viernes, 7 de septiembre de 2012

Espectacular abuso

Hace algunas semanas, en el camellón de la Avenida Lázaro Cárdenas, decenas de árboles fueron brutalmente mutilados. Coincidentemente, los principales favorecidos de este crimen serían los propietarios de los anuncios espectaculares de la zona, que ahora, sin "el estorbo de los árboles", ya pueden ser vistos con mayor facilidad por los automovilistas.

Sucede que el paisaje urbano es un valor ambiental, formado por elementos naturales y culturales que configuran la imagen de una ciudad. El paisaje urbano es un bien colectivo y es un valor jurídicamente protegible. En algunas ciudades, como Barcelona, España, el paisaje urbano es definido como un elemento digno de protección que responde a la conciencia cultural y estética de sus habitantes.

La publicidad exterior es un negocio privado -que beneficia a pocos- con cargo al paisaje urbano: distrae a los automovilistas genera contaminación visual y ahora también propicia la tala de árboles. La industria de la publicidad exterior está reñida con la responsabilidad social.

Debemos, pues, exigir un plan para ordenar y abatir al mínimo los espectaculares en la Ciudad. Entre otras acciones, urge contar con un censo real de todos los espectaculares (legales e ilegales), retirar aquellos que no cuentan con autorización o que no han pagado los refrendos o renovaciones, establecer una veda que nos lleve a que no haya un espectacular más, elevar considerablemente el costo de las licencias y cobrar una tasa de impuesto predial significativamente más alta para las propiedades que tengan instaladas las estructuras.

Tiene que haber un diagnóstico sobre la cantidad de espectaculares que soporta el paisaje urbano de la Ciudad e iniciar con un programa gradual que permita el retiro progresivo, hasta llegar a la meta propuesta.

Otro asunto importante es el de los contenidos. Las televisoras tienen restricciones para transmitir anuncios: no hay lugar para bebidas alcohólicas antes de las 10 de la noche y los anuncios de tabaco no se transmiten en horarios destinados a todo el público. Está prohibido anunciar cantinas y la publicidad que ofenda la moral, el pudor y las buenas costumbres. Las restricciones tienen como finalidad evitar que los menores de edad estén expuestos a esos mensajes.

Y sin embargo, con los espectaculares no existen restricciones. Ahí están, expuestos a todo el público, incluyendo los menores de edad: alcohol, cigarrillos, cantinas y -no podían faltar- los table dance.

Cuando el individualismo se impone al colectivismo, resulta normal que un particular instale en su propiedad lo que le venga en gana y se le permita la explotación del paisaje urbano. Cuando se desprecian los bienes públicos es perfectamente entendible que no se tenga noción del paisaje urbano y mucho menos se pretenda defender.

En otros países hay múltiples ejemplos sobre las acciones emprendidas por la sociedad y las autoridades para combatir la publicidad en el espacio público, en el paisaje urbano. En Nueva York el colectivo Stay Free! lanzó un boletín periódico con un mapa de contaminación visual en Manhattan. También en Estados Unidos están Scenic America y Billboard Front Liberation.

En Canadá, Black Point denuncia el abuso de la publicidad que ocupa el espacio público; en España existe el grupo "Resistencia a la Agresividad Publicitaria" y en Francia "Resistencia Antipublicidad".

Hay otros casos donde el Gobierno ha tomado el toro por los cuernos con medidas radicales. En 2006, en la ciudad brasileña de Sao Paulo se aprobó la ley Cidade Limpa. La ley está en contra de la publicidad en espacios públicos: espectaculares, vallas, taxis y autobuses. A principios del 2007 se iniciaron los trabajos para quitar todos los espectaculares de una de las 10 ciudades más grandes del mundo, caracterizada por su dinamismo industrial, comercial y financiero.

Esta semana, seis años después de la aprobación de esa ley, un juez resolvió que es inconstitucional. Habrá que ver si la resolución judicial es definitiva, pero en todo caso el ejemplo de Sao Paulo y de otras urbes deja en claro que hay muchas cosas por hacer en materia de publicidad exterior y que lo peor que puede pasar es quedarnos cruzados de brazos ante la magnitud del problema.



rogelio_campos@yahoo.com

Twitter @camposrogelio

viernes, 31 de agosto de 2012

Lástima y lastima

Para destacar el exitoso desempeño económico de México, las autoridades presumen y comparan cifras sobre la inversión extranjera, el Producto Interno Bruto, las exportaciones y la tasa de desempleo. Sin embargo, hay temas, como el salario mínimo, que por años se han evitado y hasta olvidado. De eso no habla el Gobierno, pero tampoco la sociedad. En este asunto no hay nada que presumir y no se compara con el de otros países porque el resultado es tan escalofriante como bochornoso.

En 1970, la Organización Internacional del Trabajo adoptó un convenio que obligaba a los países firmantes a establecer un sistema de salarios mínimos. México lo ratificó en 1973. La Constitución establece que el salario deberá ser suficiente para satisfacer las necesidades normales materiales, sociales y culturales de un jefe de familia y para proveer la educación obligatoria de sus hijos.

México es la décimo tercera economía en el mundo, y resulta ilógico que el salario mínimo mensual apenas llegue a los 136 dólares. Somos la vergüenza de Latinoamérica, ya que muchos nos superan, comenzando con Nicaragua (145) y República Dominicana (150). Por arriba de los 200 dólares se encuentran Guatemala (228), Perú (280), Ecuador y Colombia (292), y Honduras (300).

Superan los 300 dólares Brasil y Uruguay (350), Paraguay (372), Costa Rica (375), Chile (386) y Argentina, con un salario mínimo superior a los 500 dólares. Ni hablar de la disparidad salarial con nuestros socios del TLCAN. Algo ha estado pasando en el resto del continente que les ha permitido elevar el salario mínimo: lo que sea, no ha ocurrido aquí.

Las sanciones económicas que establecen nuestras leyes tienen como punto de referencia el salario mínimo. Resulta lógico que esas multas sean irrisorias cuando la referencia es tan baja. El paupérrimo aumento anual al salario mínimo también ha servido de base para fijar las percepciones en el sector público, condenando a la mayoría de los burócratas a tener bajas remuneraciones.

En estas semanas se ha discutido con intensidad sobre la compra del voto en las elecciones de julio. Resulta lógico, más no justificable, que a menor salario sea más fácil que alguien venda su voto. Nos hemos quedado en la consecuencia y olvidado de la causa. Queremos democracia desarrollada cuando el salario mínimo corresponde a la mitad del que tienen en Ecuador. Quizás los mexicanos aprecian las instituciones -y a su país- en la misma medida que éstas valoran su trabajo.

Así como se celebró el surgimiento de #YoSoy132, que buscó la democratización de los medios, debemos cuestionarnos por qué no ha surgido un movimiento que exija llevar el salario mínimo a los niveles de América Latina.

A pesar de que el alcance que debe tener la mínima remuneración está elevado a rango constitucional, y sobre todo a la luz de la comparación con otros países, en este tema los defensores de las instituciones y del Estado de Derecho brillan por su ausencia.

Los indicadores macroeconómicos que tanto se presumen no han sido suficientes para elevar el salario mínimo al nivel de Latinoamérica. Probablemente los bajos salarios son los que nos han permitido lograr las abstractas metas presumidas.

¿Cuántas inversiones atraemos por la mala paga y hasta qué grado nuestra "competitividad" está cimentada en los pobres sueldos que nos permiten vender barato? Los empresarios y el Gobierno recurren al argumento de que son pocas las personas que sólo ganan un salario mínimo, pero aun ganando tres veces ese monto apenas equivale al mínimo de Costa Rica.

Prometer empleos bien -o mejor- pagados es promesa recurrente de los políticos. Calderón no fue la excepción en 2006; tampoco Peña Nieto en 2012. Es una promesa tramposa que evade el compromiso fundamental y el principio para poder cumplirla: elevar el salario mínimo.

Tomará mucho tiempo alcanzar a países que superan los 200 dólares mensuales, y ni hablar de los que superan los 300 ó los 500. Y más nos vamos a tardar si no empezamos a discutirlo seriamente y a la brevedad.

No faltarán los tecnócratas e intelectuales que busquen explicaciones para el bajo nivel que tenemos en este rubro. Yo digo que los salarios corresponden, en gran medida, al grado de vergüenza y dignidad de las naciones.


Twitter @camposrogelio

rogelio_campos@yahoo.com

viernes, 24 de agosto de 2012

Papelito habla

En el álgido enfrentamiento entre Los Pinos y MVS ha salido a relucir el peculiar estilo de negociar del actual gobierno, pero también el de la clase empresarial. A 99 días del fin de su gestión, Calderón añade otro eslabón a su larga cadena de derrotas.

Buen tribuno y polemista, Calderón siempre escogió la palabra hablada como su mejor arma, pero la mayoría de las veces fue derrotado por los números y, sobre todo, por los documentos.

Este caso no fue la excepción. En la batalla de dimes y diretes entre Vargas y los voceros calderonistas, el empresario sí presentó evidencia documental, mientras que los funcionarios básicamente aportaron dichos.

Este escándalo tuvo un detonante: el señalamiento del supuesto alcoholismo de Calderón, hecho que fuera retomado y editorializado por Carmen Aristegui. En Los Pinos se sintieron ofendidos, y así lo demuestran los documentos exhibidos por Joaquín Vargas. En aquella ocasión, la corte presidencial no daba crédito a lo dicho por la periodista, que equivocadamente trasladaba la carga de la prueba al señalado, en este caso el Primer Mandatario.

Los peones y alfiles calderonistas exigían una disculpa pública y pensaron que para diluir los señalamientos bastaría el dicho de que el Presidente hace ejercicio. Una estrategia similar adoptó Emilio González Márquez durante sus giras proselitistas a diversos estados del país: cuando le preguntaban si tenía problemas con el alcohol, contestaba diciendo que hacía ejercicio.

La soberbia de los gobernantes mexicanos les hace pensar que su salud y posibles adicciones no son de interés público. Creen que una vez instalados en la silla, nadie debe conocer si hay riesgos de que puedan abandonarla antes de tiempo o si cuentan con la lucidez necesaria para tomar decisiones. Su altivez los lleva a creer que con sus dichos pueden disipar las dudas.

En la Unión Americana, los presidentes se someten a un examen médico periódicamente. En el sitio de internet de la Casa Blanca, http://www.whitehouse.gov/sites/default/files/rss_viewer/potus_med_exam_feb2010.pdf, se puede consultar el penúltimo examen al que se sometió Barack Obama, y el último se encuentra en http://www.nationaljournal.com/whitehouse/full-text-memo-from-doctor-on-obama-s-physical-exam-20111031.

Se puede observar que Obama fumaba siendo Presidente; constan sus esfuerzos y éxito para dejar el tabaco, y también dice que bebe alcohol ocasional y moderadamente. Hay más datos: frecuencia cardiaca, presión arterial, masa corporal, estatura, peso. También están los niveles de glucosa, colesterol y triglicéridos; historial de cirugías, y resultados de estudios orientados a detectar cáncer de próstata y colo-rectal. El examen contiene los medicamentos que toma y otra serie de datos médicos y recomendaciones.

Allá, la carga de la prueba sí corresponde al Presidente en turno, pero no se espera a que le hagan cuestionamientos: toma la iniciativa, se somete a una evaluación periódica y se publica el papelito con los resultados. Los exámenes de Bush Jr. evidenciaban su sobrepeso y el riesgo de cáncer en la piel.

Acá las cosas son diferentes. La palabra del inquilino de Los Pinos, replicada por su corte, debe ser suficiente para convencer. ¿Para qué recurrir a la ciencia o a los documentos si con el dicho presidencial basta? Olvidémonos de los elementos que dan certeza, quedémonos con la creencia.

El escándalo de MVS tiene otro elemento esencial: las prácticas exhibidas para limitar la libertad de prensa. "Hoy México, a pesar de sus problemas, tiene una libertad de prensa y de expresión que nunca se había visto". Son palabras de Calderón en la ceremonia de entrega del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010.

Estas palabras se estrellan contra otro documento, el Índice de Libertad de Prensa de la organización internacional Reporteros sin Fronteras (http://es.rsf.org/). Entre 179 países evaluados, México se encuentra en el lugar 149 del índice. Con Calderón, las cosas empeoraron en este rubro.

Joaquín Vargas, Barack Obama y Reporteros sin Fronteras muestran documentos para probar la presión del gobierno, su estado de salud y la libertad de prensa, respectivamente... Calderón desdeña los papelitos y siempre apuesta por los dichos. ¿A quién creerle?


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