En el marco de la clausura de los Juegos Panamericanos, el Gobernador de Jalisco reiteró "¡Ahora, vamos por las Olimpiadas!". La pregunta obligada es ¿sabemos cuánto cuestan unos Juegos Olímpicos?
Según el presidente del Comité Olímpico Brasileño (COB), China erogó 70 mil millones de dólares (Terra, 27/09/2011). Con lo gastado se podrían organizar 93 Panamericanos como los de Guadalajara.
Si queremos unos juegos "más austeros", podríamos gastar lo que Grecia en 2004. Los griegos desembolsaron 14 mil 400 millones de dólares (MURAL, 14/02/2010). La nota -también del New York Times- recoge lo que otras publicaciones: que ese gasto podría ser "el origen de los problemas fiscales potencialmente desestabilizantes de Grecia". Problemas que se han extendido a toda Europa.
En los Juegos Olímpicos se rompen récords, sobre todo de presupuestos. Cuando Londres trataba de ganar la sede, se manejó la cifra de 3 mil 200 millones de dólares. Después subió a 15 mil 800 millones (El Informador, 23/07/2008). Pero recientemente se habla de una cantidad diez veces mayor a la inicial: 32 mil 700 millones de dólares (Forbes, 8/05/2011).
Los Olímpicos de Río de Janeiro en 2016, según el presidente del COB, superarán los 15 mil millones de dólares, cifra similar a lo que gastó Grecia y equivalente al 15 por ciento de la deuda externa pública de México. Seguramente la cifra aumentará conforme se acerque la justa deportiva, tal como ha sucedido en todos los casos.
Pero vayamos por partes: para aspirar a ganar la sede una ciudad debe ser candidata y competir con otras ciudades. Madrid lo ha intentado en varias ocasiones; para los Olímpicos de 2016 gastaron -de 2006 a 2009- 37.8 millones de euros, casi 700 millones de pesos; 55 por ciento financiados por patrocinadores privados y el resto por fondos públicos (AS, 08/10/2009). La ciudad española perdió la competencia y ese dinero se fue a fondo perdido.
Lo gastado en promocionar la candidatura de Madrid equivaldría a una sexta parte de la construcción de todos los estadios de los Panamericanos de Guadalajara 2011; también equivale al 60 por ciento de lo que se requiere -y no tenemos- para reparar los daños de Jova.
¿Para qué buscar una sede panamericana u olímpica? Se habla del legado en instalaciones y de los grandes beneficios que a la larga genera este tipo de "inversiones".
Según nota del New York Times, 21 de los 22 estadios construidos para Atenas 2004 eran reportados en 2009 como "elefantes blancos". En Beijing, el famoso Cubo de Agua poco a poco cambió a salón de conciertos con show de luces y como parque acuático bajo techo. En el icónico Nido de Pájaro, con capacidad para 91 mil personas, se realizó un concierto de ¡Jackie Chan!, un partido de futbol italiano, una ópera y una presentación de canciones clásicas chinas. Sin embargo, el equipo de futbol local rechazó un trato para convertirlo en su estadio, y "los únicos inquilinos ahora son los turistas que pagan 7 dólares para visitar la tienda de souvenirs" (MURAL, 14/02/2010). Todo esto en un país que es una potencia olímpica en cosecha de medallas.
Respecto a los beneficios a largo plazo, un estudio de la Universidad de Indiana establece que "cualquier inversión en mega eventos deportivos no genera ningún beneficio, ya que los estudios realizados a posteriori no aplican correctamente las leyes de la economía" (El Informador, 23/07/2008).
Debemos tomar en cuenta estas cifras, datos y hechos, sobre todo después de conocer que durante los Panamericanos las aguas negras bañaron los departamentos, bodegas y sótanos de la Villa Panamericana (MURAL, 29/10/2011). Además, se colapsaron las tuberías y la planta de tratamiento en una villa que sería ecológica y sustentable.
Uno de los aspectos que califican para que una ciudad aspire a organizar unos Juegos Olímpicos es su propuesta medio ambiental: aquí aportamos el nacimiento de siete lagunas de aguas negras.
Antes de pensar en una Olimpiada, nuestras autoridades deberían de realizar -ya- una ¡Oh! limpiada, pero del excremento vertido a cielo abierto en las colindancias del Bosque de La Primavera y sus mantos freáticos.
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El público es muy importante en una competencia deportiva: sus porras, arengas y expresiones de júbilo pueden ser un impulso adicional para los competidores. En ese sentido, los Juegos Panamericanos han sido una oportunidad de proyectar la imagen de la Ciudad sede, de sus tradiciones y también de su gente. En el caso de Guadalajara 2011, hay que reflexionar sobre las causas de algunas actitudes y escenas recurrentes que el público asistente ha proyectado al mundo.
La más reciente e importante competencia deportiva organizada por México -antes de estos Panamericanos- fue la Copa Mundial de Futbol (1986). Entonces el público entonaba alegremente el Cielito Lindo y también el "chiquitibum a la bim bom bam".
Años después, en el Mundial de Francia 1998, se pasó al ¡Sí se puede!, y de ahí, sin saber por qué ni cómo, pasamos a insultar a los adversarios. Entre el ¡Sí se puede! y los insultos -para el Mundial de Sudáfrica 2010- se nos dijo que era tiempo de pasar al ¡Ya se pudo!, pero... no se pudo.
Hace tiempo, en Guadalajara lamentablemente nació la ocurrencia de ofender al unísono al rival. Cuando el portero de futbol se dispone a despejar, la muchedumbre levanta los brazos, agita las manos y el estadio acústicamente se convierte en un panal de abejas, con un sonido en aumento "eeeeeeehhhh", y al momento de patear el balón viene la catarsis: "¡Puuuuuto!".
El ejemplo tapatío cundió y ahora es una insana costumbre en todos los estadios de México, y ha traspasado fronteras: el mismo grito se escucha en los estadios de Estados Unidos cuando juega el representativo nacional.
Juan Villoro ha dicho que "uno de los aspectos más importantes del futbol y cualquier deporte, es que sucede no sólo en la cancha, sino en la mente de los aficionados". Villoro lo decía cuando el grito de guerra era el ¡Sí se puede! También ha dicho que "si hubiera un mundial de públicos, México llegaría a la final". Sería interesante conocer su opinión a la luz de estas nuevas manifestaciones.
La expresión de marras no se quedó en el futbol profesional; se ha exportado al deporte amateur y penosamente se ha expresado también en estos Juegos Panamericanos. Los adversarios de los mexicanos han sido el blanco de una tribuna que "apoya" a los paisanos. Ha ocurrido en el futbol, pero también en el voleibol (de sala y de playa), en el tiro con arco y en la pelota vasca, donde un juez tuvo que llamar al orden a los aficionados, logrando solamente atenuar los gritos. Al final, el juez se quejó del comportamiento del público y dijo que podía haber detenido el juego en apego al reglamento.
La desafortunada expresión puede tener explicación en lo que escribió Octavio Paz en "El Laberinto de la Soledad", explicando las causas de humillar al otro con este tipo de palabras y la carga sociológica del albur, que tiene, en muchos casos, una connotación homosexual masculina, considerada con cierta indulgencia cuando se trata del agente activo.
Pero el grito de guerra de estos Juegos no distingue género. Cuando la selección femenil de futbol enfrentó a sus rivales ¡pasó lo mismo! Cada vez que la portera del equipo rival se preparaba para hacer el saque de meta, el estadio se transformaba en circo romano, el público se volvía turba, alzando los brazos y agitando las manos; el sonido -en aumento- de un enjambre "eeeeeeehhh", y justo al momento de patear el balón el espantoso grito: "¡puuuuta!" Así, una y otra vez.
No ha sido el grito de una persona, tampoco de una porra o de un sector del público; tampoco se ha dado como reacción a una dura entrada sobre el rival o a una injusticia arbitral. Hemos cruzado fronteras y ha sido un grito sistemático y de gratis, un "regalo" del público -en su mayoría tapatío- a los deportistas de alto rendimiento que enfrentan a nuestros compatriotas. Ofender por el mero gusto de hacerlo en forma colectiva.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo que "la violencia ofende al futbol como el borracho ofende al vino". La frase es aplicable para todos los deportes. Debemos tomar acciones urgentes para desterrar esta moda y reflexionar, ¡ya!, sobre las causas de tan desafortunadas expresiones.
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Invadido por la euforia panamericana, el Gobernador de Jalisco anunció que, apenas finalicen los Juegos Panamericanos, buscará la candidatura para los Olímpicos. En la entrevista (Loret de Mola, Primero Noticias) donde reveló la aspiración, se le preguntó ¿van por los Juegos Olímpicos de qué año?, y respondió "si ahorita te digo que vamos por las Olimpiadas, las vamos a tener, y esas Olimpiadas pueden ser para el 2020 ó para el 2024".
Según el sitio oficial del movimiento olímpico internacional www.olympic.org, el 24 de mayo del 2011 se lanzó la convocatoria para presentar candidaturas de las ciudades con aspiraciones de organizar los XXXII Juegos Olímpicos en 2020. La convocatoria establece que el 1 de septiembre (hace 51 días) venció ese plazo. El 2 de septiembre se publicaron las seis ciudades que presentaron, en tiempo y forma, su candidatura.
Las ciudades son Bakú (Azerbaiyán), Doha (Qatar), Estambul (Turquía), Madrid (España), Roma (Italia) y Tokyo (Japón). A menos de que el sitio oficial se equivoque, Guadalajara no aparece en la lista.
Las declaraciones del Gobernador parecen más una ocurrencia y reflejan desconocimiento de los procesos para aspirar a organizar una justa deportiva de esas dimensiones. La posibilidad de organizar la Olimpiada en 2020 no existe, a menos que se pueda volver al pasado y presentar la candidatura en los tiempos que fueron publicados.
Ese optimismo desbordado se asemeja al que irradiaba Ivar Sisniega en 1998, cuando era titular de la Comisión Nacional del Deporte. Entonces decía "Guadalajara es la que mejor candidatura presentó y es la que tiene más posibilidades... tenemos la confianza de que se ganará la sede" (MURAL, 21/11/98). Sisniega se refería a la sede de los Panamericanos... del 2003, que finalmente organizó Santo Domingo, República Dominicana.
Posteriormente, Guadalajara fue "candidateada" para los Panamericanos del 2007, pero la Organización Deportiva Panamericana solamente tomó en cuenta a San Antonio, Texas y a Río de Janeiro, optando por la ciudad brasileña. Probablemente no recordamos que Guadalajara ni siquiera estuvo entre las opciones finales, y puede obedecer a que los años previos estuvieron cargados de declaraciones que generaban la gran expectativa de quedarnos con la sede.
Con estos antecedentes, debemos ubicar en su justa dimensión las declaraciones del Gobernador, ya que si bien se logró la sede para 2011, no fue sino hasta después de dos intentos. Si conseguir unos Juegos Panamericanos fue difícil, la tarea de conseguir unos Olímpicos es titánica.
Atenas peleó con todo hacer los Juegos del centenario en el año 2000 y perdió con Atlanta; fue hasta 2004 cuando lo logró. Pekín intentó organizar los Juegos del 2000 y fue en el 2008 cuando lo consiguió. Para los Olímpicos de 2012, que serán en Londres, Río de Janeiro se apuntó, pero ni siquiera pasó a la final. Para 2016, Río compitió exitosamente, pero previamente había perdido (2004 y 2012).
Para 2020, Tokio y Roma van por su segunda oportunidad, Madrid por la tercera y Estambul por la cuarta. No son las únicas ciudades que se han quedado a la orilla (del 2004 a la fecha), a pesar de las ventajas que ofrecen; la lista incluye a Estocolmo, Sevilla, Bangkok, Kuala Lumpur, Osaka, Toronto, París, Chicago, Nueva York, Moscú y San Petersburgo, entre otra decena de candidaturas que no han prosperado.
Guadalajara podría ir por su primer intento serio en 2024 y tendría que ofrecer lo suficiente para competir con la impresionante infraestructura que ofrecen las ciudades que se inscriben en estos procesos. El buen juicio además aconsejaría que se delibere después de un balance y un corte de caja de la experiencia panamericana; una vez que se cuente con los estudios mínimos de viabilidad, el respaldo financiero del Gobierno federal y, sobre todo, el convencimiento de la sociedad, y para conseguirlo no abona la forma en que se anuncia ni la falta de autocrítica en la planeación y organización.
No es imposible, pero un inicio podría ser tomarlo con la seriedad debida y hablando con la verdad. Mucho ayudaría que los promotores empiecen por conocer el calendario para presentar candidaturas, porque un mal inicio es aspirar a algo cuyo plazo ya venció.
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