El
próximo domingo se encontrarán los candidatos a la Presidencia de la
República en el primer debate organizado por el IFE. La autoridad
electoral organizará uno más el 10 de junio. ¿Cómo llegan los candidatos
al debate y qué expectativas tienen?
Ya se han ido 36 de los 90 días que dura la contienda. En esta primera
de tres partes las preferencias electorales han cambiado lo suficiente
para revelar que -hasta ahora- la disputa es por el segundo lugar.
Considerando el promedio de encuestas públicas, realizadas por empresas
prestigiadas, Josefina Vázquez Mota inició 17 puntos abajo de Enrique
Peña Nieto, y ahora está a 22. Andrés Manuel López Obrador inició a 9
puntos de la candidata panista y ahora está a 3.5 puntos y dentro del
margen de error, que lo ubica en un empate técnico con la panista.
El 25 de abril del 2000 se celebró el debate entre seis candidatos:
Vicente Fox, Francisco Labastida, Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz
Ledo, Gilberto Rincón y Manuel Camacho. Fox venía a la alza, pues estaba
6 puntos debajo de Labastida en noviembre de 1999, pero en abril -mes
del debate- ya se hallaba en un empate técnico con el priista.
El debate le sirvió a Fox para acelerar su tendencia alcista. Tan es
así, que se negó a un debate con Labastida, aunque el 26 de mayo sí se
desarrolló un segundo debate, sólo entre los tres principales candidatos
(Fox, Labastida y Cárdenas). Éste sí fue transmitido por TV Azteca.
El 25 de abril del 2006 se celebró el primer debate entre cuatro
candidatos: Felipe Calderón, Roberto Madrazo, Patricia Mercado y Roberto
Campa. López Obrador no asistió. Al igual que Fox, Calderón venía a la
alza, ya que en noviembre del 2005 se encontraba a 7 puntos de AMLO,
pero en abril ya estaba en empate técnico con el perredista. El debate
sirvió a Calderón para ya no bajar y consolidar el empate técnico -hasta
el final- con AMLO.
Los debates de las últimas elecciones han servido como impulso para el
candidato que trae una tendencia alcista. También han valido para el
crecimiento de candidatos que, antes de las campañas, no son conocidos
por el grueso de la población, como en los casos de Gilberto Rincón
(2000) y Patricia Mercado (2006).
De manera que, atendiendo a la historia reciente, los más beneficiados
pueden ser Andrés Manuel López Obrador y Gabriel Quadri. AMLO es el
único que registra una tendencia alcista; además, tiene muchas tablas y,
contrario al 2006, no arriesga una ventaja. Quadri no tiene qué perder,
y por tanto podría duplicar -con cierta facilidad- sus preferencias.
Peña Nieto sabe que será el blanco de Vázquez Mota y de AMLO, pero su
amplia ventaja le permitiría esquivar los ataques sin registrar una
drástica caída, siempre y cuando no le pase algo similar a lo que
ocurrió en la FIL.
Para quien no pinta nada bien el debate es para la candidata panista,
quien viene a la baja y la persigue el estigma de que las cosas,
simplemente, no le salen bien. Un extraordinario desempeño de la
candidata, cuando mucho, le serviría para situarse donde se encontraba
hace un mes.
Los antecedentes recientes tampoco favorecen a la panista. El 31 de
enero acudió a un debate con sus contrincantes, Ernesto Cordero y
Santiago Creel. La candidata llegó como la amplia favorita de las
encuestas y lógicamente fue el centro de los ataques de sus
correligionarios.
Lo que llamó la atención fue la fea forma en que fue sacudida por
Cordero, quien la comparó con Jorge Kahwagi, cuestionando su desempeño
legislativo. Creel no se quedó atrás, y le reclamó que no incorporara
panistas en su equipo.
Los ataques de los precandidatos panistas no sorprendieron tanto como la
mala reacción de Josefina. Tuvo que ser la hija de Vázquez Mota la que,
un día después, arremetiera contra Cordero (MURAL, 2/02/12).
Los que ya tienen definido su voto van a ver ganar a su candidato y
difícilmente aceptarán lo contrario. El voto volátil es el que puede
reacomodarse después del domingo. Tomando en cuenta los antecedentes
recientes y los actuales estudios de opinión, podemos esperar del debate
el ataque, a dos fuegos, hacia el puntero; un Peña Nieto evasivo; una
candidata desesperada por retomar el camino; López Obrador aprovechando
para subir al segundo lugar, y Quadri -por lo menos- duplicando sus
preferencias. Ya veremos.
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Ayer,
MURAL publicó una encuesta sobre preferencias electorales rumbo al 1 de
julio. Se midió la intención de voto de los tapatíos sobre los
aspirantes a ocupar la Presidencia Municipal de Guadalajara y a la
Gubernatura de Jalisco.
Para Guadalajara, Ramiro Hernández (PRI) encabeza las preferencias
tapatías con 49 por ciento, seguido de Alberto Cárdenas (PAN) que tiene
el 35 por ciento. En tercer lugar se encuentran empatados Marisela
Moguel (PRD) y Salvador Caro (PT-MC) con 7 por ciento. Al final, se
ubica César Navarro (PANAL) con 2 por ciento. Cabe mencionar que las
campañas para Presidentes Municipales -que todavía no inician
formalmente- empezarán el próximo domingo y tendrán una duración de 60
días.
No son pocos los sorprendidos por los resultados de ayer, debido a que
ubican a un ex Gobernador -al que se le atribuye carisma- en segundo
lugar. Sin embargo, tampoco es la primera vez que MURAL mide las
preferencias de los tapatíos con resultados muy parecidos a los de ayer
(13/12/2011).
Hace cuatro meses y medio los partidos no contaban con candidatos, pero
sí se midió la preferencia por partidos. Desde esa fecha, el PRI fue el
único partido que perdió preferencias (6 puntos) y todos los demás
ganaron. Los 6 puntos que perdió el PRI se habrían distribuido de la
siguiente forma: PAN 2.5, PRD 0.75, PT-MC 1.75 y el PANAL 1 punto
porcentual.
Si bien es cierto que el PRI arranca con una ventaja de 14 puntos, los
registros indican que en Guadalajara el que inicia en primer lugar no
siempre gana la elección. En dos de las últimas tres elecciones ganó
quien había iniciado en segundo lugar.
En 2003, Emilio González Márquez logró remontar la ventaja de 23 puntos
que en abril le llevaba Jorge Arana. En abril del 2006, Alfonso Petersen
(47) aventajaba ligeramente a Leobardo Alcalá (45) y entonces no hubo
remontada. En 2009, Aristóteles logró el triunfo, pero tuvo que venir de
atrás, porque en abril estaba en 46.6, mientras que Jorge Salinas tenía
50 puntos de preferencias.
Un factor que ayuda al priista Ramiro Hernández radica en el hecho de
que las preferencias para Presidente de la República y para Gobernador
favorecen -hasta la fecha- ampliamente a su partido, y que en una
elección de Gobernador o Presidencial, el partido ganador se lleva todo.
Así ocurrió con César Coll (Alberto Cárdenas), Fernando Garza
(Francisco Ramírez) y Alfonso Petersen (Felipe Calderón-Emilio
González).
También hay que abonar a favor del abanderado tricolor que tiene mejor
calificación que Alberto Cárdenas (6.65 vs 6.39) y menos opiniones
negativas (18 vs 23). Ramiro Hernández apenas se encuentra por debajo de
Aristóteles en las preferencias de los tapatíos (51.6 vs 49), de manera
que si no le aporta a su candidato a la Gubernatura, tampoco le resta, y
más bien le propicia estabilidad en la Capital.
El candidato panista tiene a su favor que el electorado tapatío ha dado
muestras de cambiar de preferencias entre abril y julio. También es un
candidato más conocido que el puntero (71 vs 57) y tiene mayor
porcentaje de opiniones positivas (48 vs 39). Cárdenas está muy por
encima de Fernando Guzmán en las preferencias de los tapatíos (35 vs
14.6). Los números indican que Guzmán no ayudaría a crecer la
candidatura de Cárdenas.
La encuesta de MURAL también midió las preferencias de los tapatíos para
la elección de Gobernador. Los electores de la Capital del Estado
representan el 25 por ciento de los que tiene Jalisco.
El candidato priista se encuentra a la cabeza (51.6), con una ventaja de
casi 25 puntos sobre su más cercano perseguidor. El problema para
Acción Nacional es que Enrique Alfaro (26.96) es quien ocupa el segundo
lugar, y le saca una ventaja de 12 puntos a Fernando Guzmán (14.6).
El porcentaje de votos tapatíos que en el 2006 obtuvo Emilio González
Márquez fue de 48.38, mientras Arturo Zamora obtuvo el 43.80.
En los últimos seis años, en Guadalajara, el PAN habría perdido casi 34
puntos, que se han transferido de la siguiente forma: casi 8 para el PRI
y 26 a Enrique Alfaro, quien no le habría quitado votos al PRD, que
permanece estable del 2006 a la fecha (6.16 vs 5.6); la totalidad de
preferencias que Alfaro tiene en Guadalajara se las arrebató al PAN.
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Cada elección es diferente, y particularmente el proceso electoral que vivimos es inédito porque está regulado por un marco normativo que nunca antes había sido puesto a prueba. En este escenario cabe preguntarse qué puede pasar para que las tendencias electorales se modifiquen y la elección sea competitiva.
En 2006 las campañas -formalmente- duraron casi 160 días; en esta ocasión solamente 90. A estas alturas hace seis años los candidatos llevaban tres meses en campaña; en esta ocasión apenas llevan veintiún días. Aquella parecía más una carrera de resistencia y ésta podría parecer una de velocidad.
Una campaña larga, como la de 2006, permite a los candidatos visitar más ciudades y tener más reuniones -cerradas o abiertas- con simpatizantes y grupos organizados. En una campaña corta se privilegia la presencia en medios de comunicación.
Otra diferencia importante radica en los spots. Hace seis años, varios organismos y algunos membretes golondrinos contrataron la difusión de anuncios que atacaban al candidato puntero. En esta ocasión eso no es posible: los partidos son los únicos que pueden transmitir mensajes en radio y televisión.
La cantidad de spots que se transmite tiene cierta relación con los resultados que obtuvieron los partidos en la elección de 2009: mejor resultado, mayor cantidad de anuncios. En esa elección el PRI-PVEM obtuvo el 44 por ciento de los votos, PAN 28, PRD-PT-MC 18 y el Panal 4.5 por ciento. Es el mismo caso del financiamiento público: los partidos cuentan con mayores recursos en la medida de su resultado en 2009.
Hay otros spots que, a diferencia de 2006, no han aparecido en estas campañas: los gubernamentales. Las nuevas reglas prohíben -durante las campañas- la difusión de logros de los gobiernos (municipales, estatales y federal).
Sin duda, a quien más le afecta esta disposición es al partido en el poder. Desde el inicio de la administración calderonista se han ejercido 25 mil millones de pesos en publicidad. La cantidad a repartir en 2012 entre todos los partidos es de 5 mil 345 millones de pesos... cifra un poco menor de los 5 mil 566 millones que el gobierno federal gastó en publicidad en 2011 (MURAL, 24/12/2011).
Estos tres factores: spots y dinero repartidos de acuerdo con la votación de 2009, y la ausencia de publicidad gubernamental durante las campañas, favorecen al candidato puntero y perjudican especialmente a la candidata del partido en el poder.
Lo anterior tiene relación con lo que hasta ahora vienen reflejando los estudios de opinión: la consolidación de la ventaja del abanderado tricolor y la baja en las preferencias de la candidata panista.
Con campañas de menor duración que en otros procesos electorales (quedan 68 días) y las limitantes que imponen las nuevas reglas, ¿cómo acortar distancias -o remontarlas- en poco menos de siete semanas?
Queda claro que no será con propuestas: los planteamientos de los candidatos no han podido entusiasmar al electorado. Una vertiente está en los ataques: tratar de horadar la candidatura del puntero. Así se explica la ofensiva panista que pone en duda el cumplimiento de los compromisos de Peña Nieto como gobernador, y la ofensiva de AMLO que cuestiona los gastos de campaña del abanderado tricolor. No se puede descartar una embestida que tenga su origen en el Gobierno federal. Las mediciones que tienen los candidatos y las que se publican permitirán conocer si los ataques son exitosos.
La otra vertiente son los debates, en los que Peña Nieto sufrirá la embestida de sus rivales. El 6 de mayo y el 10 de junio Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador jugarán sus mejores cartas para acercarse al candidato priista.
El impacto de los debates trasciende los minutos de duración en los que se encontrarán. Después vendrán "los debates del debate", en los que se puede abrir una discusión más rica y profunda.
Después del 6 de mayo, si alguno de los que persiguen al puntero se anota un claro triunfo, las campañas pueden tomar un ritmo frenético y la elección puede ser competitiva. De lo contrario, el segundo debate despertará menos interés que el primero y será menos factible que se recorten las distancias. Los debates son la esperanza que les queda a los que persiguen al puntero.
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