sábado, 24 de enero de 2009

Pequeñas diferencias

El ceremonial y los festejos que tuvieron lugar el pasado martes con motivo de la toma de posesión de Barack Obama nos permitieron apreciar con gran facilidad la realidad de nuestro país y contrastarla con la Unión Americana. No son pocas y sí profundas las diferencias que dan sustento a los símbolos que enmarcaron el primer día de un nuevo Presidente. Todo ceremonial encierra y a la vez refleja cuestiones históricas, culturales y sociológicas.

La posibilidad de compararnos existe desde antes de la transmisión televisiva. Abundan los estudios e índices que evalúan diversos aspectos de los países. Los estudiosos se toman la molestia de ordenar los países de acuerdo con los resultados que arrojan las variables que analizan, y nos presentan un ranking por cada estudio. Están a disposición de todos en Internet.

Pero más que un país de lectores, somos netamente televisivos. Esa es la causa de conformarnos con la verdad oficial que nos dice que vamos bien. No importa si en las comparaciones estamos, cuando mucho, a media tabla. Tampoco importa si en esas tablas de posiciones vemos de un año a otro que otros equipos -países- nos alcanzan o nos rebasan.

Pero el hecho de ser televisivos, aunado a la Obamanía mundial, nos ha permitido observar lo que pasa en un día de toma de posesión allá y contrastarlo con lo que pasa aquí. Las similitudes las conocemos: tenemos un régimen presidencial, que fue diseñado por primera vez en la Unión Americana en la Constitución de 1787; tenemos un sistema federal (mucho más formal que real) que copiamos del vecino país del Norte; vamos, hasta se ha tratado de justificar que existan campañas negras, porque allá existen. Pero es momento de analizar algunas pequeñas, pero profundas diferencias.

El pasado martes, como dicta la tradición, la ceremonia fue a las afueras de la sede del Legislativo y la muchedumbre se apostó en un espacio público. El Presidente frente a un muy vivo y representativo uno por ciento de la población total de su país. Se conocía el recorrido -triunfal y espectacular- de la Casa Blanca al Capitolio.

En México, la tradición dicta un lugar cerrado, en el que solamente tienen cupo los legisladores, Gobernadores, invitados especiales, la cúpula dirigente del país. Ni hablar de la última toma de posesión, en la que las calles estaban tomadas por la fuerza pública, y por tanto desoladas, y en la que no se conocía el recorrido del Presidente, con entrada subrepticia y aparición repentina. La política se puede entender como algo abierto o algo cerrado, vigoroso o desolado; algo que se comparte con el pueblo o solamente con las cúpulas.

La ceremonia se inauguró con la música soul de Aretha Franklin, el violinista Itzhak Perlman, la pianista venezolana Gabriela Montero y el chelista Yo-Yo Ma. Expresión artística con una amplia presencia. Además, la fineza de reflejar la realidad plural de la Unión. La pluralidad en México más bien resulta molesta. La tolerancia, no obstante ser un valor de la democracia, se encuentra ausente. Aquí resulta impensable la posibilidad de que convivan en un acto política y arte. Resulta paradójico, porque durante años hemos presumido nuestra cultura milenaria y hasta nos hemos dado el lujo de decir que los Estados Unidos carecen de ella. Vivir del pasado, renunciar al presente.

Mientras en Estados Unidos se jura sobre la Biblia, aquí desterramos hasta la palabra jurar y la sustituimos por "protestar". Pero en los hechos el resultado es inversamente proporcional al ritual, somos un país más confesional que la Unión Americana.

Ni pensar en contar con un vicepresidente, como lo tienen los que inventaron el presidencialismo. La desconfianza, la sombra de la posible traición se posan en nuestra psique política.

Obama pronunció un breve discurso. Ni hablemos de la reacción de la muchedumbre, que en esta ocasión sin duda fue más entusiasta que en muchas otras. Aquí los discursos son tan largos como tediosos y apenas logran arrancar contados aplausos de la clase VIP.

El martes, Obama asistió a una docena de ceremonias. Almuerzos y bailes con grupos representativos: militares, vecinos de Washington, jóvenes de Chicago, etcétera. Aquí el festejo es en petit comité. Para qué hacer tantos bailes si aquí se arregla todo con un festejo de cúpulas: del partido, empresarial, clerical, sindical.

Al día siguiente del juramento, Obama volvió a jurar debido a que el Presidente de la Corte se equivocó en el fraseo que -según el ritual- debe repetir el Presidente electo. Cabe mencionar que el error no fue de Obama, quien visiblemente se percata del error. En 2000, durante la toma de protesta, Fox deliberadamente alteró el texto constitucional que debía pronunciar. Aquí se perdonó la falta, pasó por alto. Total, qué tanto es tantito, mucho menos tratándose de la Constitución.

Las diferencias que apreciamos reflejan prejuicios profundos respecto a la política. Tenemos una subcultura de la democracia que se caracteriza por la falta de generosidad, la desconfianza y la simulación, y por una visión excluyente y discriminatoria. La política es algo que padecemos, externo, ajeno.

La Unión Americana no es -por mucho- a pesar de que así nos la presenten algunos, un país exento de los defectos de la política y del modelo democrático al que se aspira, pero sí es la cuna de figuras que hemos copiado: presidencialismo, sistema democrático moderno y federalismo. A la copia le siguen haciendo falta cuestiones medulares para parecerse al original, o por lo menos para funcionar o ya de perdida, para entusiasmar.

rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 17 de enero de 2009

Tiempos violentos

El Índice Mundial de Paz es un análisis elaborado por Vision of Humanity con base en el estudio de 140 países. Se puede consultar en www.visionofhumanity.org. El estudio del 2007 ubicaba a nuestro País en el lugar 79 y para 2008 descendió 14 posiciones, situándose en el sitio 93. Otro indicador que nos reprueba. México se encuentra por debajo de El Salvador, Camerún, Brasil, Ucrania, Perú, Bolivia, Egipto y Nicaragua, entre otros países.

Allí se consideran varios aspectos, que van desde los gastos en el sector militar, respeto de los derechos humanos, número de policías, incidencia de homicidios, número de personas encarceladas, niveles de acceso a las armas, etcétera. El indicador revisa, por tanto, factores externos e internos, pues también incorpora la situación dentro de cada nación. Asimismo, se toman en cuenta factores que influyen directamente en generar la paz, como los niveles de democracia y transparencia, educación y bienestar social.

Vivimos en una sociedad que con lujo de hipocresía justifica la violencia institucionalizada y al mismo tiempo se espanta de la violencia criminal. Independientemente de la violencia que se refleja en los crímenes que se contabilizan en el País (más de 500 por mes), tenemos manifestaciones de violencia con rostro de guerrilla, prostitución infantil, maltrato intrafamiliar, explotación laboral, tortura, violación a los derechos humanos, o la relacionada con muertes por accidentes de tránsito.

La sociedad mexicana, al tiempo que condena la violencia de nota roja, encuentra múltiples excusas para justificarla en otros ámbitos. Un ejemplo lo encontramos en las declaraciones del clero, esta semana. Si las mujeres usan ropa "provocativa" se exponen a ser violadas. Vaya confesión de los apetitos incontenibles de una sociedad que se llama católica. Habría que ver la cantidad de violaciones que se dan en las playas nudistas que existen en países con un mayor desarrollo que el nuestro. También habrá que ver la explicación de que los niños sufran la misma suerte; nada más falta que nos digan que es porque se visten de manera provocativa.

La violencia la encontramos en todos los ámbitos de nuestra vida diaria. En las elecciones municipales, el partido ganador tiene asegurada la mayoría. Se supone que es para asegurar la gobernabilidad. Suena bien en el modelo. En los hechos, se convierte en un esquema que permite a la mayoría atropellar a las minorías. No importa la pertinencia, tampoco la razón. Se convierte en un asunto de aritmética.

Otro ejemplo lo tenemos en "las campañas negativas", que no pocos intelectuales justifican, con el pretexto de contrastar a los candidatos que se presentan a la contienda, a propósito de los tiempos electorales que se avecinan. Acuden al caso de Estados Unidos, donde sucede lo mismo, olvidándose que el país del norte tampoco sale bien librado en la calificación que otorga Vision of Humanity (lugar 97).

"Bowling for Columbine" (Masacre en Columbine), documental de Michael Moore, explora las causas de la violencia de la sociedad norteamericana. Durante la cinta, Moore contrasta las cifras de violencia en ese país con las de otros países desarrollados. El resultado es muy desfavorable para el suyo. El Índice de Paz, elaborado cinco años después del documental, confirma la teoría de Moore. Los países con mayor desarrollo en los índices modernos, competitividad, desarrollo social, ingreso per cápita, son los más pacíficos.

La violencia genera violencia. Es el caso de las sonadas declaraciones de encumbrados funcionarios, cuyo cargo es producto de una elección, y que demuestran un profundo desprecio hacia los valores democráticos de respeto a las minorías, y que además se dan el lujo de ofender de manera estruendosa y descarada a quienes no están de acuerdo con su estilo personal de gobernar.Es el caso de los altos jerarcas católicos que ofenden y desprecian a los reporteros con lujo de prepotencia.

Es el caso del dirigente de los camioneros de Jalisco cuando expresó que los que no tengan para pagar el camión, pues que usen bicicleta, que caminen. Que si él no tiene para comer, "pues no come".

Esta violencia verbal que refleja discriminación y una visión excluyente es causa y consecuencia de violencia que se manifiesta en otros ámbitos. Recordemos que Vision of Humanity relaciona la paz con los niveles de democracia, transparencia, educación y bienestar social. Ahí puede estar la clave. Las acciones que se han reflejado en la violencia verbal de los jerarcas políticos, religiosos y gremiales están íntimamente relacionadas con la opacidad, atentan contra los valores que dan sustento a la democracia, reflejan una mala educación de quien las profiere y su profundo desprecio por el concepto de bienestar social.

Contrastan las declaraciones del candidato en busca del voto con el gobernante ensoberbecido, las del líder de la religión que busca la paz con las expresiones lamentables que golpean en su prójimo.

En "Bowling for Columbine", Moore entrevista a unos jóvenes canadienses y les pregunta que si una persona que no trabaje tiene derecho a los servicios de salud gratuitos que proporciona el Estado. La respuesta de los jóvenes es en sentido de afirmación de una situación por demás básica, elemental. Contrasta el punto de vista de los jóvenes canadienses con las declaraciones del líder camionero. Por cierto, Canadá ocupa el lugar 11 en el Índice Mundial de Paz.

rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 10 de enero de 2009

Espectaculares

En los últimos días han proliferado espectaculares de diversos partidos políticos en las principales ciudades del País. Al ser Acción Nacional el partido en el Gobierno federal, resulta lógico que hasta la fecha sea mayor la cantidad de espectaculares de este instituto político. Lo anterior refleja una serie de circunstancias que vale la pena analizar, pues ante la prohibición de contratar publicidad en radio y televisión, una de las batallas más feroces será por ganar los espacios publicitarios -espectaculares, camiones, vallas, etcétera-.

Los perdedores de la disposición son los concesionarios de medios electrónicos de impacto masivo y uniforme. En esto no podemos incluir Internet, pues a pesar de su enorme auge, tiene la característica de la atomización y la pluralidad. En radio, pero sobre todo en televisión, lo reducido de las ofertas abiertas le dan la particularidad de impacto uniforme masivo.

Los ganadores, entre otros, serán los propietarios de este tipo de publicidad estática (espectaculares) o móvil (camiones) ya que la demanda de sus servicios aumentará. Para este sector no habrá recesión, por lo menos en el 2009.

No podemos dejar de mencionar que la proliferación de espectaculares en nuestro País es un reflejo fidedigno del avasallamiento del interés privado sobre el público. Poco importa el concepto de contaminación visual ni tampoco la distracción que puede generar en los automovilistas. Mucho menos el concepto de estética, paisaje urbano y otros que se han venido degradando de manera pronunciada.

En México es más importante la libertad del propietario de un predio, que por el hecho de serlo, puede hacer con él lo que le venga en gana. Las restricciones que existen en otros países, al respecto, aquí se someten a un raro concepto de libertad sin responsabilidad y carente de todo sentido social.

Entre más espectaculares existan, mejor. Si ya no hay espacio se instalan falsos baños o puentes para poner ahí otro anuncio, que en muchos casos, de espectacular, solamente tiene el nombre.

Volviendo a la connotación política de los espectaculares, éstos son usados por los Gobiernos de todos los ámbitos para promocionar sus logros. Si los logros fueran proporcionales al número de espectaculares o a los recursos que se destinan para este rubro, otro gallo cantaría. También son usados por los partidos políticos para promocionar a sus candidatos que aparecen, muchas veces gracias al Photoshop, convertidos en personajes que pretenden hacerle competencia a Brad Pitt, y el resultado es que en ocasiones ni siquiera se parecen a la versión real de sí mismos.

No solamente se maquilla y se "photoshopea" la imagen del candidato, también los hechos son sometidos a una tensión bárbara que pretende convertir lo poco en mucho, lo intrascendente en importante, los hechos aislados en políticas públicas sólidas. Espectaculares que dicen nada. Frases huecas, slogans, clichés, exageraciones, mentiras... eso sí: todos realmente espectaculares, en muchos casos. También hay espectáculos grotescos.

Pero estas prácticas también evidencian que no existe un control de las empresas o los particulares que son propietarios. Como es libre mercado, alguien puede decir que se lo regaló al partido o candidato y no sabremos si lo reporta como aportación. Otros pueden decir que cuesta un peso y, en el mejor de los casos, será el monto reportado. Como no hay un padrón de dueños de espectaculares, o por lo menos no se transparenta de oficio, se da lugar a la anarquía.

En Veracruz, la autoridad electoral amonestó al PAN en diciembre y le obligó a borrar bardas con frases promocionales de programas sociales. En otros ámbitos del propio IFE se desestima que constituya una infracción, y se dice que es parte de la labor propia de los partidos. Ayer, el consejero del IFE Arturo Sánchez ya se anticipó en este sentido. No hay consistencia en el criterio o en una conducta activa de la misma autoridad -IFE- o de las diversas autoridades locales.

Si es parte de las actividades propias de los partidos, y por tanto no es sancionable, vale la pena cuestionarse la razón de que proliferen en un año electoral. Este hecho supone que los recursos extraordinarios que se gastan en esta actividad no están saliendo de sus presupuestos ordinarios.

También se parte del supuesto de que el partido tiene todo el derecho de presumir los logros del Gobierno emanado del instituto político en cuestión. Eso no está a discusión. Lo que se debe reflexionar es si resulta lógico que no haya frenos a la publicidad oficial que también resalta los logros, y que llegado el tiempo electoral constituyó una inversión que sirve de cimiento a la inversión del partido en el Gobierno.

Estos patrones de inversión consideran que los partidos y los candidatos deben competir con los modelos de los espectaculares vecinos para venderse mediante el mismo vehículo publicitario, lo cual supone que los ciudadanos prefieren una imagen visual anodina en lugar del contraste y el análisis de las propuestas. En esto la culpa no es de los partidos, es de los ciudadanos.

Quizás los supuestos de los partidos sean ciertos. Eso también estaría reflejando la calidad de nuestra democracia.

rogelio_campos@yahoo.com