México ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil y el segundo en todas los categorías de edades (MURAL, 12 julio 2010). La fuente de este trágico dato es la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El problema de la obesidad ha crecido en todo el mundo, pero debemos preguntarnos por qué nuestro país tiene el nada honroso primer lugar mundial. Sin duda estamos haciendo varias cosas muy mal y dejando de hacer otras tantas para haber llegado a esta delicada situación.
La obesidad infantil de hoy será, por poner un ejemplo, la diabetes de mañana. El costo de los tratamientos médicos se convertirá en una amenaza tremenda para las finanzas públicas. Las instituciones de salud no serán suficientes -ni con el mal chiste llamado Seguro Popular- para tratar la cantidad de pacientes ni la gravedad de las afecciones. Al tener tantos niños obesos estamos sembrando los vientos de las tempestades que cosecharemos.
Las afecciones mayores que hoy incubamos incidirán negativamente en varios índices determinantes para medir el progreso de un país: el de Desarrollo Humano y el de Competitividad, por poner dos ejemplos.
Nos encontramos frente a un desastre sanitario de tremendas consecuencias y no estamos haciendo lo necesario para revertirlo. Se nos vendió la idea de que se combatiría la comida chatarra, y el poder del Estado se topó con el de las grandes compañías que se han enriquecido a costa de la salud de los mexicanos. Lo cierto es que no se ven por ningún lado las acciones concretas para combatir este mal.
La OMS ha exigido a los gobiernos que asuman la responsabilidad de contener el avance de la obesidad infantil. Margaret Chan, directora de ese organismo internacional así se lo hizo saber al Presidente Calderón y a su Secretario de Salud el pasado mes de febrero en la Ciudad de México (MURAL, 26 febrero 2011).
Andamos tan ocupados en la guerra contra el crimen organizado que pretendemos que "la droga no llegue a nuestros hijos", aunque paradójicamente sí les llega otro tipo de veneno que pone en alto riesgo su salud. La diferencia está en que el veneno que sin duda les está llegando es legal y se anuncia en todos los medios de comunicación, pero además los dueños de las compañías que los producen son socialmente reconocidos y empresarialmente ponderados.
Si bien es cierto que como país somos los campeones mundiales de obesidad infantil, dentro de México hay de estados a estados. En Jalisco tenemos autoridades que sí se preocupan por el deporte juvenil: tan es así que Jalisco ha ganado durante once años consecutivos la Olimpiada Nacional.
También hemos tenido en la última década a un Secretario de Salud excepcional, que por sus buenos resultados (de 2001 a 2006) fue electo presidente municipal de la capital jalisciense, aunque luego dejó ese cargo -que es irrenunciable- para regresar a esa importante Secretaría. Hoy es considerado un serio aspirante de su partido -el PAN- para ser candidato a la gubernatura.
En Jalisco nuestras autoridades se han preocupado a tal grado por el deporte de los jóvenes que desde hace más de quince años pelearon por ser la sede de la máxima justa deportiva continental. Aquí las cosas son diferentes al resto de los estados del país... o por lo menos así pareciera o así debería ser.
Sin embargo, la realidad es que en Jalisco el sobrepeso afecta a nueve de cada diez niños, según la Clínica de Obesidad del IMSS, y ya se cataloga como una alerta epidemiológica (El Informador, 18 enero 2011). Prepárese ahora para saber cuál es el estado líder en obesidad infantil de todo México: el IMSS indica que Jalisco ocupa tan deshonroso primer lugar (Notisistema, 26 abril 2011).
Paradójico que México sea la sede de los Panamericanos y al mismo tiempo medalla de oro mundial en obesidad infantil. Irónico que la entidad sede de la justa continental tenga la medalla de oro nacional. Jalisco, en este rubro, es campeón de campeones.
P.D. El presidente de la Coparmex Jalisco, que anda tan preocupado por la salud de las finanzas públicas, bien haría en pronunciarse por la responsabilidad de sus agremiados en esta epidemia que aqueja a Jalisco y que incidirá gravemente en lo que tanto le inquieta.
rogelio_campos@yahoo.com
La violencia en México se manifiesta de diversas formas. A fuerza de repetición, parece que ya nos acostumbramos a las ejecuciones, decapitados, granadazos, narcobloqueos, masacres masivas y daños colaterales. Cuando pensamos que ya lo hemos visto todo, surge algo peor.
El pasado martes, MURAL publicó: "Saturan sexenio 156 fosas". En lo que va del sexenio se han encontrado 647 cadáveres en 156 fosas clandestinas. A la cifra publicada el martes hay que agregar, por lo menos, 32 cuerpos encontrados apenas ayer (dos en Jalisco). 679... y -lamentablemente- contando.
¿Cuántas fosas y cuántos cadáveres todavía no son encontrados? Según la Comisión Nacional de Derechos Humanos (MURAL, 20/04/2011), desde el año 2006 hay 5 mil 397 personas desaparecidas en México.
Resulta lógico pensar que los ejecutores de las personas cuyos cuerpos han sido encontrados en fosas clandestinas tenían interés en que los cadáveres no fueran encontrados. Lo totalmente ilógico es que las desapariciones no ocupen un lugar preponderante en la agenda gubernamental. Pareciera que el Gobierno tiene especial interés en que el tema de las desapariciones continúe enterrado. Los desaparecidos también lo están de los discursos y las acciones oficiales.
En marzo de este año un grupo de trabajo de la ONU inició una misión especial en nuestro País para conocer sobre desapariciones registradas en el marco de la "guerra sucia" y el combate al crimen organizado (MURAL, 18/03/2011).
El grupo hizo algunas recomendaciones (MURAL, 1/04/2011): generar datos estadísticos, establecer un programa nacional de búsqueda de personas, incluir el delito de desaparición forzada en todos los código penales locales, considerar el retiro en el corto plazo de los militares en tareas de seguridad, eliminar el arraigo, continuar las investigaciones de la "guerra sucia" y elaborar políticas de reparación de daño. Ante estas recomendaciones, la respuesta del Gobierno federal fue... silencio.
El Gobierno estaría siendo responsable -por lo menos por omisión- de estas desapariciones. Y que no salgan con que hablar de estos temas es hablar mal de México. Lo que habla pésimo de nuestro País es que alguien pueda desaparecer y que no exista la capacidad para encontrarlo o para garantizar su seguridad o su vida.
El hallazgo de tantas fosas y cuerpos es verdaderamente escandaloso y escalofriante. Tampoco aplica eso de que "hay que darle la justa dimensión a las noticias", como diría el Gobernador de Jalisco, que quisiera, como otros actores políticos, empresariales e intelectuales, que este tipo de notas se fueran a la sección de nota roja.
No son hechos que encuentren su lugar en la nota roja, porque estamos frente a la violación grave de derechos humanos y a la incapacidad manifiesta de las autoridades, y eso no corresponde a la nota roja.
El grupo de trabajo de la ONU cuestionó que la "Plataforma México" no se utilice para ubicar a las personas desaparecidas. "Plataforma México" es un sistema de interconexión que -supuestamente- concentra la información de delitos de Municipios, Estados y Federación. Ese sistema fue anunciado con bombo y platillo por el Gobierno federal (MURAL, 23/01/2007). La respuesta del Gobierno al cuestionamiento de la ONU nuevamente fue... silencio (MURAL, 20/04/2011).
Más que absurdo, es criminal el silencio del Gobierno respecto a este grave asunto. No se puede esperar a que, por razones del azar, aparezca la próxima fosa. El Gobierno debe dejar su pasividad y asumir una serie de acciones para encontrar las fosas como resultado de la investigación y la búsqueda. Sí se puede, se hizo en Argentina, Chile, Colombia, Perú, Ruanda, Congo, Chipre, Yugoslavia y Guatemala (MURAL, 20/04/2011).
El asunto es más que delicado, grave. Requiere, en primer lugar, que el Gobierno federal se despoje de la soberbia y la cerrazón y escuche las recomendaciones de la ONU y otros organismos internacionales. Es tiempo -ahora más que nunca- de reclamar una digna sepultura para los desaparecidos.
Los desaparecidos deben dejar de serlo, y para que eso suceda, deben dejar de tener ese olvidado carácter en los discursos gubernamentales y presidenciales.
rogelio_campos@yahoo.com
El pasado 27 de marzo en el periódico español El País se publicó una entrevista que realizó Javier Moreno a Felipe Calderón. Ahí, el Presidente de la República sacó a relucir su afición taurina. La entrevista es extraordinaria, y la parte en la que invoca el paralelismo con la fiesta brava es reveladora.
Felipe Calderón dijo "yo estoy en mi tarea, en mis metas y en mis objetivos. En términos taurinos lo que viene es el tercer tercio, en lo que estamos es el de la faena y es precisamente la audacia y es el de más cosas".
En una corrida el matador lidia al toro, y efectivamente se desarrolla en tres tiempos (tercios). En el primero -el de varas- el toro es picado y además el torero se vale de un capote para ejecutar suertes. En el de banderillas, se "reanima" al toro del castigo y se puede apreciar cómo embiste por ambos lados. El tercero es el de muerte, y el torero se vale de una muleta y de un estoque.
Las palabras del Presidente revelan un cúmulo de aspectos importantes. En primer lugar se aprecia a un hombre solo; de hecho, una de las expresiones de los matadores es: ¡dejadme solo! Calderón bien podría ser llamado el "presidensolo", ya que su gabinete no se ve por ningún lado; es él y nadie más.
El Presidente también se ha alejado de los demás poderes; no se advierte interlocución eficaz -solamente reproches- por lograr reformas estructurales. Para muestra, esta semana desdeñó la invitación que le hizo el Senado para inaugurar sus nuevas instalaciones. Lo mismo ocurrió en los "Diálogos por la Seguridad", en los que -en principio- dejó de invitar a actores políticos importantes.
El Presidente también se ha alejado de su partido. Ha sugerido que el próximo candidato debe ser un ciudadano que no milite en el PAN, y las declaraciones de la secretaria general del PAN, relacionadas con la alianza en el Estado de México, lo dejaron muy mal parado y fueron causa de un cisma en las relaciones del Presidente con su partido.
Ni qué decir de los recientes reclamos presidenciales, dirigidos a la sociedad, para que no nos confundamos y dirijamos el ¡ya basta! a los criminales. Estos y otros aspectos se reflejan, en las recientes encuestas, en pérdida de popularidad y de aprobación.
La metáfora taurina bien podría aplicar -involuntariamente- debido a que el Presidente -como el torero- está solo en el ruedo. Pero la expresión refleja una gran insensibilidad, pues la fiesta brava está intrínsecamente relacionada con la muerte y esa palabra la tenemos presente -y no en buenos términos- todos los mexicanos. Tan presente la tiene el mismo Calderón que, traicionado por su subconsciente, recurre a este tipo de metáforas.
Sin embargo, Calderón se equivoca en por lo menos dos aspectos. Para que el tercer tercio sea bueno, regularmente los dos primeros tuvieron que ser por lo menos aceptables. Es muy raro que esta regla no suceda... y los dos primeros tercios de su sexenio -en términos taurinos- no presagian un buen final.
El segundo aspecto en el que se equivoca es en comparar su sexenio con una lidia dentro de una corrida de toros. Hay otras expresiones taurinas que podrían reflejar con mayor nitidez lo que viene ocurriendo.
Por ejemplo, existe el término "herradero" y aplica cuando reina la anarquía en el ruedo: es cuando el matador -que debe mandar sobre su cuadrilla- no ha puesto orden y cada quien está haciendo lo que puede. Es el caos.
También podría aplicarse el término "charlotada", que se refiere a un espectáculo taurino, pero en su vertiente cómica, la del toreo bufo. En las charlotadas abunda lo chusco y también las revolcadas a los toreros.
Otro espectáculo taurino que bien podría aplicar es el de los forcados. Los forcados son ocho aficionados que esperan a cuerpo limpio y a pie firme al toro, sin engaño y sin arma que pueda herir al burel. El que recibe el contacto con el toro se llama "forcado de cara" y en sus orígenes pertenecían a la milicia. Entre todos tratan de inmovilizar al toro, y no es raro que se lleven serias revolcadas.
Para nuestro infortunio, lo que viene ocurriendo, más que asemejarse a una lidia o faena, se parece más a un herradero, a una charlotada o a un espectáculo de forcados.
rogelio_campos@yahoo.com