Cuando un boxeador es derrotado por decisión unánime no hay duda de lo acontecido durante la pelea. Los jueces califican cada uno de los rounds y van acumulando la puntuación para, al final, declarar un triunfador.
La pelea que actualmente sostiene México en el ámbito económico es a 6 rounds -uno por cada año del Gobierno- y, justo a la mitad del combate, los jueces llevan una puntuación que favorece ampliamente a la debacle y la pobreza, y que adquiere signos de knockout técnico. Las siguientes referencias fueron publicadas en las últimas dos semanas.
La Comisión Económica para América Latina (CEPAL), sentenció que México es líder en pobreza. En el período 2006-2008 el combate a la pobreza fue fructífero en América Latina, excepto en México. En su reporte "Panorama Social de América Latina 2009", también sentencia que México seguirá siendo uno de los principales países afectados con la crisis.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) ve la recuperación económica hasta que hayan pasado cinco años. El veredicto del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) dice que los programas sociales instrumentados en México no sirven si no tenemos un crecimiento económico del 5 por ciento anual.
La Organización para el Desarrollo y Crecimiento Económico (OCDE) pronostica que el desempleo en México empeorará en 2010 y 2011. También establece que los niveles de julio del 2008 no serán alcanzados antes del 2012.
El Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) estima que en México se está acelerando la pobreza alimentaria. También el Banco Mundial lleva su papeleta de registro y se observa un resultado desfavorable: la caída del PIB en México es la mayor en los últimos 20 años. Un premio Nobel de Economía dice que estamos gastando mal el dinero destinado a gasto social. La suma de los veredictos constituye una decisión unánime: estamos siendo vapuleados en el ámbito económico.
Las palabras de Felipe Calderón esta semana son un reflejo de la situación: "es tiempo de enderezar el rumbo social del país... la primera de las prioridades de estos tres largos años que faltan es la reducción de la pobreza". Para poder reducir la pobreza es necesario retomar el crecimiento económico y los jueces no solamente dicen que somos de los más afectados por la crisis global, sino que deben pasar años para estar en la -mala- situación de julio del 2008.
Uno de los jueces que ha profundizado en las causas de desastre es la OCDE: México es el último lugar en ingresos fiscales respecto al PIB -entre los países de la Organización. Ya habíamos apuntado anteriormente que la CEPAL también ubica a México en los últimos lugares -de recaudación respecto al PIB- de América Latina. Sin ingresos fiscales no hay recursos para infraestructura y para gasto social y sin estos elementos no hay posibilidad de mayor crecimiento ni de combate a la pobreza.
De manera que, para "enderezar" el rumbo social del país, debemos -forzosamente- tener más ingresos fiscales. Esto no se logra aumentando impuestos. Es inevitable cobrar impuestos a los que no están pagando. Ya lo dijo -claramente- Calderón: hay empresarios que no pagan adecuadamente sus impuestos. Con todo y la rabieta de los hombres del dinero, los voceros del Presidente salieron a reafirmar lo que había dicho el Primer Mandatario.
A la mitad de la función, el Presidente ha soltado recientemente dos "verdades de a kilo": deben pagar impuestos los que no lo hacen y se debe enderezar el rumbo social. Embona perfecto con el veredicto parcial de los jueces imparciales. Los llamados podrían sonar tardíos: hemos perdido tres años.
Suena difícil que, justo a la mitad del sexenio, se tenga la fortaleza para llevar a buen puerto ese par de retos monumentales. Las piernas ya no responden igual y la estrategia inicial resultó equivocada. Se dijo que se ganaría -que México era un país ganador- y se subestimó al rival, amén que no se llegó con la preparación y el entrenamiento adecuados.
Tendría que pasar algo espectacular -sólo visto en el papel de Rocky Balboa- pero lo que queda es la lección de cómo afrontar la siguiente pelea: eliminando privilegios, cobrando los impuestos no pagados y destinar recursos de manera importante y eficaz al desarrollo social.
viernes, 27 de noviembre de 2009
viernes, 20 de noviembre de 2009
México corrupto
Esta semana, Transparencia Internacional (TI) dio a conocer el Índice de Percepción de la Corrupción (IPC) 2009. México, como ya viene siendo una costumbre, se ubicó en un vergonzoso lugar 89. El país habría perdido, en un solo año, 17 lugares en esta clasificación.
Para no compararlo con países de Europa o de otras latitudes, y circunscribiéndonos a la región de América Latina, México se encuentra por debajo de Barbados, Santa Lucía, Chile, Uruguay, San Vicente, Dominica, Puerto Rico, Costa Rica, Cuba, Brasil, Colombia, Surinam, Perú, Trinidad y Tobago, El Salvador, Panamá y Guatemala. México obtuvo una calificación de 3.3 sobre 10. Mientras estos números son publicados, el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) expresa alegremente que México es un referente en materia de transparencia.
Transparencia Internacional señala que los escándalos sobre impunidad, pagos irregulares, corrupción política y captura del Estado han sacudido a nuestro País, para que se perciba la corrupción en esa medida.
Un punto en contra radica en los problemas que enfrentan los periodistas: afrontan un entorno cada vez más restrictivo. La sociedad civil y los medios de comunicación han sido debilitados en su papel de denunciar la corrupción.
Transparencia Internacional advierte el riesgo que significa la inyección de grandes cantidades de dinero que se destinan para -supuestamente- reactivar las economías. Ahí podría haber un agravamiento de riesgo de corrupción.
Este índice se construye mediante la aplicación de encuestas a líderes de opinión y empresarios nacionales y extranjeros. La realidad es dramática, y urge que sea aceptada por nuestras autoridades: la percepción que se tiene de nuestro país en materia de corrupción es pésima.
Ésta podría ser la principal promesa incumplida de los Gobiernos panistas de Fox y Calderón, aunque la medición también refleja el comportamiento de cientos de autoridades locales. Por eso llama la atención la forma en que se comportan las autoridades jaliscienses en muy variados temas.
Se compra -en lo oscurito- un terreno para edificar un estadio. Se hace una transacción que obliga al Ayuntamiento a cambiar el uso de suelo para la construcción de vivienda de altísima densidad. No olvidemos que la compra está condicionada al cambio del uso de suelo, por lo que resulta infantil que Carlos Andrade Garín diga que tienen una escritura y que pagaron por el terreno. No, la compra no está perfeccionada y por lo tanto el terreno no es del Consejo Estatal para el Fomento Deportivo y Apoyo a la Juventud (Code).
La corrupción en Jalisco rebasó la mordida -ochentera- del agente de Tránsito y pasó a las licencias para edificar torres y cambiar usos de suelo; también se refleja en destinar cantidades millonarias a asociaciones civiles. Se puede justificar de mil formas, mas lo que debería discutirse es la discrecionalidad y rapidez para hacer estas maniobras: sin criterios previos ni forma de concursar o de aspirar al beneficio del acto de autoridad.
Ahí se percibe corrupción, que es la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. Ni duda que hay provecho para algunos pocos, mientras los demás no pueden aspirar a participar porque no hay reglas.
Este tipo de casos son los que suman a la calificación que hoy se nos otorga. Esta clase de mediciones son las que impiden que fluya más inversión a nuestro País, por mucha enjundia -cada vez menos- que le ponga el Presidente de la República a sus discursos.
Llegamos al aniversario 99 de la Revolución Mexicana con la etiqueta de -cada vez más- corruptos. Mientras no se tomen medidas para que los beneficios no vayan de manera tramposa a algunos cuantos, se seguirá teniendo esa percepción... y nadie duda que alguno de los encuestados haya sido beneficiado de esas "reglas" del juego, pero resulta que su opinión al final se revierte -como su posible beneficio- en perjuicio del interés público.
Hace tres años se planteaba que este sería el sexenio del empleo; poco después, el de la lucha contra el narco. Lo cierto es, que es un sexenio marcado por la debacle en aspectos fundamentales para la sana vida del país.
rogelio_campos@yahoo.com
Para no compararlo con países de Europa o de otras latitudes, y circunscribiéndonos a la región de América Latina, México se encuentra por debajo de Barbados, Santa Lucía, Chile, Uruguay, San Vicente, Dominica, Puerto Rico, Costa Rica, Cuba, Brasil, Colombia, Surinam, Perú, Trinidad y Tobago, El Salvador, Panamá y Guatemala. México obtuvo una calificación de 3.3 sobre 10. Mientras estos números son publicados, el Instituto Federal de Acceso a la Información (IFAI) expresa alegremente que México es un referente en materia de transparencia.
Transparencia Internacional señala que los escándalos sobre impunidad, pagos irregulares, corrupción política y captura del Estado han sacudido a nuestro País, para que se perciba la corrupción en esa medida.
Un punto en contra radica en los problemas que enfrentan los periodistas: afrontan un entorno cada vez más restrictivo. La sociedad civil y los medios de comunicación han sido debilitados en su papel de denunciar la corrupción.
Transparencia Internacional advierte el riesgo que significa la inyección de grandes cantidades de dinero que se destinan para -supuestamente- reactivar las economías. Ahí podría haber un agravamiento de riesgo de corrupción.
Este índice se construye mediante la aplicación de encuestas a líderes de opinión y empresarios nacionales y extranjeros. La realidad es dramática, y urge que sea aceptada por nuestras autoridades: la percepción que se tiene de nuestro país en materia de corrupción es pésima.
Ésta podría ser la principal promesa incumplida de los Gobiernos panistas de Fox y Calderón, aunque la medición también refleja el comportamiento de cientos de autoridades locales. Por eso llama la atención la forma en que se comportan las autoridades jaliscienses en muy variados temas.
Se compra -en lo oscurito- un terreno para edificar un estadio. Se hace una transacción que obliga al Ayuntamiento a cambiar el uso de suelo para la construcción de vivienda de altísima densidad. No olvidemos que la compra está condicionada al cambio del uso de suelo, por lo que resulta infantil que Carlos Andrade Garín diga que tienen una escritura y que pagaron por el terreno. No, la compra no está perfeccionada y por lo tanto el terreno no es del Consejo Estatal para el Fomento Deportivo y Apoyo a la Juventud (Code).
La corrupción en Jalisco rebasó la mordida -ochentera- del agente de Tránsito y pasó a las licencias para edificar torres y cambiar usos de suelo; también se refleja en destinar cantidades millonarias a asociaciones civiles. Se puede justificar de mil formas, mas lo que debería discutirse es la discrecionalidad y rapidez para hacer estas maniobras: sin criterios previos ni forma de concursar o de aspirar al beneficio del acto de autoridad.
Ahí se percibe corrupción, que es la práctica consistente en la utilización de las funciones y medios en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores. Ni duda que hay provecho para algunos pocos, mientras los demás no pueden aspirar a participar porque no hay reglas.
Este tipo de casos son los que suman a la calificación que hoy se nos otorga. Esta clase de mediciones son las que impiden que fluya más inversión a nuestro País, por mucha enjundia -cada vez menos- que le ponga el Presidente de la República a sus discursos.
Llegamos al aniversario 99 de la Revolución Mexicana con la etiqueta de -cada vez más- corruptos. Mientras no se tomen medidas para que los beneficios no vayan de manera tramposa a algunos cuantos, se seguirá teniendo esa percepción... y nadie duda que alguno de los encuestados haya sido beneficiado de esas "reglas" del juego, pero resulta que su opinión al final se revierte -como su posible beneficio- en perjuicio del interés público.
Hace tres años se planteaba que este sería el sexenio del empleo; poco después, el de la lucha contra el narco. Lo cierto es, que es un sexenio marcado por la debacle en aspectos fundamentales para la sana vida del país.
rogelio_campos@yahoo.com
viernes, 13 de noviembre de 2009
¡Enamórese!
Durante la semana anterior se celebró en nuestra ciudad la Asamblea de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa). Ahí, el Gobernador de Jalisco expresó: "El mensaje del presidente de la Odepa es muy claro en el sentido de que es conveniente reconocer el trabajo que se está haciendo, buscando que baje el ruido que se generó y pensando en pasar a una siguiente etapa. ¿Cuál es la siguiente etapa? La del enamoramiento de los Juegos".
Las declaraciones del Gobernador resultan por demás reveladoras. Reflejan con total nitidez que la autoridad no trae brújula -o quizás use una como la de Jack Sparrow-. Antes de invertir los cientos de millones en estadios y otros gastos accesorios, la población debió apropiarse -enamorarse es mucho pedir- de los Juegos.
Para que la población pudiera apropiarse -no digamos enamorarse- de los Juegos, debería conocerlos: qué son, cuál es su historia, cuánto se va a gastar en ellos, de dónde va a provenir el dinero, cuánto se va a recuperar por distintas vías, a quiénes se va a repartir el ingreso que produzcan, etcétera. Esa información está ausente.
Sin embargo, no hay que desdeñar el término que aplica el Gobernador. Él quiere que la gente a partir de ahora se enamore de los Juegos, pero nunca ha hecho algo -como tampoco sus antecesores ni las autoridades de todos los ámbitos y niveles- para que la población por lo menos se apropie de la justa Panamericana.
La apropiación implica dos elementos que -en la mayoría de los casos- están reñidos con el enamoramiento: conocimiento y conciencia. Por eso a la pretensión del Gobernador le resultaría perfectamente aplicable la frase expresada ante los miembros de la Odepa.
Friedrich Nietzsche habría expresado: "Una alianza es más sólida si los aliados, más bien que conocerse mutuamente, creen los unos en los otros: por ello, entre enamorados, la alianza es más sólida antes que después de la unión matrimonial". Ahí puede estar la pretensión de la -bien utilizada- expresión: "Crean en los Juegos, no quieran conocerlos". Es más o menos lo mismo que se pretende con el Macrobús y los macrodonativos... hay que creer en ellos y no pretender conocerlos, mucho menos cuestionarlos.
No por nada el fraseo del Gobernador se refiere a una "Gran Alianza", que -según Nietzsche- es más fuerte mientras se crea en el aliado y menos mientras se le conozca. En ese contexto adquiere relevancia el sentir profundo del Gobernador al justificar un macrodonativo y decir: "yo sé lo que se tiene que hacer en Jalisco"... y el punto es que debemos creerle, en razón de que estaríamos en una alianza. También toma sentido la expresión "lo que unos poquitos digan me vale madre, así de fácil"... porque donde existen los aliados, y no se es uno de ellos, no cabe otra expresión que enemigo; la otra es ser neutral, y para ello hay que abstenerse de opinar.
Por eso a los manifestantes aliados se les otorgan facilidades y a los enemigos se les agarra a catorrazos y se les mete al bote... ¡faltaba más!
Si en la vida privada resulta más interesante o apasionante un enamoramiento, en la vida pública e institucional resulta más conveniente una relación duradera y ésas se basan en el conocimiento de las personas -o de las situaciones- y en su aceptación. Por muy enamorada que esté una dama de un caballero, si éste resulta tomador, ofensivo, misógino o despilfarrador, un día se acabará el amor.
Son muchos los filósofos y pensadores -además de Nietzsche- que han abordado el enamoramiento. Suponiendo que la sociedad se deba -o pueda- enamorar de este tipo de actividades, sería conveniente que nuestras autoridades acudieran a Mario Benedetti, quien decía: "Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor". En ese sentido, las autoridades han dejado mucho -por no decir todo- por hacer.
Desde el Presidente de la República, pasando por Carlos Hermosillo o Bernardo de la Garza, "El Tibio" Muñoz, Gobernadores, Presidentes Municipales, etcétera, han hecho todo por dejar en claro que la sociedad no es querida ni inspira amor en este negocio de los Juegos.
La sociedad no ha sido requerida, mucho menos cortejada. No se le dedica tiempo, no se le invita, no se le dan explicaciones. Así... así es muy difícil enamorar a alguien.
Las declaraciones del Gobernador resultan por demás reveladoras. Reflejan con total nitidez que la autoridad no trae brújula -o quizás use una como la de Jack Sparrow-. Antes de invertir los cientos de millones en estadios y otros gastos accesorios, la población debió apropiarse -enamorarse es mucho pedir- de los Juegos.
Para que la población pudiera apropiarse -no digamos enamorarse- de los Juegos, debería conocerlos: qué son, cuál es su historia, cuánto se va a gastar en ellos, de dónde va a provenir el dinero, cuánto se va a recuperar por distintas vías, a quiénes se va a repartir el ingreso que produzcan, etcétera. Esa información está ausente.
Sin embargo, no hay que desdeñar el término que aplica el Gobernador. Él quiere que la gente a partir de ahora se enamore de los Juegos, pero nunca ha hecho algo -como tampoco sus antecesores ni las autoridades de todos los ámbitos y niveles- para que la población por lo menos se apropie de la justa Panamericana.
La apropiación implica dos elementos que -en la mayoría de los casos- están reñidos con el enamoramiento: conocimiento y conciencia. Por eso a la pretensión del Gobernador le resultaría perfectamente aplicable la frase expresada ante los miembros de la Odepa.
Friedrich Nietzsche habría expresado: "Una alianza es más sólida si los aliados, más bien que conocerse mutuamente, creen los unos en los otros: por ello, entre enamorados, la alianza es más sólida antes que después de la unión matrimonial". Ahí puede estar la pretensión de la -bien utilizada- expresión: "Crean en los Juegos, no quieran conocerlos". Es más o menos lo mismo que se pretende con el Macrobús y los macrodonativos... hay que creer en ellos y no pretender conocerlos, mucho menos cuestionarlos.
No por nada el fraseo del Gobernador se refiere a una "Gran Alianza", que -según Nietzsche- es más fuerte mientras se crea en el aliado y menos mientras se le conozca. En ese contexto adquiere relevancia el sentir profundo del Gobernador al justificar un macrodonativo y decir: "yo sé lo que se tiene que hacer en Jalisco"... y el punto es que debemos creerle, en razón de que estaríamos en una alianza. También toma sentido la expresión "lo que unos poquitos digan me vale madre, así de fácil"... porque donde existen los aliados, y no se es uno de ellos, no cabe otra expresión que enemigo; la otra es ser neutral, y para ello hay que abstenerse de opinar.
Por eso a los manifestantes aliados se les otorgan facilidades y a los enemigos se les agarra a catorrazos y se les mete al bote... ¡faltaba más!
Si en la vida privada resulta más interesante o apasionante un enamoramiento, en la vida pública e institucional resulta más conveniente una relación duradera y ésas se basan en el conocimiento de las personas -o de las situaciones- y en su aceptación. Por muy enamorada que esté una dama de un caballero, si éste resulta tomador, ofensivo, misógino o despilfarrador, un día se acabará el amor.
Son muchos los filósofos y pensadores -además de Nietzsche- que han abordado el enamoramiento. Suponiendo que la sociedad se deba -o pueda- enamorar de este tipo de actividades, sería conveniente que nuestras autoridades acudieran a Mario Benedetti, quien decía: "Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener plena conciencia de que uno también es querido, que uno también inspira amor". En ese sentido, las autoridades han dejado mucho -por no decir todo- por hacer.
Desde el Presidente de la República, pasando por Carlos Hermosillo o Bernardo de la Garza, "El Tibio" Muñoz, Gobernadores, Presidentes Municipales, etcétera, han hecho todo por dejar en claro que la sociedad no es querida ni inspira amor en este negocio de los Juegos.
La sociedad no ha sido requerida, mucho menos cortejada. No se le dedica tiempo, no se le invita, no se le dan explicaciones. Así... así es muy difícil enamorar a alguien.
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