sábado, 5 de julio de 2008

¿Números o palabras?

El 11 de junio del 2007, cuando Felipe Calderón clausuró la Octava Asamblea del Consejo Mexicano de Comercio Exterior, pronunció un discurso (se puede consultar en la página web de la Presidencia de la República) con la marca de la casa: triunfalista y sesgado. El discurso carece de autocrítica, acude a cifras que muestran que nuestro País está en un buen lugar en materia de comercio mundial o aquellas que indicarían un crecimiento importante de nuestros intercambios comerciales. Por supuesto que arenga a que "vamos a ser los mejores" y otras frases que recuerdan el grito futbolero de ¡sí se puede!

El discurso presidencial se impacta con la realidad. El Foro Económico Mundial (WEF) publicó recientemente la versión 2008 del Global Enabling Trade Report 2008, que pretende medir los factores, políticas y los servicios que permiten el libre comercio. Nuestro País queda situado en una posición lamentable. De 118 países evaluados, México ocupa el lugar 65, por debajo de Chile, Costa Rica, Panamá, Guatemala, El Salvador, República Dominicana y Honduras, por mencionar únicamente los países que se encuentran al sur de México.

Nuestras autoridades se aferran únicamente al manejo mañoso de las cifras que favorecen la construcción de una percepción falsa. Al hacerlo engañan a la sociedad. No descarto la posibilidad de que el Gobierno llegue al autoengaño, a creérsela. Llama la atención la ausencia de crítica de los entes involucrados en el entramado de la actividad comercial de nuestro País con el resto del mundo. Resulta alarmante la ausencia de espacios que señalen la debilidad de los argumentos que nos pretenden convencer de una falsa fortaleza de nuestro país en este y otros rubros.

Afortunadamente, hoy se cuenta con estudios desarrollados con metodología. Desafortunadamente, otra vez tienen que venir de fuera. Todavía más desafortunado, lamentable que no sean difundidos, mucho menos atendidos. Los países son evaluados en una serie de factores que arrojan resultados numéricos. Los números son fríos, mucho más que las palabras de aliento presidencial. En el caso de México, más que fríos resultan escalofriantes.

El estudio del WEF atiende varios aspectos. De los 118 países evaluados, México obtiene sitios vergonzosos: acceso al mercado (65), barreras arancelarias y no arancelarias (95), administración de fronteras (65), eficiencia y administración de aduanas (63), eficiencia de procedimientos de importación y exportación (76), transparencia de la administración de aduanas (57), infraestructura de comunicaciones y transportes (67), cobertura y calidad de la infraestructura de transporte (87), entorno para los negocios (86), seguridad (105).

En varias ocasiones escuchamos a nuestros maestros decir: "yo no te voy a reprobar, te va a reprobar la vida". La frase refleja una falta de rigor en nuestros sistemas de evaluación y una condescendencia con la falta de dedicación. Esa frase escolar es aplicable en diversos ámbitos de nuestra vida nacional. Ante la falta de aplicación de las instancias gubernamentales para generar un entorno adecuado, en este caso para el comercio mundial, no hay instancia que se atreva a reprobarlas, pero sí las hay para encontrar condescendencia, autocomplacencia.

No solamente se advierte ausencia de rigor en la evaluación interna de las condiciones del país; tampoco existen los parámetros internos de evaluación. Por eso resulta fácil acudir a los lugares comunes: "nuestras exportaciones han crecido 300 por ciento", "México aspira a convertirse en el principal receptor de inversión extranjera directa". Por eso también resulta natural creer esas frases facilonas.

Mientras nos alejamos de las evaluaciones y con ello de la sujeción a las mismas, nos autoengañamos, nos damos una calificación aprobatoria y pareciera que nos decimos "ahí la llevamos". Al mismo tiempo, la vida nos reprueba: organismos como el WEF construyen metodologías, observan comportamientos, aplican encuestas, alimentan sus bases de datos y otorgan calificaciones. En este ejercicio están involucrados académicos de Harvard, la ONU, Asociación de Transporte Aéreo Internacional, el Banco Mundial, por sólo mencionar algunos.

Los discursos con alto contenido motivacional chocan estruendosamente con esas evaluaciones. Las palabras se someten al reino de los números. La fantasía colectiva construida en torno al discurso presidencial se esfuma, se desvanece.

Ante esta situación solamente quedan dos opciones. La primera es que convenzamos a los del WEF (y a los importantes organismos involucrados en esta evaluación) de no ser tan rigurosos, tan quisquillosos e invitarlos a dejar ese tono tan alarmista y pesimista con el que abordan los temas. Felipe Calderón podría visitarlos y convencerlos de que cambien su forma de evaluar. Si se planta frente a ellos y les habla con el mismo tono de su famoso ¡YA BASTA! es posible que les transmita su optimismo. En esta opción, quizás cambien su forma de evaluar con números y adopten otra que tenga que ver con el optimismo presidencial, con el silencio de los dirigentes empresariales y con la complacencia de la sociedad.

La segunda opción es que veamos los rubros que se están evaluando (barreras arancelarias, aduanas, transparencia, infraestructura, transporte, comunicaciones y seguridad) y nos pongamos a invertir recursos suficientes y a exigir resultados a la autoridad.

Como están las cosas, es más factible que tenga éxito la primera de las opciones. Seguiremos escuchando palabras bonitas... nos seguirán reprobando los números.

rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 28 de junio de 2008

Vencer sin convencer

A principios de la Guerra Civil española, Miguel de Unamuno, Rector de la Universidad de Salamanca, pronunció la célebre frase "venceréis pero no convenceréis, porque para vencer tenéis la fuerza, pero para convencer os hace falta la razón". Sin duda, esta frase es perfectamente aplicable en la actualidad por parte de los ciudadanos jaliscienses hacia quienes detentan el poder en nuestro Estado.

No es lo mismo ejercer el poder que la autoridad. Rodrigo Borja en su Enciclopedia de la Política nos regala una espléndida explicación al respecto. Quien tiene el poder puede imponerse por la fuerza, independientemente de que los subordinados estén o no de acuerdo con el acto; pero tiene autoridad quien es reconocido por tener ascendencia sobre los demás, es decir, por su autoridad moral.

Esta diferencia de conceptos explica que en Jalisco tengamos que apechugar con una serie de arbitrariedades ejercidas desde el poder. Planes parciales a modo, caos urbano, obras "de servicio público" de pésima manufactura, caprichos inconclusos y una larga lista de calamidades ordenadas desde el poder y sin contar con la aprobación ciudadana.

En Jalisco se viene ejerciendo el poder sin autoridad. Se vence, pero no se convence. Los poderes fácticos se alían con el poder institucionalizado para imponerse a la ciudadanía, al interés público. Al hacerlo, el poder institucionalizado se convierte en un poder fáctico que utiliza el parapeto de la ley y de los tribunales para avasallar al ciudadano y dejarlo indefenso.

Por eso los diputados se pueden salir con la suya en las reformas constitucionales y legales. También pueden designar a funcionarios del más alto nivel dejando de lado las formas. Hay que reconocer que en eso han dejado de lado la simulación, pero han entrado de lleno en el terreno del descaro y el desaseo. Poco les duró el gusto de hacer evaluaciones... como en repetidas ocasiones el resultado de las calificaciones no se ajustaba a sus pretensiones, fácil: quiten las evaluaciones. Como las convocatorias los obligaba a recibir a muchos suspirantes, fácil: hacen convocatorias que permanecen abiertas seis horas.

El poder que se ha divorciado de la autoridad se vuelve impúdico, se solaza en la imposición, se olvida de la persuasión y del convencimiento. Se refugia en la razón de la fuerza y se olvida de la fuerza de la razón.

Es absurdo pensar que la ciudadanía quiere un caos urbano como el que vivimos, o acabar con las áreas verdes, renunciar a contar con reservas urbanas, tener miles de espectaculares que dan al traste con el paisaje urbano. Sin embargo, todo ello se vuelve realidad porque los ciudadanos tenemos en las autoridades a verdaderos enemigos que confabulan con los intereses privados y conspiran contra el interés público.

Como un simple ejemplo, en España llegaron a la conclusión de que los espectaculares distraen a los automovilistas en las autopistas. La solución: no hay espectaculares. Seguramente dejan de percibir dinero los dueños de los predios aledaños a las carreteras, pero el interés público y con él la razón, se imponen.

El capítulo más reciente de esta forma de proceder se puede observar en las pretendidas reformas al marco normativo de la fiscalización superior en Jalisco. Vaya que hay estudios que indican las cualidades que debe reunir un sistema de fiscalización. También hay un catálogo de "las mejores prácticas" en esta materia. Pero la razón parece no importar, ni la aspiración ciudadana de contar (por lo menos en el papel) con algo que rescate el alicaído orgullo jalisciense. Lo que importa es imponerse, vencer sin convencer.

Vale la pena preguntarnos si nuestros supuestos representantes populares tienen noción de la teoría de la representación. Se supone que vivimos en un régimen republicano y representativo. Y, si no se les ha olvidado, a quienes deben representar es a los ciudadanos, además de reivindicar el interés público.

Si tienen una ligera noción de lo anterior, no se explica que su forma de proceder sea tan menor, a menos que piensen que los ciudadanos queremos la simulación, que nos gusta el subdesarrollo y que nos encanta ser premodernos. Solamente así se explicaría que no tengan altura de miras y que gasten su tiempo en una puesta en escena de pésima manufactura.

La fiscalización tiene que ver con rendir cuentas, con ser responsables de sus actos, con explicar de cara a la sociedad las acciones que se desarrollan. Por eso es importante contar con una normatividad de avanzada en esta materia.

El Poder Legislativo es clave para revertir el proceso de deterioro institucional y la lógica de enemistad que prevalece entre ciudadanos y autoridades. Al realizar una reforma en materia de fiscalización, de rendición de cuentas, deben explicar de frente a la ciudadanía las razones para no ir más allá, para renunciar a un modelo más moderno, eficiente y eficaz.

Si en el proceso de una reforma en materia de rendición de cuentas, no son capaces de rendirlas; si la materia que nos ocupa tiene que ver con responsabilidad y no son responsables o no están a la altura de los estudios académicos; si quieren que la ciudadanía refuerce su percepción de que la fiscalización en realidad es una lavandería y un intercambio de cartitas... podrán imponerse y vencer, pero lo harán sin convencernos que son representantes populares.

Definitivamente no están demostrando estar a la altura de sus promesas, de lo que dicen sus plataformas electorales ni de sus sueldos. Tampoco demuestran tener la estatura para ser lo que les manda la ciencia política y la norma: contrapesos y vigilantes de los demás poderes. Los jaliscienses requieren representantes que se esfuercen por no permitir que Jalisco se siga hundiendo en cuanto indicador aparece. Para lograrlo se requieren representantes con autoridad y que convenzan.


rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 21 de junio de 2008

A qué le tiras cuando sueñas...

Hay de sueños a sueños. Tener el Gran Premio Fórmula 1 de Guadalajara, los MTV Latino, el Grammy Latino, los Globos de Oro, Miss Universo y un torneo de la LPGA, entre otros acontecimientos, constituyen un sueño para el Gobernador de Jalisco, según lo publicado por MURAL el pasado jueves.

La idea del Gobernador es que el Gobierno y empresarios constituyan el "Consejo de Fomento para Grandes Eventos", mediante el cual se buscaría atraer este tipo de espectáculos. El Gobernador sabe, según sus propias palabras, que esto no es algo que se logre en 5, 10 o 15 años, pero que si empezamos a trabajar a la brevedad, acortaremos la distancia temporal que nos separa de ese sueño.

Se parte del principio de que este tipo de acontecimientos "de alto impacto" detonarían el desarrollo turístico de la entidad. Al hacerlo se incurre nuevamente en un error de diagnóstico, similar al que pretendió explicar el efecto Guggenheim. Cuando la euforia por el museo estaba en su apogeo, se pretendía convencer de que se replicaría en Guadalajara el "Efecto Bilbao". Se decía, con mucho convencimiento, que Bilbao había pasado de ser un pueblo de pescadores y se había transformado en una ciudad cultural y se concluía, con una gran seguridad, que el museo había sido el antes y después de ese fenómeno.

Ni Bilbao era un pueblo de pescadores, sino una ciudad industrial en decadencia, ni el museo fue lo que la transformó. Bilbao invirtió más de 5 mil millones de euros en su transformación y lo hizo ampliando su aeropuerto, creando un superpuerto marino que reemplazaría al viejo, construyendo dos líneas de metro y saneando su río. En lo que sí se parece esta experiencia a lo expresado por el Gobernador es en que estas inversiones se hicieron en poco más de 10 años. Yo prefiero el sueño de que se inviertan los montos que invirtió Bilbao y que se haga en esos rubros.

Lo que distingue a lo ocurrido en Bilbao de los planteamientos mágicos que se han venido haciendo en Jalisco es todo lo demás. Bilbao, al igual que otras ciudades industriales cuyo modelo se agotó, primero vivió la aceptación de que su modelo era inviable; repensó su vocación; integró a la sociedad al ejercicio del relanzamiento de su región, tomando en cuenta a las cámaras y a las universidades; hizo un plan maestro; puso en marcha novedosas figuras de transacciones inmobiliarias y financieras, y hasta tuvo tiempo de pensar en un nuevo símbolo para la Ciudad: el Guggenheim. Por cierto, todos los recursos para estas inversiones fueron públicos. Mi sueño incluye que se haga bajo la fórmula que aplicó Bilbao.

Por eso llama la atención la forma en que se presenta esta "novedosa" iniciativa. Lejos de parecer consistente, se asemeja más a una ocurrencia más.

A principios de los 90 se pusieron de moda en México los estudios de prospectiva y, como toda moda, fue pasajera. Sin embargo, cuando el PAN asumió por primera vez el Gobierno de Jalisco y de su capital se presentaba por parte de las autoridades la visión a 20 años que se tenía de la Ciudad y del Estado. Para que se cumplan los 20 años de aquella visión hemos recorrido ya más de la mitad del camino, y habría que cuestionarnos si todavía la recordamos y en qué medida se ha cumplido, o si nos encontramos más lejanos que al inicio. Hoy esos ejercicios, que pocas veces fueron rigurosos, han dado paso a estas ocurrentes ideas. Lo que permanece igual es seguir pensando en plazos de 10, de 15 años.

Guadalajara ha sido sede de acontecimientos de gran relevancia mundial. Basta recordar la reunión de la ALCUE en 2004. Para esa cumbre hubo recursos federales, mismos que fueron invertidos en obras de relumbroncito (porque no llegan al relumbrón): poner adoquín y banquitas a 200 metros del hotel sede, comprar patrullas, plantar arbolitos para que no se vieran las miserias con las que recibimos a los visitantes... arbolitos que ya mutilaron y ya se secaron, letreritos y letrerotes que decían: Bienvenidos a Zapopan, Bienvenidos a Tlaquepaque. Difícilmente podemos recordar alguna obra que haya quedado para la Ciudad. Ahí está un ejemplo de lo que hacemos (y para lo que alcanza) cuando hay recursos para acontecimientos de talla mundial.

El ranking mundial 2008 de Competitividad Turística del Foro Económico Mundial (WEF) sitúa a México en el lugar 55, por debajo de Barbados (29), Costa Rica (44), Puerto Rico (46), Brasil (49), Panamá (50) y Chile (51). El trabajo señaló que en el ambiente de negocios de viajes y turismo e infraestructura, México está en el lugar 61. En el marco regulatorio de viajes y turismo, en el 71. En Higiene y Salud, lugar 79. En desarrollo sustentable, el 85. En transporte terrestre, el 82. En seguridad, lugar 122. Mi sueño es que podamos mejorar por lo menos 10 escaños por rubro.

No hay duda de que Jalisco es una de las entidades con mayor potencial en materia turística. Puerto Vallarta ha tenido un crecimiento descomunal y es un referente mundial. En este caso es conveniente analizar el grado de compromiso que tenemos con nuestros potenciales turísticos. Puerto Vallarta está al borde del colapso en varios rubros, además hemos permitido que sea un "centro turístico de prostitución infantil" y se está convirtiendo en ciudad dormitorio de los trabajadores que perciben mayores ingresos en Nayarit.

Detonantes turísticos hemos tenido y los hemos deteriorado. Quién nos dice que no haremos lo mismo en el caso de nuevos detonantes. Hasta en el caso de los más entusiastas, como el Gobernador, cuando se trata de realizar inversiones de su patrimonio personal, él optó por Nayarit y no por Jalisco... y en una de esas es en Huanacaxtle donde él sueña.