El Gobernador de Jalisco tuvo mala semana con los medios. Los periodistas querían su punto de vista sobre varios asuntos de interés público, entre otros: la escalada de violencia, la opacidad del estadio de atletismo y el sobreprecio escandaloso pagado por los chalecos viales que no cumplen la norma.
El Gobernador no solamente los evadió; lo hizo con su muy particular estilo y ha dejado dos frases de colección. Una señora se le acercó a plantearle un asunto, y al aproximarse los reporteros -que minutos antes él mismo había bateado- dijo a la ciudadana: "véngase para acá, luego estos muchachos echan a perder todo".
La segunda frase fue en referencia a la nota que señala la existencia de propiedades de familiares del Supersecretario Herbert Taylor, prácticamente colindantes con Chalacatepec. El Gobernador dijo: "Esa es una maroma mental que algunos reporteros se aventaron porque, si leí bien la nota que escribió Paco de Anda, esos terrenos se compraron en los 50; ah, pos' todo lo demás son construcciones mentales muy extravagantes".
La expresión "maromas mentales" no tiene -hasta ahora- identificación con nuestro vocablo, ni con el formal ni con el que utiliza en público el Gobernador. Hay una expresión muy parecida que sí es identificada de inmediato. Sin embargo, el término "maroma" es por demás oportuno y aplicable a varias situaciones que se vienen presentando.
"Maroma", según la Real Academia Española (RAE), tiene varios significados. El primero se refiere a una cuerda gruesa con las que amarran los barcos. Con este tipo de maromas el Gobernador y su equipo pretenden amarrar los cajones del Instituto de Pensiones y de la Secretaría del Medio Ambiente para el Desarrollo Sustentable (Semades) en los que se encuentra la información de Chalacatepec, así como la del estadio de atletismo.
Maroma también significa pirueta o cabriola. Es una voltereta. De esto saben mucho en el Gobierno del Estado, ya que pretenden darle volteretas a la ley para encontrar, forzadamente, una interpretación a su modo, como el querer hacer privado lo público.
Otra connotación de maroma consiste en una "función de circo en la que se hacen ejercicios de acrobacia". De ahí la expresión de todos conocida "circo, maroma y teatro". Todo parecido con la realidad que financia conciertos, novelas, torneos de golf, regatas de embarcaciones, entre otras actividades, es mera coincidencia.
Maroma también significa "voltereta política, cambio oportunista de opinión o partido". Por eso la RAE define maromero como "político astuto que varía de opinión o partido según las circunstancias". Aquí -en Jalisco- los ejemplos sobran: afiliarse a la CROC, decir que rompió con su partido, anunciar el placazo y luego echarse para atrás, decir que el cobro de la tenencia es necesario y luego aceptar el ofrecimiento de dejarlo de cobrar, hacer mutis con los chalecos azules que no cumplen la norma y luego decir que deben cambiarse por feos y peligrosos (le faltó decir que por caros); mutis también con la reserva de información del estadio de atletismo y luego ofrecer transparentarlo... la lista es interminable. Todos los ejemplos se refieren a una misma persona: al Gobernador de Jalisco, quien es todo un maromero -según la RAE- en el sentido literal del término.
Muchos de estos cambios de opinión no fueron voluntarios o porque los controles internos hayan funcionado y se hayan percatado de irregularidades. La mayoría de estos y otros casos tienen como causa que algún periodista, medio de comunicación, correligionario resentido o colega de la Oposición "los agarró en la maroma", que según la jerga hispana es cuando se sorprende a alguien en el engaño o en actividades reprobables o ilícitas.
Siguiendo en el terreno de las maromas, debemos acostumbrarnos a este estilo personal de ejercer el poder -que no de gobernar- ya que, como dice el refrán, "Chango viejo no aprende maroma nueva".
P.S. La información del estadio de atletismo se dijo que se clasificó como reservada atendiendo a la ley. Ayer, el Gobernador ofreció transparentar los expedientes. Si la clasificación fue legal, el Gobernador estaría violando la ley al abrirlos. La otra opción es que se haya clasificado indebidamente... o simplemente todo fue una cuestión de un término que el Gobernador trae muy presente: de maromas.
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"No vamos a parchar" es el título de la nota publicada por MURAL el 6 de octubre del 2009. Así se expresaba Carlos Andrade Garín al referirse a las instalaciones panamericanas, y ponía énfasis en la necesidad de crear más espacios deportivos y no "parchar" las instalaciones existentes. Pero el velódromo panamericano, entre otros casos, demuestra que la especialidad de Andrade Garín es precisamente esa: parchar.
En octubre del 2006, Andrade anunciaba que el velódromo se construiría sobre el ya existente en la Unidad Deportiva López Mateos. Entonces decía: "Hasta hace unas semanas, el velódromo panamericano estaría ubicado en otro lugar, pero se decidió que la construcción del nuevo sea sobre el que actualmente existe. Si hacíamos otro, que obviamente iba a estar más bonito y grande, el que está en la López Mateos se convertirá en un elefante blanco, hubiera quedado en el abandono porque todo se hubiera ido al nuevo". En 2006 Andrade sí era partidario de "parchar".
El velódromo terminó edificándose en lo que era el Club Atlas Paradero y al diseñarlo se omitieron algunos "detallitos" técnicos. Dos columnas impiden a los jueces contar con una adecuada visibilidad, y el centro del óvalo está al nivel de la pista. Estas deficiencias podrían impedir que sea avalado por la Unión Ciclista Internacional (UCI) como sede de competiciones internacionales. Raro, porque Andrade Garín había dicho que tendríamos recintos de primer mundo.
El velódromo de la Barra de Río de Janeiro, construido para los Panamericanos del 2007, es considerado actualmente el más moderno de América Latina; es para menos público, pero sí cumple con las especificaciones técnicas de la UCI. En Internet se puede observar que no tiene columnas que obstruyan la visibilidad y sí cuenta con un desnivel en el centro del óvalo. ¿No habría sido conveniente asesorarse por quienes recientemente hicieron un velódromo con las especificaciones requeridas?
El asunto no para en lo técnico: según el prestigiado diario argentino El Clarín, el velódromo brasileño costó 65 millones de pesos, mientras que el tapatío habría costado 80. Raro, porque Andrade Garín se quejaba de que los brasileños habían gastado muchísimo dinero y que nosotros nos asustábamos con lo poco que estábamos gastando.
Andrade Garín ya tiene una propuesta que pretende resolver estas deficiencias: ¡parchar! Se colocarían unas cámaras y unas pantallas. Respecto al desnivel no se propone nada, porque sería una recomendación, no una obligación. Río de Janeiro seguirá contando con el velódromo más moderno de América Latina y a un menor precio que el tapatío.
No es el único caso de los parches panamericanos. Tenemos el recinto para usos múltiples, ahí se instaló una sala VIP y área de Prensa justo en medio de la gradería. Este añadido es a todas luces un parche que tapa la visibilidad de una parte considerable de los asistentes. Aquí no se han sugerido los parches que corregirían la falta de visibilidad. Pero está muy sencillo: que pongan cámaras y pantallas y ¡listo!
Al parecer, Andrade Garín tiene un reloj cíclico que oscila entre parchar y no parchar. Todo indica que los años pares son de parchar y los nones de no parchar. Lo anterior explicaría que en 2006 fuera partidario de parchar (construir el velódromo en la Unidad López Mateos); 2009 fue año de no parchar ("se trata de crear nuevos espacios"), y en 2010 lo que sin duda viene muy fuerte es la parchada.
Estadio errante y errado Tan firme en sus decisiones como confiable en sus declaraciones, Carlos Andrade anunciaba en octubre del 2008 que el Estadio de Atletismo estaría en Acueducto (a un lado de Zotogrande); luego que en El Disparate, después en El Bajío. Posteriormente sería un estadio provisional, volvió con el amago de El Disparate y ahora será a un costado del Autódromo Hermanos Gallo y colindando con La Primavera. La ubicación es inmejorable: hay rutas de transporte, servicios instalados, céntrico y por lo tanto de fácil acceso para todos, y está lejos de áreas naturales protegidas.
¿Quiere conocer las autorizaciones y dictámenes que se otorgaron para la construcción del estadio? No se puede, y no precisamente porque haya columnas o salas VIP que tapen la visibilidad. La autoridad puso un feo parche encima de esa información. Y esa no quieren mostrarla ni con cámara ni con pantalla.
rogelio_campos@yahoo.com
Contrario al discurso oficial, que enarbola la transparencia, los actos de autoridad en Jalisco se vienen caracterizando por ser opacos y turbios. La opacidad aumenta proporcionalmente a las cifras o a la importancia estratégica de los asuntos. Resulta conveniente hacer un recorrido por algunos casos.
La millonaria inversión del Instituto de Pensiones en el desarrollo turístico de Chalacatepec. En este caso se destinaron casi 90 millones de dólares y se oculta sistemáticamente la información solicitada por los cauces legales. La autoridad ha argumentado de manera torpe las supuestas causas que impiden hacer pública esta información. Se ha llegado a decir que es un negocio entre particulares.
EL Gobierno del Estado destinó 40 millones de pesos "como incentivos" para que se instalara en nuestra entidad una planta de la empresa Intel. En un caso similar, destinó 31 millones para la empresa Flextronics. Esos 71 millones de pesos habrían salido del Consejo Estatal de Promoción Económica (CEPE), de la Seproe. El titular del CEPE declaró que con esas dos entregas ya se está acabando el dinero para 2010 y quiere una ampliación por 100 millones.
La danza de los millones, caracterizada por la falta de cuidado en explicar de qué partidas sale el recurso, con cuáles criterios se determinan los beneficiarios, cuántas solicitudes similares existen. No se sabe en qué se invertirán -concretamente- los millones incentivadores. ¿Van a infraestructura o a fondo perdido? ¿Hay un compromiso por parte de las empresas que se pueda medir? ¿Hay forma de exigir la devolución parcial o total del incentivo en caso de que las empresas incumplan? Nada de esto sabemos.
Las obras que se realizan con motivo de los Juegos Panamericanos son un caso extraordinario de opacidad y discrecionalidad. Resulta irónico que la infraestructura de los Juegos se realice con prácticas que son contrarias al espíritu olímpico y al juego limpio.
Los criterios para determinar la ubicación de las villas panamericanas y los estadios de atletismo reflejan improvisación, falta de profesionalismo y nula voluntad por propiciar el consenso. Se ha tratado de imponer las ubicaciones mediante maniobras que dejan al descubierto la avidez por hacer negocios.
En el caso del manejo financiero, las autoridades del Copag y todos los que han tenido que ver en este asunto panamericano ya ganaron la medalla de oro a la turbiedad. Un día se necesitan mil millones para la villa y otro solamente 500. Se compran terrenos, disponiendo de una centena de millones de pesos y comprometiéndose a cambiar el uso de suelo para edificar torres de 20 pisos. La falta de transparencia del Copag es absoluta: para muestra su página de Internet, que no ofrece la información de los cientos de millones de pesos que se les han otorgado, mucho menos informa cómo se han gastado, ni tampoco de las licitaciones realizadas.
El tema de la agencia espacial no escapa a esta lógica. Se ofrecen 100 millones de pesos, pero no se dice de dónde saldrán ni qué partidas se verían afectadas. No se presentan los argumentos técnicos ni se transparenta la propuesta que se entregó a los promotores y a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Se ha solicitado esta información formalmente, conforme a la Ley de Transparencia, y el Gobierno del Estado responde en términos violatorios del ordenamiento que tanto defiende de dientes para afuera.
Los chalecos de los policías viales no son la excepción. Ya se reveló que el proveedor tiene el giro de vendedor de mobiliario. ¿Por qué no se le compraron los chalecos a un proveedor especializado en estos enseres? ¿Por qué se hizo un concurso y no una licitación? En una licitación los proveedores especializados habrían dejado al descubierto las deficiencias del color y los materiales que finalmente se adjudicaron por concurso. ¿Quién determinó a quiénes invitar?
Algo pasa en Jalisco. Aquí las grandes acciones, las que se presumen con bombo y platillo y en las que se invierten grandes cantidades de dinero están peleadas con la transparencia. Si esas decisiones son tan buenas, con oportunidad deberían informarse y exponer los criterios que se tomaron en cuenta así como las instancias o funcionarios que contribuyeron a tomarlas. El ánimo de transparentar no está presente en este estilo personal de gobernar. Antes bien, parece lo contrario.
rogelio_campos@yahoo.com