En
el marco de la FIL y dentro del programa del 8º Encuentro Internacional
de Periodistas, el miércoles se presentó oportunamente el libro Crónica
de un sexenio fallido. La tragedia del calderonismo, editado por
Grijalbo y autoría de Ernesto Núñez, director del -formidable-
suplemento Enfoque de Grupo Reforma. Apenas empecé a leer el libro y en
verdad es extraordinario. El artículo que hoy presento no es una reseña
del libro, pero sí llega a la misma conclusión.
En la página de internet de la Presidencia de la República
(http://t.co/V5cUN2Uh) se puede consultar el mensaje que desde el
Auditorio Nacional dirigió Felipe Calderón el mismo día que tomó
protesta. Entonces, Calderón decía que "la delincuencia pretende
atemorizar e inmovilizar a la sociedad y al Gobierno; la inseguridad
pública amenaza a todos y se ha convertido en el principal problema".
Calderón decía que "una de las tres prioridades que voy a encabezar es
la lucha por recuperar la seguridad pública y la legalidad". No hay
datos que apunten en el sentido del éxito en las prioridades que se
señalaban: la seguridad pública no mejoró y muchas de las acciones para
alcanzar ese logro estuvieron plagadas de ilegalidad.
En lo que sí cumplió Calderón fue en la parte de su mensaje donde dice
"restablecer la seguridad no será fácil ni rápido, tomará tiempo,
costará mucho dinero, e incluso y por desgracia, vidas humanas".
Efectivamente, ha tomado seis años, y se han multiplicado los gastos de
las fuerzas de seguridad, la tasa de homicidios y la cantidad de
desaparecidos. Y difícilmente alguien puede decir que las cosas están
como en 2006: han empeorado.
Calderón también se comprometía en avanzar "sustancialmente en el acceso
universal a los servicios de salud, en la educación de calidad y en una
reducción sustantiva de la pobreza extrema". De los tres puntos, parece
que al mandatario saliente se le olvidaron los dos últimos: ahora
solamente presume el tema de la salud.
Sin embargo, habría que revisar si la supuesta cobertura universal de
salud realmente lo es, sobre todo a la luz de lo publicado el 14 de
octubre de 2012 por Grupo Reforma, en su suplemento Enfoque: con el
doble de presupuesto que otros sexenios, durante el que está por
finalizar se construyeron menos unidades médicas.
La cosa no para ahí. Enfoque revela que "las cifras oficiales indican
que el acceso a los servicios de salud no mejoró". Peor aún, el
reportaje también señala que se construyeron clínicas y hospitales, pero
no se dotó de personal ni de equipo.
En cuanto a la pobreza, el 21 de marzo de 2012, José Luis de la Cruz
Gallegos, director del Centro de Investigación en Economía y Negocios
del Tec de Monterrey, dijo que al finalizar el sexenio México tendrá 60
millones de pobres, 15 millones más que al inicio de la administración
calderonista.
"Así, claramente mis prioridades serán: seguridad para los mexicanos,
superación de la pobreza y creación de empleos en México... Me propuse y
seré el Presidente del Empleo en México". Así lo decía Calderón hace
seis años. Previamente se había comprometido a que se crearían un millón
de empleos anuales (MURAL, 03/05/06). Muy corto se quedó en la meta, ya
que no fueron seis millones de empleos y apenas se superaron los dos
millones.
Podríamos seguir con el análisis del mensaje presidencial pronunciado
hace 2 mil 191 días, pero no modifica la conclusión: Calderón hizo
promesas que -por mucho- no cumplió.
Hasta aquí algunas citas y datos que llegan a la misma conclusión que
Ernesto Núñez en su libro. Pero él nos ofrece otro camino: con
información documentada, aunque poco conocida, y de manera amena, nos
narra con detalle episodios determinantes en el sexenio que está por
concluir. Ahí se puede tener una gran aproximación al talante de
Calderón y la forma como decidió durante estos seis años.
Muy distantes del aplomo que pretende proyectar Calderón en sus
discursos quedan las vacilaciones, debilidades e inseguridades que nos
muestra el libro de Ernesto Núñez; tan distantes como lo están sus
logros respecto a lo que prometió.
rogelio_campos@yahoo.com
Twitter @camposrogelio
Ayer,
Felipe Calderón anunció una iniciativa con el propósito de cambiar el
nombre de nuestro país, de Estados Unidos Mexicanos a México. No es un
asunto novedoso: el Diario de los Debates del Congreso Constituyente
1916-1917 registra la rica discusión en torno a ese tema.
En la octava sesión ordinaria (11/dic/1916), la Comisión de reformas a
la Constitución presentó la propuesta de cambiar el nombre Estados
Unidos Mexicanos (EUM), planteado por Venustiano Carranza, por el de
República Federal Mexicana.
La Comisión -al igual que Calderón- consideró que EUM era una imitación
al vecino país del norte. Con una claridad y sencillez extraordinarias
plantearon que nuestros vecinos -contrariamente a nosotros- sí tenían
razones para haber adoptado esa denominación (EUA) en virtud de su
origen: trece colonias autónomas que se asentaron en esos territorios.
Otro argumento que retoma Calderón -expresado igualmente por la Comisión
en 1916- es que la denominación EUM "no traspasó los expedientes
oficiales para penetrar en la masa del pueblo; que el pueblo ha llamado y
seguirá llamando a nuestra patria 'México' o 'República Mexicana' y con
estos nombres se le designa en el extranjero" (Diario de los Debates).
Sin embargo, la Comisión integrada por Francisco J. Múgica (Michoacán),
Alberto Román (Veracruz), Luis Monzón (Sonora), Enrique Recio (Yucatán) y
Enrique Colunga (Guanajuato) fue derrotada. Los acusaron de
conservadores y de atentar contra el espíritu federalista. Los
constituyentes Luis Manuel Rojas (Jalisco), Fernando Castaños (Durango),
Félix Palavicini (Tabasco), Rafael Martínez de Escobar (Tabasco) y
Alfonso Herrera (Distrito Federal), entre otros, fueron los abanderados
de la propuesta que a la postre triunfó: que el país se llamara Estados
Unidos Mexicanos.
El resultado fue de 56 votos a favor del nombre República Federal
Mexicana y 108 votos en contra, que en realidad respaldaban la propuesta
de Carranza, primer jefe encargado del Poder Ejecutivo de la
federación. La "línea" pesó.
El fondo del debate de hace 96 años se encuentra en que los partidarios
del término EUM asociaban la denominación con el federalismo y con la
autonomía de los estados. Ellos asociaban el término república al
centralismo y decían que esa figura no implicaba un sistema federal.
Los que estaban por República -Federal- Mexicana decían que EUM era una
copia de los norteamericanos y que no permeaba en la población.
Argumentos muy similares a los que revive Calderón casi un siglo
después.
De alguna forma, quienes aprobaron la denominación que actualmente
tenemos -EUM- se equivocaron. El término no ha permeado y sí es una vil
copia de los norteamericanos, pero lo peor es que de federalismo -un
siglo después- hay muy poco, y lo poco es sumamente nocivo, porque los
gobernadores empezaron a actuar como virreyes desde el "gobierno"
foxista.
Es un caso parecido al Municipio Libre, que solamente existe para
endeudarse y hacer tropelías. Queríamos combatir a los caciques que
controlaban los estados y ahora tenemos muchos caciquitos que cobran
tributo como grandes, pero nada controlan.
Quisimos hacer un híbrido entre el municipio -de origen español- y la
entidad federativa -de origen norteamericano-, sin incorporar figuras
como el condado o los gobiernos metropolitanos. Actualmente hay cientos
de municipios que no cubren siquiera el requisito de contar con el
mínimo de población, pero sí tienen presidente "monecipal" y regidores,
¡faltaba más!
El nombre no trajo federalismo. De hecho, hay estados unitarios o
centralistas que tienen un mayor grado de descentralización que México,
como son los casos de España y Japón.
Pretender el cambio de nombre oficial a México, como lo propone
Calderón, es simplista y no es sensato. Todos decimos Brasil, aunque
oficialmente se llama República Federativa del Brasil. Es el mismo caso
con Suiza, cuyo nombre oficial es Confederación Helvética (CH). Igual
ocurre con Alemania, que oficialmente se llama República Federal
Alemana. La lista de este tipo de ejemplos sería larga.
Tenía razón la comisión del Constituyente de 1916-17. Deberíamos
llamarnos oficialmente República Federal Mexicana, e informalmente,
México.
rogelio_campos@yahoo.com
Twitter @camposrogelio
Hace
seis años, Felipe Calderón iniciaba su sexenio en un ambiente de
crispación. Después de unas elecciones con un resultado sorprendente por
la escasa diferencia -oficial- entre el primer y segundo lugar,
Calderón tuvo que entrar por la puerta de atrás para tomar protesta en
San Lázaro.
Las últimas semanas de su sexenio terminan de manera catastrófica. Bajo
la administración calderonista, el país ha bajado su posición en
prácticamente todos los índices que miden cuestiones como desarrollo
humano, paz, Estado fallido, competitividad, etcétera.
Felipe Calderón llegó de manera muy apretada a la Presidencia de la
República postulado por el PAN, partido que cayó al tercer lugar en la
elección presidencial de 2012. Durante el sexenio calderonista, el
balance del número y tamaño de estados gobernados por panistas también
fue desastroso.
En lo que parecería una depresión por dejar el cargo, Calderón ha
mencionado en por lo menos un par de ocasiones que tiene que darse prisa
en la inauguración de obras "antes de que la carroza se le convierta en
calabaza" (Mural, 28/mar y 01/nov/2012).
Un sexenio marcado por el incumplimiento de la principal promesa de
campaña: la generación de más y mejores empleos. También marcado por el
impresionante aumento de los homicidios y de la violencia. Por si lo
anterior fuera poco, los organismos internacionales que protegen los
derechos humanos hacen manifestaciones muy preocupantes acerca del
dramático deterioro de los derechos humanos en México.
Sin embargo, todo eso parece que a estas alturas no le preocupa mucho a
Calderón. Él trató a toda costa de encontrar algún sello distintivo -y
positivo- de su paso por el poder. Así, los últimos meses se empeñó en
decir que el suyo había sido el sexenio de la infraestructura y que lo
construido le había cambiado el rostro a México.
Sin embargo, el Foro Económico Mundial dice que ese "gran esfuerzo" en
realidad no fue tanto. En el Índice de Competitividad de 2006 (año en
que asumió Calderón), México se encontraba en el lugar 64 por la calidad
y desarrollo de su infraestructura. En el índice 2011-2012 nuestra
infraestructura se ubica en el lugar 66.
El sexenio que termina también estuvo marcado por la muerte de dos
Secretarios de Gobernación, ambos en accidentes aéreos. En los dos casos
surgieron interpretaciones sobre el adecuado mantenimiento de las
aeronaves oficiales, pero la versión oficial indica en otra dirección.
El pasado 26 de octubre, MURAL publicó "Indaga PGR en hangar corrupción y
robos". La nota reporta una situación caótica y corrupta en el manejo
de las aeronaves de la PGR. Si así se manejan las aeronaves oficiales,
es probable que las accidentadas no tuvieran un mantenimiento adecuado.
La situación es más grave: la nota confirmaría que la Procuraduría
General de la República, uno de los brazos en el combate contra las
drogas, está podrida en su interior. Otro de los brazos en la guerra
contra el crimen organizado es la Secretaría de Seguridad Pública, SSP,
cuyos elementos atacaron un vehículo con placas diplomáticas y tuvieron
una refriega en pleno aeropuerto capitalino. El titular de la SSP ha
sido señalado por hacer montajes televisivos con varias detenciones.
¿Esas son las corporaciones federales ejemplares? ¿Esos son los policías
certificados que combaten el crimen organizado?
Otro de los brazos que se ha utilizado contra el crimen organizado son
las fuerzas armadas. Durante el presente sexenio han desertado 44 mil
militares. Cabe mencionar que el número de efectivos de nuestras fuerzas
armadas asciende a 250 mil.
Cifras y datos preocupantes, pero quizás no tanto para Calderón, que se
toma un fin de semana para ir al Gran Premio de Fórmula 1 en Austin,
Texas, allá donde podría ser profesor huésped, con la resistencia de
algunos miembros de esa comunidad académica.
Previo a cruzar la frontera, una gira por Tamaulipas como muchos
mexicanos quisieran andar: escoltados, pero él nada menos que por
aviones de la Fuerza Aérea Mexicana. A dos semanas de concluir su
sexenio, Calderón comparte gustoso las fotos de los aviones escolta...
lo hace -literalmente- en las nubes.
rogelio_campos@yahoo.com
Twitter @camposrogelio