sábado, 27 de septiembre de 2008

Modelo descontinuado

La grave crisis financiera por la que atraviesa la Unión Americana ha dejado en claro que el modelito financiero -que no económico- es un depredador de las economías que lo han adoptado, entre ellas la mexicana. De la noche a la mañana el imponente casco de la nave estadounidense ha sido horadado, justo debajo de la línea de flotación.

Las reacciones no se han hecho esperar. El Ministro de Finanzas de Alemania, Peer Steinbrück, responsabilizó a Estados Unidos de una crisis mundial y vaticinó que perderá su actual status de superpotencia mundial. En otro ámbito, Henry Paulsen, Secretario del Tesoro de Estados Unidos, manifestó que había muerto la era del capitalismo salvaje -término hecho famoso por Juan Pablo II-.

Contrariamente, Felipe Calderón y Agustín Carstens dicen que sí, pero no. Que las finanzas mexicanas están fuertes. Lo curioso es que esa fortaleza no se refleja en las finanzas de los hogares, que cada vez deben más a la tarjeta de crédito, y si consideramos que hoy nos endeudamos para ir al supermercado... las cosas no apuntan en el buen sentido. Esta semana, los banqueros de México reconocieron que el problema de cartera vencida es mayúsculo y que se equivocaron en otorgar tarjetas a quienes no tenían capacidad para pagar.

Los mexicanos no debiéramos preocuparnos mucho. Las declaraciones del Presidente y de Carstens -de la semana pasada- son como escudos que nos defenderán del tsunami financiero que se avecina. Aunque pensándolo bien, quizás sí debiéramos preocuparnos si tomamos las declaraciones de Carstens de esta semana, en las que dice que las remesas bajarán este año un 8 por ciento. Ya en ese plan pesimista -renegado diría Fox- sí debemos preocuparnos, puesto que cabe la posibilidad de que las declaraciones del Ejecutivo se reflejen en la realidad como el "vamos ganando" en la lucha contra el crimen organizado, o en el cumplimiento de promesas como la del empleo.

Si nuestras autoridades están en lo correcto, no debemos hacer caso al Ministro de Alemania... preocupante sería que tuviéramos indicios de que los alemanes hubieran dado muestras de saber del tema. Y Paulsen no debiera ser tan aprehensivo en sus declaraciones: bien le vendría un curso de optimismo oficial mexicano -también conocido como felicismo-.

Paulsen seguramente todavía no aprende, de sus vecinos del sur, que la realidad se acomoda a fuerza de declaraciones y de llamados a la unidad. ¡Cómo se atreve a criticar las consecuencias que se dan en un área donde él tiene influencia! Eso no se vale. Debe aprender que, incluso si son los opositores quienes lo dicen, hay que fustigar la crítica, soslayar las voces que "se oponen al progreso nacional y a proyectar al país al futuro". Como si el futuro fuera necesariamente bueno o mejor.

Los legisladores del partido del Presidente no apoyaron su propuesta.

No saben nada de política. Aquí, en los últimos 20 años, los partidos de Oposición no lo son en medidas financieras. Hay que recordar el spot de Calderón apoyando el Fobaproa.

De qué tamaño será el problema.

Es como si aquí los legisladores del PAN no apoyaran las medidas propuestas por el Presidente en una situación de dimensiones históricas. Por eso digo que deben venir a pedir asesoría. Aquí les enseñamos cómo hacerle para que los opositores apoyen -ante amenazas y "coyunturas históricas"- los operativos militares, no importa si el ex Primer Ministro francés, Dominique de Villepin o la ONU lo rechazan. También les enseñamos cómo hacer ver como enemigos, renegados o traidores a aquellos que ponen en duda lo que el Ejecutivo plantea.

Este modelo financiero ya demostró en varios países los estragos que produce. Algunas naciones de Latinoamérica que lo sufrieron han cambiado sus políticas, han hecho ajustes mayores. Nosotros seguimos empeñados en defender lo indefendible. Llámese PRI, PAN, PRIAN o PRIANAL. El común denominador, el hilo conductor es el modelo económico, ese no cambia. En alguna ocasión, Ernesto Zedillo manifestó que el modelo no estaba a discusión -raro en una democracia-.

La democracia y el capitalismo surgieron y se han desarrollado al parejo. Empíricamente ha quedado demostrado que dentro del capitalismo hay graduaciones. También está claro que los capitalismos más comprometidos y generosos con el bienestar social terminan incidiendo en democracias de mayor calidad.

El capitalismo salvaje al que se han referido, entre otros, Juan Pablo II y Paulsen, depreda el medio ambiente, deteriora el tejido social, pone en riesgo la viabilidad de las generaciones futuras. Paulsen tiene razón: ese capitalismo está viendo sus últimos días. Es el capitalismo que privatiza las ganancias y socializa las pérdidas. Es el capitalismo que, como no le alcanza el presente, crea el mercado de futuros. Ése donde uno de los directivos de las empresas quebradas se llevó 160 millones de dólares como fondo de retiro -para que vean que, comparado, no es tanto lo de nuestros consejeros electorales liquidados, en ambos sentidos del término-.

También están viendo sus últimos días los defensores a ultranza de este modelo. Su credibilidad se acabó. Estamos asistiendo a una -dolorosa- cita con la historia donde México puede resurgir. Hasta el pretexto de que nuestra economía está ligada a la estadounidense dejará de tener vigencia... o puede ser que opere a favor del País.

En diversos ámbitos, como el automotriz, un modelo descontinuado se devalúa y son pocos los que desean hacerse de él. Lo mismo sucederá con esta grave crisis. Pocos serán los que quieran el modelito económico descontinuado. Muchas plumas y políticos acogerán la nueva moda. Otros -pocos- serán congruentes con lo que han venido expresando y tendrán la oportunidad histórica de que las masas volteen a ver con interés otras ofertas. Otros, en su terquedad, confundirán un descontinuado con un clásico.

sábado, 20 de septiembre de 2008

Palos de ciego (2) (II)

Segunda y última parte

La semana pasada referí que el aumento de 40 por ciento propuesto por el Presidente de la República en el rubro de seguridad pública sonaba a una propuesta electorera y desesperada. En el transcurso de esta semana el problema de seguridad se agravó. Hemos dado un salto cuántico en éste ya de por sí grave problema.

La incongruencia de Felipe Calderón ante el tema presupuestal en materia de seguridad refleja un Calderón -el opositor- que regateó este tipo de medidas; y otro Calderón -el Presidente- que pide sacrificar otros rubros y demanda un apoyo irrestricto, incondicional.

El pretendido aumento implicaría que hay un modelo a seguir, que está siendo exitoso. Falso. También llevaría implícito que hay un acuerdo en que los responsables en la materia son confiables. Falso también. Antes de los lamentables acontecimientos de Morelia, la atención estaba centrada en la enorme duda que generó la detención de una agente federal presuntamente involucrada en el secuestro -el caso Martí- que a su vez atraía toda la atención y catalizaba la preocupación e indignación de la sociedad mexicana en materia de seguridad.

El Presidente pide fe ciega en un modelo que no termina de quedar claro. Es más, no se sabe a ciencia cierta si existe o no. Pide que "a ojos cerrados" tengamos confianza en los responsables. Exige que no haya miramientos en apoyar una guerra cuya lógica no acabamos de entender, y es que conforme nos repite que vamos a ganar o que vamos ganando, los sucesos cada vez son más espeluznantes e inéditos.

Fe ciega, ojos cerrados y no tener miramientos tienen el común denominador de la ceguera. En ese contexto, los palos de ciego que da el Gobierno tienen una explicación lógica.

Antes de asumir la Presidencia, Felipe Calderón se comprometió a realizar o iniciar 100 acciones -incluidas las que tienen que ver con la inseguridad- en los primeros 100 días de su Gobierno. El espacio no da para enumerarlas, pero no hay más que dos opciones: o las acciones no se han cumplido, o si se han cumplido no solamente son insuficientes, sino que han avivado el fuego de la inseguridad y acrecentado la desconfianza hacia los responsables de estas áreas. En ese sentido se han venido expresando periodistas y analistas.

Como consecuencia de la detonación de granadas, la reacción del Presidente podría considerarse lógica. Apela a la unidad, el problema es que -no se puede tapar el sol con un dedo- no tenemos un País unido. La enjundia presidencial para obtener cohesión social ante este suceso no se percibe en otros aspectos de la vida nacional. Paradójicamente, son los otros aspectos los que nos tienen divididos.

En otros casos, como el español, la unidad frente al terrorismo surgió de la base, espontánea, y ha borrado protagonismos. En México el Presidente quiere echarse al País al hombro, encabezando, protagonizando la pretendida unidad, queriendo que trasmine en el tejido social.

Lo desafortunado del discurso es mezclar los temas de policía con los temas políticos. Pareciera que hay más miedo a que los partidos capitalicen la tragedia. Pareciera que el repudio al atentado es de la misma medida que una -posible- recriminación de analistas. Curarse en salud.

No se puede pedir lo que no se estuvo dispuesto a dar. No se puede olvidar el origen de las autoridades en turno. No se puede pedir unidad y de manera encubierta pretender ganar legitimidad. No se puede esperar que nuevamente asombre la llegada de miles de efectivos, ¿pues dónde andaban? Nos habían dicho que ya habían llegado a esas tierras, pero no nos dijeron cuándo se retiraron. No se puede pedir confianza en la medicina que no alivia, que agrava.

Cada semana caen capos, y según las autoridades -y no pocos medios que lo replican tal cual- todos son importantísimos. ¿Cuántos hay?, ¿dónde está la lista de los más buscados, que nos permita contrastar que los que caen efectivamente son importantísimos? Son miles los detenidos: ¿dónde los recluyen, hay espacio suficiente, qué medidas se han tomado en los lugares donde están?

No hay enemigo visible. La ceguera total. El Presidente es el lazarillo que nos guía. Debemos creer que nos lleva en buen sentido. No hay idea de los recursos ni del tiempo que nos llevará; debemos conformarnos con "muchas vidas, mucho dinero, muchos años".

Estamos inmersos en la mayor crisis de seguridad en la historia del México moderno... y contando. Del Presidente del Empleo nadie se acuerda, ahora debemos conformarnos con que se combata el crimen. La prioridad cambió. Error monumental de diagnóstico y de operación. También cambió "el peligro para México". Ahora lo encontramos en algo que nunca se dijo en las campañas presidenciales que motivaron desunión y crispación.

No estaría mal que recurriéramos al Señor Álos, el antípoda de Solá. Quizás él pueda encontrar la forma de unirnos de una manera más eficaz que el actual discurso presidencial. La otra opción implica humildad, sacrificio, transparencia, rendición de cuentas y trabajo. La opción está en atender -de verdad- los asuntos que reflejan un México dividido. Esto no se logrará "sacrificando otros rubros en el presupuesto".

El problema de seguridad es sintomático de otros tantos. Se requiere que las autoridades dejen atrás los palos de ciego, que abandonemos la invitación a continuar con la ceguera. Se requiere ver todos los problemas y atenderlos.

rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 13 de septiembre de 2008

Palos de ciego (I)

Primera de dos partes

El pasado jueves, el Presidente anunció un aumento del 40 por ciento para el rubro de seguridad en su iniciativa de Presupuesto para el 2009. Como consecuencia -y según el propio Mandatario- tendrán que sacrificarse otros rubros.

En principio resultaría lógico. Ante la histórica ola de violencia que nos azota, pareciera que necesitamos más recursos para esta área. Sin embargo, el anuncio presidencial pone al descubierto varios elementos que vale la pena analizar.

Hace 10 años (27/11/1998), Grupo Reforma publicó "Descalifica Calderón proyecto presupuestal". Calderón era presidente del PAN y se refirió al presupuesto para 1999 en los siguientes términos: "¿Qué es lo que está ocurriendo? Que se pretende financiar el muy cacareado Programa de Seguridad Pública a costa de cancelar los ingresos de los municipios. Es decir... quieren hacer caravana con sombrero ajeno porque quieren financiar ese programa de seguridad quitando lo que la ley ya dispone que debe entregarse a los municipios".

No es el único caso que pone al descubierto la incongruencia de nuestra clase política. Basta transitar de la Oposición al Gobierno para ver las cosas totalmente diferentes. Calderón no es la excepción. Tampoco es la única incongruencia que se le ha documentado. El 17 de febrero del 2007 en "Adivina, adivinador" contrasté la postura -acerca del combate al narcotráfico- de "Calderón el opositor" vs. "Calderón el Presidente". Declaraciones diametralmente opuestas, que exhiben una oposición mezquina que puso en duda las prácticas de hoy.

Si se hubiera contado con mayor presupuesto para seguridad, quizás no habríamos llegado al extremo que ahora vivimos. Es el mismo caso si se hubiera combatido con mayor contundencia el narcotráfico. El "hubiera" no existe. Lo que sí existe y está documentado es la incongruencia monumental de quienes hasta hace poco eran oposición y hoy son Gobierno.

El anuncio presidencial también deja al descubierto los descomunales errores en la Administración de Calderón. No es posible que un área del presupuesto aumente 40 por ciento. No hay forma lógica de que esa área -o alguna otra- pueda asumir el ejercicio racional de un incremento repentino de esa magnitud. En caso de que la cantidad planteada sea la necesaria, lo que quedaría al descubierto es un error garrafal en el diagnóstico del problema en cuestión. La falla del Gobierno estaría en no haber presupuestado lo necesario en los años anteriores.

El anuncio parece más una medida efectista y electorera. El Presidente, desde el principio, se metió en un laberinto. Como candidato identificó como el principal problema del País: el empleo. Lo tomó como imagen. Ya como Presidente, nos cambió la jugada: la inseguridad se convirtió en el principal problema, ya ni quien se acuerde del empleo. Los operativos militares, la indumentaria castrense, 5 mil efectivos para el norte, 3 mil para el sur, 2 mil para el occidente, retenes. Nuevamente el efectismo puro. A la fecha, el problema no ha disminuido, ni siquiera se ha contenido; por el contrario: ha venido a más. Hasta la espectacularidad de los operativos ser ha perdido; mejor dicho, la delincuencia hasta el espectáculo se ha robado.

Hay que recordar que el 9 de diciembre del 2005, en un desayuno en su cuartel de campaña, Felipe Calderón se comprometió ante los organizadores de la marcha contra la inseguridad del 2004. El compromiso fue bajar 10 por ciento anual los índices de delincuencia. No estaría por demás buscar la curva que arroja en esta materia el lapso comprendido entre el 1 de diciembre del 2006 y el día de hoy. Sin duda, ese 10 por ciento es mayor, pero a la inversa.

Ahora nos dicen que se requiere más dinero. Habrá que esperar a conocer cuáles serán las áreas sacrificadas.

Ahora debemos creer que su plan sí es auténtico, y no debemos incurrir en la desconfianza que él manifestaba como opositor respecto a los planes de seguridad del Gobierno. En ese sentido, Calderón es un afortunado: la Oposición no se ha mostrado mezquina en el apoyo a los retenes militares. Esperemos a ver las reacciones a la propuesta presupuestal.

No estaría mal que el Presidente evaluara su Gabinete de seguridad y sus estrategias. Si lo ha hecho, significa que ahí no identifica el problema y que lo único que se requiere es más dinero.

Ante una propuesta presupuestaria de esa magnitud, vale la pena recordar los antecedentes que nos permiten contar con la visión presidencial del problema. Es pertinente analizar la congruencia del discurso y el cumplimiento de compromisos. Es necesario preguntarnos si hay un concentrado de estadísticas que nos ilustren.

El candidato Felipe Calderón nunca nos dijo que este era el principal problema. Como Presidente ha desplegado una serie de medidas espectaculares que parecen avivar el fuego, y al inicio de su gestión hizo una serie de compromisos en materia de seguridad para los primeros 100 días de su Gobierno.

La próxima semana recordaremos estos compromisos; eso puede ayudarnos a tener una idea más clara sobre el cumplimiento en relación a los adquiridos recientemente. También puede clarificar si un aumento presupuestal de esta magnitud puede resolver el problema.

El Gobierno podría ayudar mucho si, mientras tanto, nos explica las razones de no considerar en presupuestos anteriores una mayor cantidad de recursos; y también ayudaría una dosis de humildad para que el Presidente reconociera que se equivocó cuando era Oposición y que por tanto, es un destacado corresponsable de la crisis de seguridad que hoy vivimos.

rogelio_campos@yahoo.com