"¿A quién le aplicamos el peso de la ley? ¿Quién es responsable de que el 80 por ciento de las aguas de Jalisco estén contaminadas?". Estas preguntas las formuló en público Emilio González Márquez al referirse al alto grado de contaminación del Río Santiago. Con esto, González Márquez contribuye a cerrar el círculo que llevó al PAN al poder.
Lejos quedaron los tiempos en los que el discurso panista encontraba culpables. Siempre eran los mismos: el PRI y el mal Gobierno. Dos culpables que en realidad eran uno solo. Los panistas llegaban a esta conclusión con rapidez y contundencia, sin necesidad de compartir sus reflexiones expresadas en forma de preguntas.
Ahora que el PAN ha venido ejerciendo el poder en Jalisco y a nivel nacional, la culpa de "lo malo" ya no es nada más del Gobierno. Con el arribo del PAN al poder sí ha habido cambios: uno de ellos es que ahora la culpa se comparte y la responsabilidad se diluye.
También quedaron lejos los tiempos en los que los panistas argumentaban con claridad, autoridad moral y contundencia que lo malo que sucedía en el país era culpa del PRI y que lo bueno era consecuencia del esfuerzo de la sociedad, que a pesar del pésimo Gobierno que tenía era capaz de generar los activos de México.
Ahora, el enemigo acérrimo se ha convertido en el principal aliado del Gobierno panista en el ámbito federal. Como ya no se puede culpar al aliado, hay que repartir la culpa entre todos. Esa sociedad benevolente y paciente frente al mal Gobierno del pasado ha pasado a ser corresponsable de los males que nos aquejan.
Cuando el PAN era Oposición, la sociedad en su conjunto ya ensuciaba las aguas. No es que ahora se ensucien y antes no. Lo extraño es que el PAN fuera tan ingenuo como para no saberlo. Si lo sabía, estamos hablando de un partido extremadamente astuto para no decirlo de manera oportuna. Incriminar a la sociedad en ese momento no era rentable... habrá que ver si ahora lo es, por más verdad que contengan los señalamientos del Gobernador.
Emilio no es el único que se inscribe en esta nueva moda. En Chicago, el Presidente Felipe Calderón les solicitó consejo, ayuda y orientación a las organizaciones de migrantes mexicanos que viven en Estados Unidos. Según Calderón, con estos insumos el Gobierno federal podría "definir y enfocar la política a emprender para la defensa de los trabajadores mexicanos que viven allá". Los defensores de los nuevos Gobiernos pueden argumentar a su favor que son tan democráticos que recurren a la planeación participativa. Sin embargo, los críticos podrían argumentar ignorancia.
Si Emilio tiene razón y la culpa de contaminar es de todos, por consecuencia todos somos culpables o responsables de problemas similares. Lo que no se puede negar es que si lo somos, no es de ahora. Lo que sí se puede reprochar es que el PAN no lo haya dicho oportunamente, por dolo o por ignorancia.
Si bien todos contaminamos, hay quienes contaminan, en cantidad y en calidad, más que otros. Por tanto, de ese tamaño debe ser la responsabilidad. No todos somos responsables en la misma medida.
Lo que parece olvidar la autoridad es que los usuarios del agua pagamos una cuota por saneamiento. Como el Gobierno plantea con interrogantes estas situaciones, aquí van las siguientes: ¿los que la pagan son responsables de que no se apliquen esos recursos debidamente? ¿Los industriales que tienen plantas de tratamiento -que son la excepción- son igualmente responsables que los omisos en este ámbito? ¿Por consumir de buena fe productos de industrias contaminantes somos igualmente responsables que quienes abusan de nuestra buena fe?
Más preguntas: ¿los consumidores contamos con elementos suficientes para castigar -no comprando sus productos- a las industrias contaminantes? ¿Los empresarios ejercen la transparencia del origen de sus materias primas y de sus procesos de la misma manera que exigen transparencia al Gobierno? ¿A qué niveles caería nuestra precaria competitividad si los industriales evitaran o pagaran el daño al medio ambiente?
Los actuales Gobiernos olvidan el origen de su autoridad: la representación. Elegimos representantes para que mantengan saneados los ríos, lagos y mares. Para que mantengan a raya a los industriales y demás personas que contaminan. Si bien todos fuéramos culpables, no podemos solucionar los problemas sin la autoridad; pero la autoridad no ha venido haciendo su tarea en este rubro.
Ahora resulta que la democracia se entiende como la repartición de culpas y responsabilidades. Si antes vivíamos en un régimen autoritario, el culpable era el Gobierno. Ahora que -supuestamente- vivimos en democracia, las culpas deben compartirse.
Para atenuar este discurso, inmediatamente se recurrió al caballito de batalla: el PRI. Todavía es rentable el fantasma del pasado. El PRI habría obstaculizado el célebre crédito japonés con el que se pretendía sanear las aguas.
De lo que no se acuerda el PAN es de haber incurrido en conductas similares en la primera mitad de los noventa. En aquel entonces manifestaron su oposición y resistencia (con éxito) a medidas que pretendían garantizar abasto y saneamiento. Tampoco se acuerdan, ni mucho menos comparan -porque no les conviene- la cantidad de plantas de tratamiento construidas antes y después de su arribo al poder. Es el mismo caso -en otro ámbito- de su oposición a los retenes, práctica que hoy despliegan con singular alegría.
El círculo se ha venido cerrando. Tuvieron que pasar muchos años para que confesaran lo que muchos sabíamos: ni todo lo malo ni todo lo bueno es culpa de un solo partido; el reconocimiento a la importancia de la sociedad es el principio y la base para el ejercicio responsable del Gobierno. En lo que se están equivocando Gobierno y Oposición es en la forma: se inicia reconociendo los errores propios y haciendo un balance medible y comparable entre lo que se hacía antes y ahora... y en proponer algo mejor que la simple suma del pasado y el presente.
rogelio_campos@yahoo.com
sábado, 23 de febrero de 2008
sábado, 16 de febrero de 2008
Reforma urgente
Sin duda, la reforma más urgente para México es la reforma hacendaria. No hay un solo problema de nuestro país que no se resuma en la falta de recursos que tiene el Gobierno para hacer frente a los más graves y variados problemas. Sin embargo, es una reforma que no se encuentra en la agenda del Gobierno.
México tiene una recaudación fiscal muy inferior a la de países de Latinoamérica como Argentina, Brasil y Chile. Ya viene siendo una constante que en este tipo de mediciones no pocos países de la región nos superen. Lejos quedaron los años en los que México era considerado ejemplo para Latinoamérica y en los que la referencia de progreso estaba en Norteamérica o en Europa.
La conclusión es clara: recaudamos poco, contrario al mito de que "el Gobierno tiene mucho dinero".
Las razones de que no contemos con los recursos suficientes están en la defraudación, en la evasión, en la pomposamente llamada elusión fiscal y en que, a diferencia de lo que pensamos, algunos impuestos son menores a lo que debieran ser. Ahí están los comparativos de las tasas de otros países.
Sin los recursos necesarios no se puede construir y modernizar la infraestructura básica para propiciar condiciones de competitividad. El personal docente y el personal médico, así como las instalaciones y equipos con los que trabajan, no son los adecuados. No hay recursos para el tratamiento de aguas y cuidado de los ecosistemas. No tenemos cuerpos de seguridad bien pagados y equipados para hacer frente a la creciente ola de inseguridad, que el día de ayer se volvió a manifestar, ahora en la Ciudad de México, en una de sus más terribles vertientes: el terrorismo.
Tampoco tenemos recursos para modernizar las entidades que se encargan de la generación de energía, ni para invertir en una palanca clave para el desarrollo: la tecnología. Ni hablar del transporte público o el desarrollo urbano, entre otras muchas carencias.
Todos estos problemas no podrán ser atacados eficazmente con el ritmo recaudatorio del País. Al parecer, a nadie le apura enfrentar estos retos con rapidez. Nos conformamos con un hipogradualismo que si bien nos mueve, lo hace de manera lenta. Mientras tanto, vemos cómo otros países se mueven a mayor velocidad y nos dejan atrás. Es el mismo caso del crecimiento del PIB: mientras México avanza lentamente, otros países de la región crecen a un ritmo que duplica o triplica al nuestro. No podemos decir que hemos caído en el conformismo, porque al anunciar esos ritmos de crecimiento subyace un inexplicable orgullo de haberlo conseguido. El mensaje es claro: más vale paso que dure. El problema radica en el hecho de que nos encontramos en un mundo globalizado, donde el tiempo es uno de los principales recursos, y lo estamos desperdiciando.
El problema es mucho mayor de lo que se piensa. No sólo recaudamos la mitad que los países de la región -ni hablar de que es una tercera parte de lo que se recauda en Europa-. Una fracción importante de esos ingresos proviene de los ingresos petroleros. Habrá que ver si en la reforma energética que se propone esos ingresos continuarán siendo gravados como actualmente se hace. Eso explica en gran parte la falta de ingresos y de competitividad de PEMEX.
El diagnóstico es más grave si consideramos que una porción de los tributos proviene de impuestos como el ISAN o la tenencia vehicular, que no existen en otras partes del mundo. Si además consideramos que parte de los tributos provienen del cobro excesivo de "derechos", como por ejemplo el pasaporte mexicano, que por 10 años tiene un costo de mil 800 pesos, aproximadamente, mientras que en España (está de moda comparar ambos documentos) cuesta el equivalente a 200 pesos. Si quitáramos los ingresos petroleros, el ISAN, la tenencia y el cobro excesivo de derechos, por sólo mencionar algunas de las tributaciones más pintorescas que tenemos... nuestra recaudación sería propia de una república bananera.
Pero solamente hemos hablado de los ingresos. Una reforma hacendaria es mucho más que una reforma fiscal (y mucho más que la ridícula pretensión de solamente reducirla al IVA en medicinas y alimentos). Esta última sólo se encarga de cobrar, mientras que la primera, además, considera en qué se va a gastar.
Quizás ahí radica el problema. No nos hemos puesto de acuerdo en qué gastar. Aquí pensamos que el Guggenheim debe ser pagado con dinero privado, mientras que en Bilbao fue pagado con recursos públicos. Aquí no concebimos que el gasto público subsidie el transporte público, mientras que en otras partes del mundo desarrollado se hace en alguna medida. Aquí queremos recaudar en medicinas, mientras que en el Reino Unido son gratuitas para los menores de 16 años. Eso sí, los servidores públicos aseguran lo suyo y se asignan salarios y bonos como de primer mundo.
La reforma hacendaria es urgente, para asignar recursos suficientes que permitan abatir rezagos y propiciar el desarrollo. Parece no importar. El inicio para avanzar en esta reforma se encuentra en el consenso del gasto, no del ingreso (esto es posterior).
Si en materia de gasto queremos parecernos a los países de la región que nos superan en recaudación y crecimiento, o a los desarrollados, estaríamos pasando al mundo de lo que aquí se llama populismo, que es lo que aquí no se quiere. Por eso no está en la agenda la reforma hacendaria... simplemente porque no se quieren las consecuencias.
rogelio_campos@yahoo.com
México tiene una recaudación fiscal muy inferior a la de países de Latinoamérica como Argentina, Brasil y Chile. Ya viene siendo una constante que en este tipo de mediciones no pocos países de la región nos superen. Lejos quedaron los años en los que México era considerado ejemplo para Latinoamérica y en los que la referencia de progreso estaba en Norteamérica o en Europa.
La conclusión es clara: recaudamos poco, contrario al mito de que "el Gobierno tiene mucho dinero".
Las razones de que no contemos con los recursos suficientes están en la defraudación, en la evasión, en la pomposamente llamada elusión fiscal y en que, a diferencia de lo que pensamos, algunos impuestos son menores a lo que debieran ser. Ahí están los comparativos de las tasas de otros países.
Sin los recursos necesarios no se puede construir y modernizar la infraestructura básica para propiciar condiciones de competitividad. El personal docente y el personal médico, así como las instalaciones y equipos con los que trabajan, no son los adecuados. No hay recursos para el tratamiento de aguas y cuidado de los ecosistemas. No tenemos cuerpos de seguridad bien pagados y equipados para hacer frente a la creciente ola de inseguridad, que el día de ayer se volvió a manifestar, ahora en la Ciudad de México, en una de sus más terribles vertientes: el terrorismo.
Tampoco tenemos recursos para modernizar las entidades que se encargan de la generación de energía, ni para invertir en una palanca clave para el desarrollo: la tecnología. Ni hablar del transporte público o el desarrollo urbano, entre otras muchas carencias.
Todos estos problemas no podrán ser atacados eficazmente con el ritmo recaudatorio del País. Al parecer, a nadie le apura enfrentar estos retos con rapidez. Nos conformamos con un hipogradualismo que si bien nos mueve, lo hace de manera lenta. Mientras tanto, vemos cómo otros países se mueven a mayor velocidad y nos dejan atrás. Es el mismo caso del crecimiento del PIB: mientras México avanza lentamente, otros países de la región crecen a un ritmo que duplica o triplica al nuestro. No podemos decir que hemos caído en el conformismo, porque al anunciar esos ritmos de crecimiento subyace un inexplicable orgullo de haberlo conseguido. El mensaje es claro: más vale paso que dure. El problema radica en el hecho de que nos encontramos en un mundo globalizado, donde el tiempo es uno de los principales recursos, y lo estamos desperdiciando.
El problema es mucho mayor de lo que se piensa. No sólo recaudamos la mitad que los países de la región -ni hablar de que es una tercera parte de lo que se recauda en Europa-. Una fracción importante de esos ingresos proviene de los ingresos petroleros. Habrá que ver si en la reforma energética que se propone esos ingresos continuarán siendo gravados como actualmente se hace. Eso explica en gran parte la falta de ingresos y de competitividad de PEMEX.
El diagnóstico es más grave si consideramos que una porción de los tributos proviene de impuestos como el ISAN o la tenencia vehicular, que no existen en otras partes del mundo. Si además consideramos que parte de los tributos provienen del cobro excesivo de "derechos", como por ejemplo el pasaporte mexicano, que por 10 años tiene un costo de mil 800 pesos, aproximadamente, mientras que en España (está de moda comparar ambos documentos) cuesta el equivalente a 200 pesos. Si quitáramos los ingresos petroleros, el ISAN, la tenencia y el cobro excesivo de derechos, por sólo mencionar algunas de las tributaciones más pintorescas que tenemos... nuestra recaudación sería propia de una república bananera.
Pero solamente hemos hablado de los ingresos. Una reforma hacendaria es mucho más que una reforma fiscal (y mucho más que la ridícula pretensión de solamente reducirla al IVA en medicinas y alimentos). Esta última sólo se encarga de cobrar, mientras que la primera, además, considera en qué se va a gastar.
Quizás ahí radica el problema. No nos hemos puesto de acuerdo en qué gastar. Aquí pensamos que el Guggenheim debe ser pagado con dinero privado, mientras que en Bilbao fue pagado con recursos públicos. Aquí no concebimos que el gasto público subsidie el transporte público, mientras que en otras partes del mundo desarrollado se hace en alguna medida. Aquí queremos recaudar en medicinas, mientras que en el Reino Unido son gratuitas para los menores de 16 años. Eso sí, los servidores públicos aseguran lo suyo y se asignan salarios y bonos como de primer mundo.
La reforma hacendaria es urgente, para asignar recursos suficientes que permitan abatir rezagos y propiciar el desarrollo. Parece no importar. El inicio para avanzar en esta reforma se encuentra en el consenso del gasto, no del ingreso (esto es posterior).
Si en materia de gasto queremos parecernos a los países de la región que nos superan en recaudación y crecimiento, o a los desarrollados, estaríamos pasando al mundo de lo que aquí se llama populismo, que es lo que aquí no se quiere. Por eso no está en la agenda la reforma hacendaria... simplemente porque no se quieren las consecuencias.
rogelio_campos@yahoo.com
sábado, 9 de febrero de 2008
Poco apoyo
El portal de mural.com publicó ayer "Falta apoyo a empresarios". La nota reporta ésta y otras declaraciones del presidente de Grupo Televisa, Emilio Azcárraga Jean. El influyente hombre de negocios expuso que en México no se respalda a las empresas nacionales, mientras que en la Unión Americana y en España sí lo hacen. Sería muy interesante escuchar y leer las reacciones al respecto, de quienes en los medios de comunicación se han empeñado en exorcizar el demonio del populismo y han abrazado el noble oficio del culto al mercado.
Las declaraciones del empresario de la televisión nos permiten abordar varios temas. Quizás el menos serio de todos sea el hecho de que Emilio González puede asumirse como alguien que sí apoya a las empresas nacionales. Azcárraga no puede reprochar esa falta de apoyo a las autoridades jaliscienses. Que excluya a Jalisco de las autoridades que no apoyan.
También nos permite abordar el tema de los "rescates": el bancario y el carretero. Los empresarios de estos ámbitos tampoco se pueden quejar de que no han sido apoyados por el Gobierno. Han sido apoyados al grado de que una vez que algunos de ellos han quebrado sus negocios, se les ha "rescatado" y se les han adjudicado de nueva cuenta concesiones en las que habían fracasado anteriormente. En estos casos, no solamente hay apoyo, sino que hay cariño. Que Azcárraga excluya a los banqueros y carreteros del sector de no apoyados.
Ahora abordemos el tema de los apoyos que se proporcionan por parte del Gobierno y que son tan cacareados en los medios de comunicación, incluyendo los que son propiedad de Azcárraga. ¿Quiere decir que los programas de la Secretaría de Economía, Bancomext, etcétera, no funcionan, o no los está considerando Azcárraga?... ¿O quiere decir que se requiere de más apoyo del que se proporciona?
Hay otras excepciones que debemos ponderar. La de los empresarios que han sido invitados a colaborar en cargos públicos: llegaron para enseñar la forma correcta de administrar, eliminar la corrupción y dar resultados. Hay decenas que han sido invitados a cargos en diversos ámbitos de Gobierno. Prácticamente ninguno ha destacado por lograr los objetivos ofrecidos. Lo que sí ha ocurrido es que al paso de los años se encariñaron tanto con la función pública que abandonaron sus negocios, dejaron de ser empresarios y pasaron a ser burócratas de altos vuelos. A estos empresarios sí se les apoyó: se les proporcionó un sueldo alto y varias prestaciones, inclusive algunas que no existían en el sector público y que fueron importadas por ellos, como los bonos, seguros dotales, etcétera.
Azcárraga acusó que mientras en México ha habido varios Presidentes y políticos que se han robado muchísimo dinero, a las empresas no se les apoya. Sería interesante que en los medios de Azcárraga se ventilara con detalle los montos de lo robado y los nombres de los rateros. También amerita que se ventile el nombre de los empresarios que han propiciado el enriquecimiento de los Presidentes y políticos. Estos empresarios seguramente han sido obligados, por la falta de apoyo gubernamental, a corromper o participar en la corrupción de los políticos y así poder obtener los apoyos que el Gobierno no proporciona de manera institucional. Así habrían logrado muchos apoyos que se han traducido en jugosos negocios.
Así como seguramente hay empresarios que no son apoyados, también hay algunos a quienes se apoya de más. El caso de la construcción de torres en Guadalajara y Puerto Vallarta es por demás contundente. La autoridad les hace planes parciales a modo. Si no se puede edificar más de 10 pisos... muy sencillo, ¡cambien el plan! ¿No que no hay apoyo?
Azcárraga dijo que en Estados Unidos y España se apoya a las empresas nacionales y que en México no sucede así. Tiene razón. De hecho, es lo que pelea el sector más desfavorecido de campesinos frente al TLCAN. Esas reacciones propiciaron que no pocos académicos e intelectuales se pusieran muy mal y la emprendieran contra esa bola de retrógrados. A ver si ahora hacen lo mismo con Azcárraga.
Azcárraga dijo: "Ahí vemos cómo los americanos y su Gobierno defienden a las empresas americanas, lo mismo en España. Y en México lo que se dice es que no hay que apoyar a las empresas mexicanas, en todos los rubros, no sólo en televisión". Tiene razón en eso de la falta de apoyo. Pero tampoco se apoya al transporte público, las prestaciones sociales, la difusión de cuestiones culturales, el cuidado a la ecología y una larga lista de temas que no son atendidos en México como sí se hace en la Unión Americana y en España.
Le faltó decir a Azcárraga que la falta de apoyo no se manifiesta sólo en los empresarios existentes, sino en los potenciales. México tiene una penetración crediticia del 15 por ciento con relación al PIB. Chile 40, Brasil 50, Tailandia 100 y China 150 por ciento. Sin financiamiento no hay nuevos empresarios y sin nuevos empresarios no hay competencia que beneficie al consumidor.
Hablando de Azcárraga, fue imposible no recordar las concesiones de centros de apuestas que le otorgó Creel. Hablando de apuestas, apuesto a que los adoradores del libre mercado, a pesar de tener en las declaraciones de Azcárraga una oportunidad de pronunciarse con la fiereza con la cual arremeten contra los grupos que defienden los temas que tampoco son apoyados en México... finalmente, con él no lo harán.
rogelio_campos@yahoo.com
Las declaraciones del empresario de la televisión nos permiten abordar varios temas. Quizás el menos serio de todos sea el hecho de que Emilio González puede asumirse como alguien que sí apoya a las empresas nacionales. Azcárraga no puede reprochar esa falta de apoyo a las autoridades jaliscienses. Que excluya a Jalisco de las autoridades que no apoyan.
También nos permite abordar el tema de los "rescates": el bancario y el carretero. Los empresarios de estos ámbitos tampoco se pueden quejar de que no han sido apoyados por el Gobierno. Han sido apoyados al grado de que una vez que algunos de ellos han quebrado sus negocios, se les ha "rescatado" y se les han adjudicado de nueva cuenta concesiones en las que habían fracasado anteriormente. En estos casos, no solamente hay apoyo, sino que hay cariño. Que Azcárraga excluya a los banqueros y carreteros del sector de no apoyados.
Ahora abordemos el tema de los apoyos que se proporcionan por parte del Gobierno y que son tan cacareados en los medios de comunicación, incluyendo los que son propiedad de Azcárraga. ¿Quiere decir que los programas de la Secretaría de Economía, Bancomext, etcétera, no funcionan, o no los está considerando Azcárraga?... ¿O quiere decir que se requiere de más apoyo del que se proporciona?
Hay otras excepciones que debemos ponderar. La de los empresarios que han sido invitados a colaborar en cargos públicos: llegaron para enseñar la forma correcta de administrar, eliminar la corrupción y dar resultados. Hay decenas que han sido invitados a cargos en diversos ámbitos de Gobierno. Prácticamente ninguno ha destacado por lograr los objetivos ofrecidos. Lo que sí ha ocurrido es que al paso de los años se encariñaron tanto con la función pública que abandonaron sus negocios, dejaron de ser empresarios y pasaron a ser burócratas de altos vuelos. A estos empresarios sí se les apoyó: se les proporcionó un sueldo alto y varias prestaciones, inclusive algunas que no existían en el sector público y que fueron importadas por ellos, como los bonos, seguros dotales, etcétera.
Azcárraga acusó que mientras en México ha habido varios Presidentes y políticos que se han robado muchísimo dinero, a las empresas no se les apoya. Sería interesante que en los medios de Azcárraga se ventilara con detalle los montos de lo robado y los nombres de los rateros. También amerita que se ventile el nombre de los empresarios que han propiciado el enriquecimiento de los Presidentes y políticos. Estos empresarios seguramente han sido obligados, por la falta de apoyo gubernamental, a corromper o participar en la corrupción de los políticos y así poder obtener los apoyos que el Gobierno no proporciona de manera institucional. Así habrían logrado muchos apoyos que se han traducido en jugosos negocios.
Así como seguramente hay empresarios que no son apoyados, también hay algunos a quienes se apoya de más. El caso de la construcción de torres en Guadalajara y Puerto Vallarta es por demás contundente. La autoridad les hace planes parciales a modo. Si no se puede edificar más de 10 pisos... muy sencillo, ¡cambien el plan! ¿No que no hay apoyo?
Azcárraga dijo que en Estados Unidos y España se apoya a las empresas nacionales y que en México no sucede así. Tiene razón. De hecho, es lo que pelea el sector más desfavorecido de campesinos frente al TLCAN. Esas reacciones propiciaron que no pocos académicos e intelectuales se pusieran muy mal y la emprendieran contra esa bola de retrógrados. A ver si ahora hacen lo mismo con Azcárraga.
Azcárraga dijo: "Ahí vemos cómo los americanos y su Gobierno defienden a las empresas americanas, lo mismo en España. Y en México lo que se dice es que no hay que apoyar a las empresas mexicanas, en todos los rubros, no sólo en televisión". Tiene razón en eso de la falta de apoyo. Pero tampoco se apoya al transporte público, las prestaciones sociales, la difusión de cuestiones culturales, el cuidado a la ecología y una larga lista de temas que no son atendidos en México como sí se hace en la Unión Americana y en España.
Le faltó decir a Azcárraga que la falta de apoyo no se manifiesta sólo en los empresarios existentes, sino en los potenciales. México tiene una penetración crediticia del 15 por ciento con relación al PIB. Chile 40, Brasil 50, Tailandia 100 y China 150 por ciento. Sin financiamiento no hay nuevos empresarios y sin nuevos empresarios no hay competencia que beneficie al consumidor.
Hablando de Azcárraga, fue imposible no recordar las concesiones de centros de apuestas que le otorgó Creel. Hablando de apuestas, apuesto a que los adoradores del libre mercado, a pesar de tener en las declaraciones de Azcárraga una oportunidad de pronunciarse con la fiereza con la cual arremeten contra los grupos que defienden los temas que tampoco son apoyados en México... finalmente, con él no lo harán.
rogelio_campos@yahoo.com
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