El público es muy importante en una competencia deportiva: sus porras, arengas y expresiones de júbilo pueden ser un impulso adicional para los competidores. En ese sentido, los Juegos Panamericanos han sido una oportunidad de proyectar la imagen de la Ciudad sede, de sus tradiciones y también de su gente. En el caso de Guadalajara 2011, hay que reflexionar sobre las causas de algunas actitudes y escenas recurrentes que el público asistente ha proyectado al mundo.
La más reciente e importante competencia deportiva organizada por México -antes de estos Panamericanos- fue la Copa Mundial de Futbol (1986). Entonces el público entonaba alegremente el Cielito Lindo y también el "chiquitibum a la bim bom bam".
Años después, en el Mundial de Francia 1998, se pasó al ¡Sí se puede!, y de ahí, sin saber por qué ni cómo, pasamos a insultar a los adversarios. Entre el ¡Sí se puede! y los insultos -para el Mundial de Sudáfrica 2010- se nos dijo que era tiempo de pasar al ¡Ya se pudo!, pero... no se pudo.
Hace tiempo, en Guadalajara lamentablemente nació la ocurrencia de ofender al unísono al rival. Cuando el portero de futbol se dispone a despejar, la muchedumbre levanta los brazos, agita las manos y el estadio acústicamente se convierte en un panal de abejas, con un sonido en aumento "eeeeeeehhhh", y al momento de patear el balón viene la catarsis: "¡Puuuuuto!".
El ejemplo tapatío cundió y ahora es una insana costumbre en todos los estadios de México, y ha traspasado fronteras: el mismo grito se escucha en los estadios de Estados Unidos cuando juega el representativo nacional.
Juan Villoro ha dicho que "uno de los aspectos más importantes del futbol y cualquier deporte, es que sucede no sólo en la cancha, sino en la mente de los aficionados". Villoro lo decía cuando el grito de guerra era el ¡Sí se puede! También ha dicho que "si hubiera un mundial de públicos, México llegaría a la final". Sería interesante conocer su opinión a la luz de estas nuevas manifestaciones.
La expresión de marras no se quedó en el futbol profesional; se ha exportado al deporte amateur y penosamente se ha expresado también en estos Juegos Panamericanos. Los adversarios de los mexicanos han sido el blanco de una tribuna que "apoya" a los paisanos. Ha ocurrido en el futbol, pero también en el voleibol (de sala y de playa), en el tiro con arco y en la pelota vasca, donde un juez tuvo que llamar al orden a los aficionados, logrando solamente atenuar los gritos. Al final, el juez se quejó del comportamiento del público y dijo que podía haber detenido el juego en apego al reglamento.
La desafortunada expresión puede tener explicación en lo que escribió Octavio Paz en "El Laberinto de la Soledad", explicando las causas de humillar al otro con este tipo de palabras y la carga sociológica del albur, que tiene, en muchos casos, una connotación homosexual masculina, considerada con cierta indulgencia cuando se trata del agente activo.
Pero el grito de guerra de estos Juegos no distingue género. Cuando la selección femenil de futbol enfrentó a sus rivales ¡pasó lo mismo! Cada vez que la portera del equipo rival se preparaba para hacer el saque de meta, el estadio se transformaba en circo romano, el público se volvía turba, alzando los brazos y agitando las manos; el sonido -en aumento- de un enjambre "eeeeeeehhh", y justo al momento de patear el balón el espantoso grito: "¡puuuuta!" Así, una y otra vez.
No ha sido el grito de una persona, tampoco de una porra o de un sector del público; tampoco se ha dado como reacción a una dura entrada sobre el rival o a una injusticia arbitral. Hemos cruzado fronteras y ha sido un grito sistemático y de gratis, un "regalo" del público -en su mayoría tapatío- a los deportistas de alto rendimiento que enfrentan a nuestros compatriotas. Ofender por el mero gusto de hacerlo en forma colectiva.
El escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo que "la violencia ofende al futbol como el borracho ofende al vino". La frase es aplicable para todos los deportes. Debemos tomar acciones urgentes para desterrar esta moda y reflexionar, ¡ya!, sobre las causas de tan desafortunadas expresiones.
rogelio_campos@yahoo.com
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Invadido por la euforia panamericana, el Gobernador de Jalisco anunció que, apenas finalicen los Juegos Panamericanos, buscará la candidatura para los Olímpicos. En la entrevista (Loret de Mola, Primero Noticias) donde reveló la aspiración, se le preguntó ¿van por los Juegos Olímpicos de qué año?, y respondió "si ahorita te digo que vamos por las Olimpiadas, las vamos a tener, y esas Olimpiadas pueden ser para el 2020 ó para el 2024".
Según el sitio oficial del movimiento olímpico internacional www.olympic.org, el 24 de mayo del 2011 se lanzó la convocatoria para presentar candidaturas de las ciudades con aspiraciones de organizar los XXXII Juegos Olímpicos en 2020. La convocatoria establece que el 1 de septiembre (hace 51 días) venció ese plazo. El 2 de septiembre se publicaron las seis ciudades que presentaron, en tiempo y forma, su candidatura.
Las ciudades son Bakú (Azerbaiyán), Doha (Qatar), Estambul (Turquía), Madrid (España), Roma (Italia) y Tokyo (Japón). A menos de que el sitio oficial se equivoque, Guadalajara no aparece en la lista.
Las declaraciones del Gobernador parecen más una ocurrencia y reflejan desconocimiento de los procesos para aspirar a organizar una justa deportiva de esas dimensiones. La posibilidad de organizar la Olimpiada en 2020 no existe, a menos que se pueda volver al pasado y presentar la candidatura en los tiempos que fueron publicados.
Ese optimismo desbordado se asemeja al que irradiaba Ivar Sisniega en 1998, cuando era titular de la Comisión Nacional del Deporte. Entonces decía "Guadalajara es la que mejor candidatura presentó y es la que tiene más posibilidades... tenemos la confianza de que se ganará la sede" (MURAL, 21/11/98). Sisniega se refería a la sede de los Panamericanos... del 2003, que finalmente organizó Santo Domingo, República Dominicana.
Posteriormente, Guadalajara fue "candidateada" para los Panamericanos del 2007, pero la Organización Deportiva Panamericana solamente tomó en cuenta a San Antonio, Texas y a Río de Janeiro, optando por la ciudad brasileña. Probablemente no recordamos que Guadalajara ni siquiera estuvo entre las opciones finales, y puede obedecer a que los años previos estuvieron cargados de declaraciones que generaban la gran expectativa de quedarnos con la sede.
Con estos antecedentes, debemos ubicar en su justa dimensión las declaraciones del Gobernador, ya que si bien se logró la sede para 2011, no fue sino hasta después de dos intentos. Si conseguir unos Juegos Panamericanos fue difícil, la tarea de conseguir unos Olímpicos es titánica.
Atenas peleó con todo hacer los Juegos del centenario en el año 2000 y perdió con Atlanta; fue hasta 2004 cuando lo logró. Pekín intentó organizar los Juegos del 2000 y fue en el 2008 cuando lo consiguió. Para los Olímpicos de 2012, que serán en Londres, Río de Janeiro se apuntó, pero ni siquiera pasó a la final. Para 2016, Río compitió exitosamente, pero previamente había perdido (2004 y 2012).
Para 2020, Tokio y Roma van por su segunda oportunidad, Madrid por la tercera y Estambul por la cuarta. No son las únicas ciudades que se han quedado a la orilla (del 2004 a la fecha), a pesar de las ventajas que ofrecen; la lista incluye a Estocolmo, Sevilla, Bangkok, Kuala Lumpur, Osaka, Toronto, París, Chicago, Nueva York, Moscú y San Petersburgo, entre otra decena de candidaturas que no han prosperado.
Guadalajara podría ir por su primer intento serio en 2024 y tendría que ofrecer lo suficiente para competir con la impresionante infraestructura que ofrecen las ciudades que se inscriben en estos procesos. El buen juicio además aconsejaría que se delibere después de un balance y un corte de caja de la experiencia panamericana; una vez que se cuente con los estudios mínimos de viabilidad, el respaldo financiero del Gobierno federal y, sobre todo, el convencimiento de la sociedad, y para conseguirlo no abona la forma en que se anuncia ni la falta de autocrítica en la planeación y organización.
No es imposible, pero un inicio podría ser tomarlo con la seriedad debida y hablando con la verdad. Mucho ayudaría que los promotores empiecen por conocer el calendario para presentar candidaturas, porque un mal inicio es aspirar a algo cuyo plazo ya venció.
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"Somos el amigo que prepara la fiesta para el amigo; somos el hermano que prepara la casa para el hermano". Son palabras del Gobernador de Jalisco en su cuenta de twitter (10/10/11). La piel a punto de enchinarse y los ojos de arrasarse... pero al recordar cómo se hicieron los preparativos de la fiesta y de la casa, más que asemejarnos al amigo o al hermano nos parecemos mucho a los hijos que reciben visitas.
Particularmente pensamos en los de la película "Están todos bien" (1990), coproducción italo-francesa dirigida por Giuseppe Tornatore (el de Cinema Paradiso), con música de Ennio Morricone. En la película, Matteo Scuro (Marcello Mastroianni) es un siciliano, viudo y jubilado que nunca recibe visitas de sus cinco hijos, y entonces él decide ir a verlos.
Viaja a Nápoles para visitar a Álvaro, pero no lo encuentra porque está de viaje. Algo similar les pasará a nuestros visitantes, porque muchos tapatíos tomarán vacaciones, aprovechando la suspensión de clases y los precios de temporada baja; muy extraño que hayan preferido irse y no quedarse a la megafiesta de postín.
Después, Matteo va a Roma en busca de Caiano, que -según sabe- tiene un brillante futuro político, pero descubre que solamente es un modesto funcionario del partido. Igual que nuestro Gobernador: quería ser candidato y se montó en la promoción de los Juegos; al no conseguirlo se tuvo que conformar con ser el "organizador" de la "fiesta", actividad que le ha impedido ejercer como Gobernador. ¿Una muestra? Jova sólo le preocupó si afectaba los Juegos, y ni se inmutó por los daños a los "hermanos" de la zona costera.
Nuestros visitantes encontrarán muchos "Caianos" (funcionarios en las graderías de los estadios), haciendo creer que tienen un brillante futuro político, pero sus capacidades y logros los muestran como lo que son: modestos burócratas al servicio de intereses partidistas.
Matteo prosigue su viaje y llega a Florencia para encontrarse con Tosca, quien le ha dicho que era una gran actriz, pero es sólo una modelo que posa en ropa interior. Igualito que la experiencia tapatía: gastarán 23 millones de dólares en la inauguración y clausura (El Informador, 24/08/11) y los Juegos tendrán vestidos de gran actriz. Pero eso contrasta con lo que se recaudará: 5 millones de dólares por la venta de los boletos del total de competencias y ceremonias
(Mural, 28/04/11), lo cual, comparativamente con los 23 millones, apenas alcanza para la ropa interior.
El viaje continúa y Matteo está en Milán para ver a Guglielmo, un brillante compositor... que resulta ser un vulgar músico insatisfecho con su trabajo. Similar a la Guadalajara que se anuncia brillante, pero asoma por todos lados las costuras y, al igual que Guglielmo, su insatisfacción.
Finalmente, para reunirse con Norma, Matteo viaja a Turín. Él cree que la hija forma parte de una importante compañía, pero sólo es una telefonista que se encuentra en crisis matrimonial. Como algunos jaliscienses de buena fe (incluidos varios medios) que han decidido "dar la mejor cara". Así como Norma sabe que su matrimonio no funciona, estos jaliscienses están conscientes de las trapacerías, remiendos y arreglos de utilería, pero han decidido callar para no empeorar la imagen ante la visita.
Pero las visitas no son tontas y terminan enterándose de la crisis y el caos formidable que se ha incubado. Como en el Estadio de Atletismo, donde la falta de aditamentos y arreglos provocó la ira de César Moreno Bravo, delegado técnico de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo, quien reclamó que los atletas ni siquiera pueden entrenar (Excelsior, 12/10/11).
El periplo de Matteo ha sido una decepción tras otra: se entera de que sus hijos no le cuentan la verdad de sus vidas y le venden una imagen de éxito ajena a la realidad... algo muy parecido a decir que estos serán los mejores Juegos de la historia.
Cuando vuelve a Sicilia, Matteo visita la tumba de su esposa y sólo pronuncia las tres palabras que dan origen al título de la película... y bien podrían ser las mismas que, al referirse a los jaliscienses y "sus" Juegos, expresen nuestros visitantes cuando regresen a casa: "Están todos bien".
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