Cuando hablamos de la "media naranja" nos referimos a la persona que se adapta tan perfectamente al gusto y carácter de otra, que ésta la mira como la mitad de sí misma. En México, políticos y empresarios han encontrado -entre ellos- su media naranja, aunque de manera extraña se ha logrado crear la percepción de que mientras una mitad está podrida, la otra luce fresca y jugosa.
Es muy común que los organismos empresariales se pronuncien contra los comprobados malos manejos de los políticos, pero pocas veces se repara en que en demasiados casos son los hombres de negocios quienes resultan beneficiados por decisiones de Gobierno.
Empecemos por el principio: un político en la actualidad requiere recursos económicos para hacer una precampaña y, si le va bien, continuar con una campaña electoral. ¿De dónde provienen los recursos para las oficinas, empleados, camisetas, gorras, calcomanías y otros gastos promocionales y de operación? ¿Alguien se desprende desinteresadamente de parte de su patrimonio para apoyar la aspiración de un político?
El candidato triunfador, en pleno ejercicio de su cargo, asigna contratos, otorga permisos y concesiones, destina subsidios y donativos, o concede usos de suelo. Se le cuestiona cuando se hace de manera discrecional, no hubo claridad en la licitación o se adjudica de manera directa, cuando causa un daño a los vecinos o no cumplió con un requisito legal.
Se condena con justa razón al funcionario público que, es de suponer, recibió a cambio y de manera indebida un beneficio, sea en campaña o en el ejercicio de su cargo. Pero no se cuestiona con la misma intensidad a quien obtuvo de malas maneras un beneficio mayor.
Los políticos, en ese sentido, se han convertido en "propineros", porque a cambio de ese "servicio" reciben una gratificación. En el mercado negro del tráfico de influencias, tanto peca el que mata la vaca como el que le amarra la pata. Sin embargo, por una extraña razón, nuestra psique colectiva no reparte las culpas proporcionalmente.
No empleamos el mismo criterio para medir prácticas similares en políticos y empresarios. Pareciera que los mexicanos utilizamos uno de nuestros hemisferios cerebrales para juzgar a los políticos y el otro para los empresarios.
Nos quejamos de que no podemos retirar del cargo a los políticos, pues no existe la figura de revocación de mandato, pero no cuestionamos la renovación de concesiones. El Gobierno renueva concesiones de carreteras, radiodifusoras, gasolineras y televisoras, que en muchos casos dan un pésimo servicio. Queremos revocación de mandato, pero no exigimos revocación de concesiones.
Pongamos un ejemplo más inmediato y cercano. Como consumidores, todavía no despertamos a la era de poder devolver, sin mayor problema, un producto que no fue de nuestra satisfacción. En una economía de libre mercado todos los establecimientos tienen un área de atención al cliente y se puede devolver, sin más, un producto.
Nos quejamos de la partidocracia, que monopoliza el acceso a cargos de representación popular, pero no cuestionamos con la misma intensidad los monopolios económicos que limitan nuestra capacidad de elegir y que -en el caso de tiendas de autoservicio- obstaculizan en colusión con grandes productores la posibilidad de comercializar nuevos productos.
Renegamos, con justa razón, de las promesas vacías e imposibles de cumplir de partidos y candidatos, pero toleramos y compramos "productos milagro" que ofrecen salud, cuerpos esculturales y hasta la fuente de la eterna juventud.
Mientras nos quejamos del abuso de los políticos, aguantamos sin reclamar la contratación sin prestaciones laborales y el empleo de irracionales tasas de interés de tiendas departamentales y bancos.
El 15-M, o movimiento de los indignados en España, logró unificar las proclamas políticas y económicas. En México nos faltaría desarrollar el hemisferio cerebral con el que percibimos nuestro entorno económico para exigir nuestros derechos como ciudadanos y también como consumidores.
Los políticos se deben a los ciudadanos, y resulta lógico que la sociedad exija reformas y cambios en ese ámbito; pero también los empresarios se deben a los consumidores, y en el manejo económico del País también hay mucho por cambiar.
rogelio_campos@yahoo.com
twitter @camposrogelio
No es lo mismo ver los toros desde la barrera. Esta frase bien puede aplicar al Presidente Calderón. Sus planteamientos, proclamas y exigencias de hace seis años distan mucho de su comportamiento como Presidente la República.
Actualmente hay dos casos que -nuevamente- enfrentan a Felipe Calderón con el Presidente de la República: el escándalo desatado con motivo de las revelaciones de Elba Esther Gordillo, y su posición respecto a los integrantes de su Gabinete que aspiran a la candidatura panista para sucederlo.
Calderón aceptó que hizo un acuerdo con Elba Esther; dice que fue un acuerdo por la calidad educativa y que, a cambio, respetó posiciones que Fox había negociado (MURAL, 7/07/11).
Vaya usted a saber qué tiene que ver la Lotería Nacional, el ISSSTE o las cuestiones de seguridad con la calidad educativa, pero en el reconocimiento de Calderón hay otras cuestiones que son relevantes.
En agosto del 2005, Felipe Calderón había pedido a la dirigencia nacional del PAN investigar los señalamientos que, según él, habían hecho militantes de su partido sobre una supuesta relación entre Santiago Creel y Gordillo: "He pedido que eso se investigue con toda profundidad por parte del partido, a fin de evitar una injerencia corporativa, con una estructura jerárquica distinta y ajena al PAN en nuestro proceso interno" (MURAL, 26/10/05).
Lo que son las cosas: Elba Esther terminó apoyando al precandidato Felipe Calderón en la contienda contra Creel y Alberto Cárdenas. La operación de Gordillo a favor de Calderón quedó al descubierto en conversaciones telefónicas que fueron publicadas (MURAL, 18/11/05).
En julio del 2006 se hacían públicas otras llamadas telefónicas, en las que nuevamente hay indicios del apoyo de Elba Esther a Calderón; en esa ocasión, en la elección constitucional (MURAL, 9 y 10/07/06).
Al parecer, el apoyo de Gordillo era condenable si era a favor del contendiente Creel, pero bien recibido en el cuartel calderonista.
El otro caso que revela las posiciones encontradas entre Felipe Calderón y el Presidente de la República es el que, paradójicamente, Santiago Creel ha puesto sobre la mesa. Creel ha pedido licencia como senador, y lanzó un reto a los demás aspirantes a la candidatura panista para que dejen sus cargos.
En febrero del 2005, 17 meses antes de la elección federal, Felipe Calderón demandaba a Creel ponderar la renuncia al cargo que tenía como Secretario de Gobernación. Con el Código de ética de servidores públicos del PAN en la mano, Calderón leyó media docena de artículos que, según él, podrían aplicarse a Creel (MURAL, 18/02/05).
Seis años después, y a pesar de que estamos a menos de 12 meses de las elecciones federales, el Presidente de la República pareciera tener un punto de vista contrario al que enarbolaba en el 2005. Hoy, tenemos tres Secretarios de Estado que, desde hace meses y con todas sus letras, han manifestado su interés por ser candidatos de su partido.
Estos Secretarios han destinado tiempo y recursos inherentes a su función para su proyección personal. Basta ver el número de comunicados de sus Secretarías en los años anteriores y los que han emitido durante 2011, o la atípica inversión publicitaria de algunas dependencias.
Valdría la pena saber qué pasó con el Código de ética al que recurrió Felipe Calderón en el 2005. ¿Ya no tiene vigencia porque fue abrogado? ¿Obligaba a Creel en el 2005, pero no a los Secretarios en el 2011?
En la página Web del PAN Jalisco sí aparece el enlace "Código de Ética", pero curiosamente, al tratar de abrirlo marca error. Probablemente en otras páginas del PAN suceda lo mismo y esa sea la razón de que no lo estén consultando.
Estos dos casos reflejan visiones diametralmente opuestas. La de Felipe Calderón, precandidato que iba abajo en las encuestas de la elección interna, que denunciaba el apoyo de una entidad corporativa, y la del Presidente de la República que pretende justificar sus arreglos y decisiones. Además, la del precandidato que, apelando a la ética, sugería la presentación de renuncias, y que ahora contrasta con el Presidente de la República que alimenta las aspiraciones de sus Secretarios.
No cabe duda, cómo hemos cambiado.
rogelio_campos@yahoo.com
Twitter @camposrogelio
Apuntábamos la semana pasada que varias encuestas coin- cidían en perfilar un claro triunfo del PRI en Coahuila, Estado de México y Nayarit. Por lo publicado me llevé una fuerte zarandeada -vía mail- por quienes acusan que los estudios de opinión están "cuchareados"... cuando no los favorecen.
También decíamos que el resultado sería tan tétrico para el PAN y el PRD que esos partidos deberían darse prisa por hacer algo antes de la elección del 2012. Sin embargo, la reacción que han tenido destacados personajes del blanquiazul y del partido del Sol Azteca no es el mejor indicio de que serán capaces de conseguirlo.
Llama la atención que, no obstante que varias encuestadoras serias y profesionales anticipaban una amplia victoria para el PRI, pareciera que los resultados tomaron por sorpresa a las dirigencias del PAN y del PRD.
Desde que cerraron las casillas los dirigentes partidistas no hablaron. Tuvimos que esperar al martes para que emitieran su punto de vista sobre lo acontecido. No se entiende que los presidentes nacionales de los partidos que perdieron, no tuvieran estructurado un mensaje frente a semejante descalabro.
El espacio que las dirigencias dejaron vacío, de inmediato se llenó con otras voces. Algunos precandidatos presidenciales aprovecharon para posicionarse. Ebrard se quejó de no haber construido alianzas. Él las impulsó para 2011, pero se ha opuesto a las mismas para 2012.
Otro que aprovechó el silencio de su dirigencia nacional fue el Gobernador de Jalisco, quien dijo que el candidato para 2012 debe ser alguien con exitosa experiencia electoral. Cabe mencionar que, de los siete aspirantes del PAN, el único que ha ganado elecciones -no plurinominales- es precisamente el que da la receta del triunfo.
Hubo más voces, pero la mayoría en el mismo tenor: encontrar culpables y dar recetas para el triunfo en 2012. Lo que no hubo fue autocrítica, y así va a ser muy difícil que puedan recuperarse de la paliza del pasado domingo.
Sin embargo, hay algo que en realidad es muy preocupante. El Presidente de la República no felicitó a ninguno de los ganadores el pasado domingo. Hay que mencionar que hace un año, el jefe del Estado mexicano sí llamó a los candidatos ganadores, a escasas horas del cierre de las casillas.
Nuestro jefe de Estado se ha tomado tiempo para felicitar a Ximena Navarrete cuando fue coronada Miss Universo, a la selección de futbol cuando ganó la Copa de Oro, y hasta a los Pumas cuando se coronaron frente al equipo de los amores de Calderón: el Morelia.
Por eso la actitud de Calderón deja un mal sabor de boca y muestra que los resultados del domingo calaron hondo. Felipe Calderón se molestó, al grado de perder -de fea forma- el estilo: no es entendible que alguien que se jacta de ser un político profesional haya dado semejante bandazo.
La omisión de Calderón no fue un simple descuido y sigue confirmando que desde hace tiempo se apartó de su papel de jefe de Estado para abrazar el cargo de jefe -de facto- de su partido. Lo que tanto tiempo fue objeto de crítica por los panistas, ahora es ejercido -como en los mejores tiempos- por un Presidente emanado de sus filas.
Hace un año, el Presidente de la República felicitaba a los triunfadores -aliancistas- de las elecciones en Oaxaca, Puebla y Sinaloa, y hasta les ofrecía el apoyo del Gobierno federal. Ahora, a pesar de que la ventaja de los resultados fue mucho mayor que en 2010, y por tanto se contaba con los elementos para tener claridad en los triunfos, Calderón decidió guardar silencio y castigar a los ganadores con el látigo de su desprecio.
La cuenta de Twitter de Calderón no registra actividad el pasado domingo. Fue el lunes cuando felicitó... a la selección de futbol de menores de 17 años por conseguir su pase a la semifinal del Mundial de esa categoría, que se celebra en nuestro país.
En otras partes del mundo, el Presidente es Jefe de Estado y el Primer Ministro es Jefe de Gobierno; en México, como en los sistemas presidencialistas, el Presidente de la República ejerce ambos cargos.
Felipe Calderón ha abandonado el cargo de Jefe de Estado -lo ha dejado vacante- en la medida que ha dado muestras tan evidentes de parcialidad. Esto es lo más preocupante rumbo al 2012.
rogelio_campos@yahoo.com