformas políticas ni proyectos de ciudad; el reto es salvar a la ciudadanía de caer en manos de aliados de los enemigos. Peor aún, el adversario con su actitud silente otorga validez a los dichos en su contra.

Todo puede esperar. Ya habrá tiempo para atender el asunto de la economía. La reforma política que esperan los "anulistas" podrá esperar. ¿Cuánto tiempo? Lo que dure la guerra: "muchas vidas, muchos recursos y mucho tiempo" según se ha dicho. Después vemos esa minucia de que seamos uno de los peores países para ejercer el periodismo. Sí, somos campeones en número de periodistas muertos, pero en cualquier guerra hay daños colaterales. Y vaya que la guerra está gruesa, no por nada disputamos el liderazgo -en riesgo para periodistas- con Irak y Afganistán. ¡Vaya pretensión la que enarbolan los que exigen el cumplimiento de la Constitución o el respeto a los derechos humanos en un escenario como el que -se plantea- vivimos!

Nadie en su sano juicio quiere que México pierda la guerra. La única forma, según el discurso totalitarista, de no rendir la plaza es votando por el partido que se ufana de ser -entre todos los actores sociales- el principal aliado del Comandante Supremo. Lo anterior supone que no hay opción, y al no haber opción no hay libertad que es la facultad de obrar de una manera o de otra, o de no hacerlo. Aquí no hay más que de una sopa, y las otras significan apoyar a los aliados de los enemigos. La guerra produce miedo para cualquier persona normal. La democracia supone elecciones libres, y cuando las personas actúan con miedo -perturbados angustiosamente en su ánimo por un riesgo o daño real o imaginario- no actúan con libertad.

En la guerra todo se vale. Estamos en guerra, no hay que olvidarlo. Así son las elecciones en estos tiempos.

rogelio_campos@yahoo.com

viernes, 29 de mayo de 2009

Siga valiente

Una taza de café por un lado, al frente el periódico... de pronto, una pequeña inserción (diez por cinco centímetros) con la leyenda "... siga valiente señor Presidente". No reconozco el nombre de la firmante, al parecer se trata -dice- de una "asistente ejecutiva". Tampoco conozco a la responsable de la publicación, y el hecho de que sólo aporte la inicial de su segundo apellido no ayuda mucho que digamos. En principio, me imagino que el mensaje se refiere al Presidente de la República, pero no descarto que sea una campaña publicitaria que pretende generar expectación.

Doy vuelta a la página y... otra inserción con el mismo texto, la misma tipografía, el mismo tamaño, la misma responsable de la publicación. Esta vez sí reconozco el nombre de la firmante: Janet Arceo, conductora de televisión. Varias más en los mismos términos, firmadas por: un "mensajero", una "comunicadora", una mujer que también ha firmado cuestiones relacionadas con documentos del Episcopado.

Por un momento pensé que las inserciones eran espontáneas. La idea se fue desvaneciendo conforme observé que la considerable cantidad de publicaciones tenían la misma tipografía y tamaño, y que el nombre de la responsable era el mismo en todas.

Si bien la emoción de pensar que eran espontáneas se diluyó con cierta rapidez, conservé la ilusión de que esos ciudadanos que admiran la valentía del Presidente se habían organizado para pagar de su dinerito su publicación. Total, no tendría nada de malo que fueran iguales, habrían logrado el efecto de una campaña novedosa.

Por un momento pensé que una epidemia de valentía había sustituido a la de influenza. Un presidente reconocido por ser valiente y alentado para que siga siéndolo. Imaginé ciudadanos valientes en manifestar ese apoyo y generosos por gastar su dinero, en hacerlo.

Pero todo eso se vino abajo cuando escuché las palabras de uno de los firmantes: Erick Del Castillo, Actor. Èl y su hija Kate han apoyado campañas panistas. Del Castillo fue postulado como candidato del PAN a jefe delegacional de Tlalpan.

En la tercera emisión de Hoy por Hoy -de W Radio- el propio Del Castillo aceptó que él firmó el documento. Dijo que "un amigo" le animó para firmarlo, pero no quiso decir quién es su amigo, que no podía decir de quién se trataba. Abundó en el sentido de que no sabe el origen de la organización, pero sí aseguró que el Gobierno no está detrás. También dijo que son momentos en los que "hay que dar color", y lo más importante: aceptó que él NO pagó el anuncio. La entrevista se puede escuchar en www.wradio.com.mx/oir.aspx?id=819095.

Debo reconocer que las declaraciones de Erick me desilusionaron. "No puedo decir de quién se trata, no quiero meterme en problemas" habría dicho Del Castillo. Salió peor la forma novedosa de manifestar apoyos. Por lo menos en los desplegados suele haber una o varias organizaciones o membretes. Las organizaciones tienen un historial que permite ubicarlas en el mapa político, ideológico, de financiamiento, etcétera. Entiendo que aquí se pretendía mandar el mensaje de que son los ciudadanos en lo particular quienes de manera coincidental fueron iluminados por la misma idea al mismo tiempo.

Las palabras de Del Castillo revelan un grupo de ciudadanos "animados" -según sus palabras- por alguien cuya identidad les da temor o vergüenza revelar. Los ciudadanos que admiran la valentía de su Presidente no la tienen para decir quén pompó las inserciones. Y yo que estaba a punto de hacerme fan de esos ciudadanos que apoyan públicamente a su Presidente. Al aceptar Del Castillo que él no pagó la publicación, las cosas empiezan a despedir un tufo muy desagradable.

Es importante saber quién está pagando esta campaña de apoyo al Presidente. Sobre todo para disipar las dudas que tienen los malpensados que ven una sincronización en el discurso de la campaña panista y estas "novedosas" inserciones. En el discurso de la campaña panista el Presidente está enfrentando al crimen, y la forma de apoyarlo es votar por el PAN, pues de no hacerlo se deja al país en manos del crimen.

Siga valiente, señor Presidente, y diga que no solamente votando por el PAN se le puede apoyar a usted, que la pluralidad no significa riesgo. Siga valiente e impónganse al discurso mañoso de su amigo Germán que les dice a los ciudadanos que el mejor aliado que usted ha tenido -después de Elba Esther- es el mismo partido que según Martínez tiene nexos con el narco. Siga valiente señor Presidente y como Jefe de Estado garantícele a la sociedad que con o sin mayoría usted seguirá combatiendo al crimen. Siga valiente y dígale a la sociedad quién sí lo apoya y quién no. Siga valiente... y pídale a sus fans que transparenten el origen del financiamiento de la campaña en su apoyo y de paso dígales que si la van a continuar, sea menos insulsa... de pérdida que le pongan: "Sí se puede, sí se puede".

rogelio_campos@yahoo.com

viernes, 15 de mayo de 2009

Héroe

No todos los días se encuentra un varón ilustre y famoso por sus hazañas y virtudes: un héroe. La improbabilidad de dar con héroes solamente es superada por la necesidad de imaginarlos. Dejamos de ser niños, pero la necesidad de los héroes no abandona nuestra imaginación.

Con el paso de los años aparecen personajes con distintas características a las que tenían los que nos acompañaron en la niñez: los antihéroes. Un antihéroe es un personaje destacado o protagonista de una obra de ficción cuyas características y comportamientos no corresponden a los del héroe tradicional: James Bond, Batman o recientemente Hancock. Los antihéroes no son del todo pulcros en sus métodos, son más mundanos o su figura dista mucho de ser la de un Adonis... pero los fines que persiguen ambos -héroes y antihéroes- son nobles y elevados y son reconocidos por sus hazañas.

No importa la condición social, la edad, raza o religión, todos reservamos una parte de nuestro tiempo para satisfacer la necesidad de heroísmo. Hay otros más afortunados... no necesitan ir al cine para encontrarse con alguien que, a sus ojos, es ilustre y famoso por sus hazañas y virtudes.

A pesar de la dificultad para encontrarlos, hoy tenemos la semblanza de uno. Empezaremos por sus hazañas. La mayoría se desarrollan en la primera parte de su existencia como héroe. Pero estas obras tienen secuelas, y actualmente tiene lugar la del personaje que nos ocupa.

Siendo director de los Servicios Médicos Municipales fue acusado ante la Comisión de Derechos Humanos por falta de insumos médicos y material para trabajar. Se le acusó de hostigamiento y amenazas. Como en "Duro de Matar", ni a calor le llegó. Su jefe lo defendió diciendo que "ese cab... es un malhablado... es parte de su vocabulario y no nos asustamos por eso". Estamos frente a un antihéroe. Ni duda: es malhablado. Su jefe también dijo estar satisfecho con su manera de trabajar y que veía la posibilidad de entregarle un reconocimiento por su buena labor: tiene virtudes.

Sobrevivió al regaño que le propinaron los regidores. Lo acusaban de majadero y de atentar contra la dignidad de las personas. Nada distinto a lo que tienen que soportar los antihéroes. Tienen que lidiar con aquellos que critican sus procedimientos y, en ocasiones, soportar el descontento público o de sus superiores. Ahí están los casos de Hancock, Batman o James Bond.Sobrevivió a la investigación que realizó la Sindicatura de Guadalajara. Se le acusaba de organizar una "coperacha" entre los proveedores para la posada de sus trabajadores. Hizo oficios pidiendo tequila, refrescos, hieleras, hielos, vasos desechables, karaoke y teléfonos celulares para rifarlos en una fiesta para 850 empleados. No pasó de un sofocón. También sobrevivió a la investigación del PAN Guadalajara.

Debido a sus malos modales -propios de un antihéroe- la Comisión de Derechos Humanos solicitó medidas cautelares para evitar que hostigara laboralmente a una empleada. Otro raspón que en nada se parece a la paliza que sufre Daniel Craig en "Casino Royale". Al igual que el antihéroe representado por Craig, se recuperó. Salió airoso de la acusación de cobrar medicamentos en los consultorios populares del Ayuntamiento de Guadalajara.

Una verdaderamente épica es la que protagonizó contra el Consejo de Transparencia y Ética Pública. Los integrantes acordaron pedir su separación por obligar a sus subordinados a mentir. El acuerdo fue por unanimidad. Se le acusó de plantearle a una servidora el arreglo de su problema "si se tomaba un café con él fuera del trabajo". Así como "portero sin suerte no es portero", "héroe sin suerte no es héroe". La notificación del consejo al jefe del héroe habría tardado -por lo menos- dos meses en llevarse a cabo... y si es que ocurrió, ya no pasó nada, porque él se fue a otra aventura con su jefe (la candidatura por la Gubernatura).

Un antihéroe es un personaje destacado o protagonista de una obra de ficción cuyas características y comportamientos no corresponden a los del héroe tradicional. Ya vimos que su comportamiento no es el de un héroe tradicional. El jefe de nuestro personaje ha dicho que "no es la imagen del médico bonito. Es sumamente oscuro en su piel, es de complexión más bien baja, digamos que hasta se pasa de robusto. No es de los médicos que aparecen en Dr. House". Ahí está la prueba de que a los ojos de su jefe no es un héroe tradicional. "Pero [...] es un médico eficiente. Por eso no me dejo llevar por la percepción sino por los resultados [...]". La pinza se cierra: los héroes -y antihéroes- son admirados por sus hazañas y virtudes.

El jefe de nuestro personaje se ha desvivido en ponderar lo que a sus ojos es virtud. Al mismo tiempo, contempla sus hazañas. No es cosa de todos los días encontrarse con un héroe... hay suertudos que los tienen por amigos.

rogelio_campos@yahoo.com