viernes, 12 de junio de 2009
¿Ajedrez o solitario?
Siempre se ha contabilizado un considerable porcentaje de votos nulos. La historia del IFE registra un promedio de 3.27 por ciento -más de lo que llegan a obtener algunos partidos- y un récord de hasta 4.83 por ciento.
El éxito de la campaña para anular el voto deberá medirse a partir del porcentaje adicional -a las cifras mencionadas- que obtenga esta opción.
El voto nulo unificará por un brevísimo instante a los inconformes con diversas causas, pero entre los anulistas hay diferencias irreconciliables: lo mismo están los dolidos con el partido que los encumbró (Dulce María Sauri, del PRI; o el primo del Presidente de la República, del PAN), los que han tenido altísimos sueldos en el Gobierno federal (el entonces encargado de Internet de Los Pinos y ahora del Centro Fox), los ciudadanos informados y desinformados, los que quieren intervención del Estado en la economía y los neoliberalistas a ultranza, los que tienen buenas intenciones y los que no.
Si bien el movimiento resulta novedoso, por sus consecuencias estaríamos frente a una práctica tan vieja como conocida: la misma que propiciaron en su tiempo los "partidos satélite". Si el voto nulo alcanzara hasta un 8 por ciento, estaríamos frente a un resultado real -propiciado por el movimiento- de poco más del 4 por ciento... que sería un porcentaje similar al que en otras elecciones han obtenido los "partidos satélite".
En su momento, estos partidos eran inflados por el Gobierno para restar votos a la Oposición real, entendida como aquella que puede agruparse en los partidos grandes, capaces de generarle altos costos de negociación al Gobierno.
En las elecciones intermedias, el voto de castigo o de refrendo de confianza al partido en el Gobierno tiene reservado un lugar preponderante. El voto nulo ha venido a ocupar ese lugar en la discusión nacional. Se castiga o se premia de acuerdo a los resultados y a lo prometido en campaña. Con esta novedad, la propuesta es castigar -con latigazos de desprecio- a todos por igual.
No es la primera vez que se "convence" a la ciudadanía para que no vote por el partido de su preferencia. En el 2000 se puso sobre la mesa el voto útil, y tenía como meta inmediata sacar al PRI de Los Pinos. Para poder lograr el objetivo se trataba de que los ciudadanos rechazaran al partido por el que querían votar. La meta a mediano plazo era acabar con la corrupción y todo lo malo que, hasta ese momento, era atribuible -en exclusiva- al PRI. Suficientes ciudadanos fueron generosos para renunciar a su convicción partidista inicial y apoyar la propuesta que surgía en pleno proceso electoral.
Seis años después, una parte considerable del electorado dejó de votar por el partido de su preferencia inicial y tuvo que optar entre dos propuestas: cambiar la política económica o impedir que un "loco peligroso" llegara a la Presidencia. A mediano plazo, la meta de la propuesta ganadora era -entre otras- generar un millón de empleos al año.
En el 2000 y en el 2006 se cumplieron las metas inmediatas en la misma proporción en que se incumplieron las de mediano plazo. Es más, en el mediano plazo se agudizaron los males a erradicar.
En ese sentido, la meta de corto plazo en el 2009 -de la nueva propuesta que surge en pleno proceso- es mostrar rechazo, repudio y hartazgo. Sería interesante conocer la opinión de los electores que renunciaron al voto de su preferencia y que fueron fundamentales para hacer posible el voto útil en el 2000 y para frenar la llegada de AMLO en el 2006 ¿De qué estarán más hartos hoy, del partido de su preferencia inicial o de la propuesta -sacada de la manga, en cada uno de esos procesos- que respaldaron?
La historia está del lado de los anulistas: la meta inmediata se conseguirá. Lo que está por verse es si los objetivos de mediano plazo se cumplen: que los partidos volteen hacia la población, además de candidaturas independientes, entre otros. Ojalá que se cumplan, pero si la historia se repite, los males podrían agudizarse.
¿Hay un peor escenario que el actual? La respuesta es afirmativa. Los anulistas pretenden jugar ajedrez y lo que están jugando es solitario. Parten del supuesto de que no hay peor escenario que el actual ni intereses reales que aprovecharán el descrédito de los partidos para arrinconarlos y eventualmente colapsarlos... ese fue exactamente el preámbulo de lo que sucedió en Venezuela con Hugo Chávez y en Perú con Alberto Fujimori.
rogelio_campos@yahoo.com
viernes, 5 de junio de 2009
Tiempos de guerra
Estamos en guerra: con todas sus letras y de manera reiterada lo ha dicho el Presidente de la República. Las guerras -está comprobado- suben la popularidad de los Presidentes. Bush -que llegó cuestionado en el 2000- alcanzó después del 11 de septiembre niveles de popularidad nunca vistos. Este factor -descarto el económico- explicaría en gran medida la aceptación que tiene Calderón entre los ciudadanos, según las encuestas -incluidas las de este mes- realizadas por Mitofsky y por Grupo Reforma.
La guerra que vivimos es diferente a una convencional. No es contra otra nación, es -se ha dicho- contra el crimen. Es una guerra -con todo y estado de excepción- sin declaración formal ni legal. Es una guerra que se libra toda en territorio propio. En esta guerra no hay un enemigo visible; luchamos contra algo más bien difuso. Tampoco tenemos objetivos concretos o que puedan ser medidos.
Como en toda guerra, hay enemigos, aliados y traidores. El enemigo es la delincuencia organizada, no hay duda. El problema surge en la identificación de los aliados -de ambos bandos- y los traidores. El problema se vuelve mayúsculo cuando en plena guerra hay elecciones. Todavía más grave: cuando no se decreta -como en toda guerra- una tregua que en este caso ponga a salvo la renovación democrática de autoridades.
Lo anterior todavía se vuelve más álgido cuando el comandante supremo de las Fuerzas Armadas guarda silencio frente a las expresiones de uno de sus principales aliados: el PAN. El que calla otorga y el comandante ha callado frente a las imputaciones de sus aliados, que ven en los demás partidos aliados del crimen. Si las aseveraciones son ciertas, la única forma de apoyar al Presidente es votando por su partido. Si no se toma ese partido estaríamos dejando a México en manos del crimen: nos convertiríamos en aliados del enemigo. En ese sentido, la guerra que se libra pasa por el aniquilamiento de los demás partidos; bien vendría repensar la posibilidad -totalitaria- y transitar a un régimen de partido único, por supuesto del único que garantiza salvar a México de manos siniestras.
Además de otorgar, se ha expresado desde el cuartel general la sospecha de que los órdenes de gobierno local y municipal son traidores a la causa. Como las estrategias bélicas exigen secrecía, no podemos saber cuáles estados o municipios se ubican en este supuesto: únicamente lo sabe el alto mando. Si las sospechas son fundadas, el fantasma del totalitarismo también recorre el régimen federal. En ese sentido, valdría la pena pensar en la posibilidad de eliminar el sistema federal y volver a uno central, en el que la alta dirigencia designe delegados de toda su confianza. En esta guerra, la democracia y el régimen federal empiezan a estorbar.
El ejemplo cunde y en los estados se replican las mismas conductas. Los candidatos del "partido de los buenos" tienen dudas sobre sus adversarios políticos. Ven moros con tranchete y perciben en el adversario político el riesgo de que tenga nexos con el enemigo. El discurso es de campaña -pero no política- de guerra. No se discuten plataformas políticas ni proyectos de ciudad; el reto es salvar a la ciudadanía de caer en manos de aliados de los enemigos. Peor aún, el adversario con su actitud silente otorga validez a los dichos en su contra.
Todo puede esperar. Ya habrá tiempo para atender el asunto de la economía. La reforma política que esperan los "anulistas" podrá esperar. ¿Cuánto tiempo? Lo que dure la guerra: "muchas vidas, muchos recursos y mucho tiempo" según se ha dicho. Después vemos esa minucia de que seamos uno de los peores países para ejercer el periodismo. Sí, somos campeones en número de periodistas muertos, pero en cualquier guerra hay daños colaterales. Y vaya que la guerra está gruesa, no por nada disputamos el liderazgo -en riesgo para periodistas- con Irak y Afganistán. ¡Vaya pretensión la que enarbolan los que exigen el cumplimiento de la Constitución o el respeto a los derechos humanos en un escenario como el que -se plantea- vivimos!
Nadie en su sano juicio quiere que México pierda la guerra. La única forma, según el discurso totalitarista, de no rendir la plaza es votando por el partido que se ufana de ser -entre todos los actores sociales- el principal aliado del Comandante Supremo. Lo anterior supone que no hay opción, y al no haber opción no hay libertad que es la facultad de obrar de una manera o de otra, o de no hacerlo. Aquí no hay más que de una sopa, y las otras significan apoyar a los aliados de los enemigos. La guerra produce miedo para cualquier persona normal. La democracia supone elecciones libres, y cuando las personas actúan con miedo -perturbados angustiosamente en su ánimo por un riesgo o daño real o imaginario- no actúan con libertad.
En la guerra todo se vale. Estamos en guerra, no hay que olvidarlo. Así son las elecciones en estos tiempos.
viernes, 29 de mayo de 2009
Siga valiente
Doy vuelta a la página y... otra inserción con el mismo texto, la misma tipografía, el mismo tamaño, la misma responsable de la publicación. Esta vez sí reconozco el nombre de la firmante: Janet Arceo, conductora de televisión. Varias más en los mismos términos, firmadas por: un "mensajero", una "comunicadora", una mujer que también ha firmado cuestiones relacionadas con documentos del Episcopado.
Por un momento pensé que las inserciones eran espontáneas. La idea se fue desvaneciendo conforme observé que la considerable cantidad de publicaciones tenían la misma tipografía y tamaño, y que el nombre de la responsable era el mismo en todas.
Si bien la emoción de pensar que eran espontáneas se diluyó con cierta rapidez, conservé la ilusión de que esos ciudadanos que admiran la valentía del Presidente se habían organizado para pagar de su dinerito su publicación. Total, no tendría nada de malo que fueran iguales, habrían logrado el efecto de una campaña novedosa.
Por un momento pensé que una epidemia de valentía había sustituido a la de influenza. Un presidente reconocido por ser valiente y alentado para que siga siéndolo. Imaginé ciudadanos valientes en manifestar ese apoyo y generosos por gastar su dinero, en hacerlo.
Pero todo eso se vino abajo cuando escuché las palabras de uno de los firmantes: Erick Del Castillo, Actor. Èl y su hija Kate han apoyado campañas panistas. Del Castillo fue postulado como candidato del PAN a jefe delegacional de Tlalpan.
En la tercera emisión de Hoy por Hoy -de W Radio- el propio Del Castillo aceptó que él firmó el documento. Dijo que "un amigo" le animó para firmarlo, pero no quiso decir quién es su amigo, que no podía decir de quién se trataba. Abundó en el sentido de que no sabe el origen de la organización, pero sí aseguró que el Gobierno no está detrás. También dijo que son momentos en los que "hay que dar color", y lo más importante: aceptó que él NO pagó el anuncio. La entrevista se puede escuchar en www.wradio.com.mx/oir.aspx?id=819095.
Debo reconocer que las declaraciones de Erick me desilusionaron. "No puedo decir de quién se trata, no quiero meterme en problemas" habría dicho Del Castillo. Salió peor la forma novedosa de manifestar apoyos. Por lo menos en los desplegados suele haber una o varias organizaciones o membretes. Las organizaciones tienen un historial que permite ubicarlas en el mapa político, ideológico, de financiamiento, etcétera. Entiendo que aquí se pretendía mandar el mensaje de que son los ciudadanos en lo particular quienes de manera coincidental fueron iluminados por la misma idea al mismo tiempo.
Las palabras de Del Castillo revelan un grupo de ciudadanos "animados" -según sus palabras- por alguien cuya identidad les da temor o vergüenza revelar. Los ciudadanos que admiran la valentía de su Presidente no la tienen para decir quén pompó las inserciones. Y yo que estaba a punto de hacerme fan de esos ciudadanos que apoyan públicamente a su Presidente. Al aceptar Del Castillo que él no pagó la publicación, las cosas empiezan a despedir un tufo muy desagradable.
Es importante saber quién está pagando esta campaña de apoyo al Presidente. Sobre todo para disipar las dudas que tienen los malpensados que ven una sincronización en el discurso de la campaña panista y estas "novedosas" inserciones. En el discurso de la campaña panista el Presidente está enfrentando al crimen, y la forma de apoyarlo es votar por el PAN, pues de no hacerlo se deja al país en manos del crimen.
Siga valiente, señor Presidente, y diga que no solamente votando por el PAN se le puede apoyar a usted, que la pluralidad no significa riesgo. Siga valiente e impónganse al discurso mañoso de su amigo Germán que les dice a los ciudadanos que el mejor aliado que usted ha tenido -después de Elba Esther- es el mismo partido que según Martínez tiene nexos con el narco. Siga valiente señor Presidente y como Jefe de Estado garantícele a la sociedad que con o sin mayoría usted seguirá combatiendo al crimen. Siga valiente y dígale a la sociedad quién sí lo apoya y quién no. Siga valiente... y pídale a sus fans que transparenten el origen del financiamiento de la campaña en su apoyo y de paso dígales que si la van a continuar, sea menos insulsa... de pérdida que le pongan: "Sí se puede, sí se puede".
rogelio_campos@yahoo.com