sábado, 23 de agosto de 2008

País de renuncias

Nos quejamos de la inseguridad pública, que permite que nos roben de a poco. En cambio, toleramos la inseguridad jurídica, que cancela lo más importante: la posibilidad de futuro

Confusión en varios aspectos es lo que priva en los mexicanos como consecuencia de la escalada de violencia que se viene sufriendo. No solamente estamos confundidos y perplejos, con desasosiego y turbación de ánimo. También lo estamos por el clima de abatimiento y humillación que padecen miles de compatriotas al ser víctimas materiales o potenciales de la delincuencia. Pero también el término confusión se aplica para quien mezcla o funde cosas diversas y para quien se encuentra equivocado.

Los mexicanos podríamos estar mezclando o fundiendo términos. La marcha que se ha convocado es para protestar contra la violencia. Algunos encuentran el antecedente a esta -seguramente- monumental marcha en el año 2004. En aquella ocasión se marchó contra la inseguridad. Violencia e inseguridad se relacionan, pero no son lo mismo. Cuatro años después volverá a participar México Unido contra la Delincuencia, la asociación que entonces convocó a aquella marcha. Delincuencia, inseguridad y violencia se relacionan, pero no son lo mismo.

El cambio de término entre la marcha de 2004 y la de 2008 reflejaría una transformación del problema o la percepción que se tiene del mismo. Antes se reclamaba seguridad. Si hoy se protesta contra la violencia y este último problema fuera resuelto, podríamos quedar en el estado en el que nos encontrábamos en 2004, sufriendo o percibiendo una inseguridad sin violencia o tal vez menos violenta.

Lo que queda claro es que en todos los casos -delincuencia, inseguridad y violencia- se vienen limitando los términos para referimos básicamente al concepto de seguridad pública.

Nos quejamos y protestamos -y está bien hacerlo- contra la "delincuencia de abajo", que extorsiona, asalta transeúntes, roba casas, negocios, autos o camiones; a la que secuestra. Pero no nos quejamos con la misma intensidad contra la "delincuencia de arriba". La delincuencia institucionalizada y la de cuello blanco roban a gran escala, asaltan con la ley en la mano, dejan sin casa o sin negocio. Ante esa delincuencia nos rendimos. Curiosamente en este caso no confundimos, no mezclamos términos, sino que tomamos el cuidado de separarlos.

En materia de seguridad se repite el esquema. Confundimos el término seguridad con el de seguridad pública. Nos quejamos de la inseguridad pública, que permite que nos roben de a poco. En cambio, toleramos la inseguridad jurídica, que cancela -nos roba- lo más importante: la posibilidad de futuro.

En este esquema de miopía estamos confundidos -equivocados- al reducir nuestro concepto de propiedad tan sólo a lo privado e inmediato. Renunciamos a ver como nuestra propiedad los bienes y servicios públicos: ríos, mares, bosques, parques, calles, transporte. Igualmente, renunciamos a ver como propio el futuro.

En nuestro esquema, lo único que nos pertenece es lo privado y actuamos en consecuencia. En ese sentido, todo lo que también nos pertenece, lo público, y a lo que cobardemente hemos renunciado, nos lo pueden robar y se puede dañar, pues en nuestra apreciación, no nos pertenece.

Al defender únicamente lo privado hemos abandonado la plaza. No se puede defender lo público desde la trinchera de lo privado. Lo peor: no se puede defender eficazmente lo privado sin las herramientas de lo público. Esta atrofia de no usar y disfrutar lo propio explica nuestra torpeza cuando se trata de reclamar seguridad pública. No sabemos cómo hacerlo y queda la duda de si sabemos lo qué es.

En materia de violencia, nuevamente limitamos el concepto. Lo reducimos a la violencia como instrumento de la delincuencia. Sin embargo, hemos renunciado a luchar contra los distintos tipos de violencia que ejercemos en nuestra sociedad: violencia intrafamiliar, de género, explotación infantil, discriminación de todo tipo. Difícilmente asociamos el término con los accidentes violentos, esos que están cobrando la vida de jóvenes alcoholizados. Si lo asociamos, tenemos una inmunidad brutal frente al fenómeno o bien una incapacidad monumental para imaginar o hacer algo al respecto.

Esa visión limitada de violencia o renuncia a la capacidad de indignación por la violencia en general nos pone en estos momentos en un serio predicamento de congruencia. Debiéramos preguntarnos contra qué específicamente estamos protestando o qué específicamente nos tiene indignados.

Bien lo decía el empresario Martí en su disertación del jueves, cuando se refería a las autoridades: "si no pueden, renuncien". Sin duda habló a nombre de la sociedad mexicana que es conocedora en esa materia. Con nuestros hechos demostramos que hemos renunciado a lo público y a ser congruentes. Hoy sufrimos las consecuencias y estamos confundidos, en los varios sentidos del término confusión: mezclamos los términos, estamos perturbados, nos sentimos humillados, pero lo más importante: nos hemos equivocado y debemos empezar por reconocerlo.

rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 2 de agosto de 2008

Una pobre reforma

La "reforma" electoral aprobada recientemente fija nuevas reglas para la operación de las elecciones en Jalisco. No son pocas las nuevas disposiciones cuestionadas. La atención se ha centrado en el sensible aumento de los recursos destinados a los partidos políticos y en la remoción de los actuales consejeros.

El pasado jueves el órgano electoral dejó entrever que solicitará más de 700 millones de pesos para ejercer en 2009. El próximo año se celebrarán elecciones intermedias. En 2003 este tipo de elecciones costaron poco más de 200 millones de pesos. Se exponen muchos argumentos para justificar el aumento, pero no parecen alcanzar para justificarlo.

Uno de los puntos que explican el incremento se encuentra en los ingresos que tendrán los partidos. Los legisladores lo justifican al amparo de que en ese sentido está la reforma constitucional federal. Obsoletos quedaron los argumentos de anteriores reformas que buscaban un ahorro en el gasto electoral. En 2005 se reformó la Constitución para que los consejeros ganaran menos, tres años después, ganarán más que en 2004.

Para las elecciones de 2003 se hizo otra reforma que hacía coincidir las fechas de la elección local con la federal. El principal argumento fue el del ahorro. Al parecer, ese argumento ya perdió vigencia.

El Instituto Electoral sigue siendo visto por la mayoría de la población como un organismo "temporalero", que solamente tiene actividad cada tres años. Si bien es cierto que esto no es así, ya que el organismo tiene a su cargo funciones en los períodos de menor intensidad, su eficacia y el impacto de su trabajo quedan en entredicho.

El organismo electoral no ha dictaminado sobre las multas a las violaciones en los gastos de campaña de la elección de 2006. Estamos a meses de iniciar un nuevo proceso electoral y eso no es aceptable, bajo ningún argumento.

Si bien es cierto que los actuales consejeros han desplegado el mayor esfuerzo del que se tenga memoria por realizar actividades de educación cívica, también es cierto que el impacto de las mismas apenas sí se puede apreciar.

Si además consideramos que actividades sustantivas, como el padrón electoral, sale de su competencia, este tipo de organismos locales cada vez encuentran menos argumentos para existir y se convierten en ventanilla de trámite del IFE. Por si lo anterior fuera poco, el caso del referéndum promovido por la FEU evidenció que a los consejeros y a su aparato los atrofia la inactividad. La FEU demostró que el cruce de datos entre las solicitudes y el padrón lo hicieron con un documento caduco. Además demostró que varios casos de personas que se declararon inexistentes en el padrón, en realidad sí se encontraban.

Debemos transitar a un modelo de Instituto Nacional Electoral que se encargue de la organización de todas las elecciones, ya sean federales y locales, con un calendario único. El mismo día deben celebrarse elecciones en todo el País. Si somos más ambiciosos podemos recurrir al ejemplo brasileño, que conjunta en su órgano electoral las funciones administrativas y jurisdiccionales que nosotros tenemos separadas en institutos y tribunales. Un sólo organismo -con sus delegaciones- en lugar de los 66 que tenemos actualmente.

Si queremos ir más allá, podemos hacer períodos de cuatro años para Presidente de la República, Gobernador y diputados; y de ocho años para senadores, con posibilidad de reelección. Se acabaría el pretexto de que en el primer año apenas están aprendiendo, pero también se tendría la exigencia de resultados en el corto plazo.

Contar con dos organismos, con sus delegaciones, implicaría un ahorro aproximado del 50 por ciento. Períodos de cuatro años implicarían un ahorro adicional del 25 por ciento. Se puede ahorrar más si invertimos en urnas electrónicas que se puedan usar en varios procesos electorales y podríamos aprovechar las fechas simultáneas (que en este esquema se convertirían en concurrentes) para que los ciudadanos votarán por referéndum, obras públicas, entre otras decisiones.

Lo anterior sin tomar en cuenta las bondades ecológicas, de rapidez en contar con resultados y de certidumbre en cuanto a las pocas impugnaciones que se tendrían. La urna electrónica no solamente se utiliza en países de primer mundo, en Brasil el 100 por ciento de los ciudadanos la utiliza y prácticamente no han tenido impugnaciones. El mito del federalismo, al que se apela para contar con 66 organismos, se diluye con el caso brasileño.

Pasemos al segundo de los puntos. En la reforma aprobada, los consejeros duran únicamente tres años en el cargo. Con lo anterior se contraviene la doctrina que establece, para el caso de organismos constitucionales autónomos, períodos largos de duración para sus titulares como un elemento que abona de manera determinante a su autonomía, estabilidad y profesionalización.

Al parecer, estas posibilidades no existen en la mente de nuestros legisladores. Estamos peleados con la tecnología, la eficacia, la certidumbre, la rapidez, los ejemplos de casos de éxito y con lo que establece la doctrina. Nuestro sistema electoral se ve reflejado a la perfección: premoderno, ineficaz, lento, destinado al fracaso y basado en la ignorancia. Lo peor de todo es que nuestras autoridades surgen de estos procesos y estamos reafirmando las bases para que, salvo caso fortuito, sean a su vez un reflejo del sistema electoral que da origen a su autoridad.

Tomo necesarias vacaciones. Nos vemos en tres semanas.

rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 26 de julio de 2008

Obamado

Faltan 100 días para que se conozca quién será el próximo Presidente estadounidense. Desde el inicio de los procesos intrapartidarios, la figura de Barack Obama ha crecido como bola de nieve. El fenómeno ha generado lo que hoy se conoce como Obamanía, y parece destinado a seguir escribiendo páginas de la historia mundial.

El virtual candidato de los demócratas se impuso al binomio Clinton. La fuerza que lo ha respaldado se caracteriza por la consistencia de un apoyo popular inusitado que lo llevó a recaudar por Internet fondos suficientes para su campaña interna. Obama no es propiamente un fenómeno mediático, como algunos quieren limitarlo. Tampoco se explica sin la crisis que atraviesa la Unión Americana: crisis estructural, más que coyuntural.

El éxito de Obama encuentra explicación en factores como haber despertado el interés de un segmento del electorado tradicionalmente apático y olvidado: la juventud. Los jóvenes estadounidenses no encuentran elementos de orgullo nacional en un mundo que habla el lenguaje de la competitividad, del calentamiento global y de los grandes problemas del Siglo 21. El discurso de Obama no apela a la superioridad, mucho menos a la soberbia; al contrario, es un discurso más bien humilde, fresco y flexible. La figura de Obama refuerza su mensaje.

Hace algunos meses, los editorialistas de MURAL tuvimos la oportunidad de conversar con el Doctor George W. Grayson, especialista en temas de Gobierno. En esa reunión, Grayson se expresaba de Obama como "el rayito de esperanza" de los estadounidenses, equiparándolo a AMLO y tratando de enfatizar la falta de consistencia del discurso del entonces precandidato demócrata. Grayson veía todos los inconvenientes que tendría Obama en esa carrera... inconvenientes que el virtual candidato ha superado o que solamente existían en la imaginación de quienes veíamos invencible el statu quo. La visión de Grayson sobre diversos temas, incluido México, contrasta de manera formidable con la de Obama, tanto como la edad de ambos personajes. Lo cierto es que Obama, más que guiarse por la historia, está haciéndola.

Barack domina las encuestas. Aunque la diferencia con John McCain es mínima, no debemos olvidar que se trata de una elección indirecta. Si atendemos los estudios de opinión que arrojan resultados por Estado, y si hoy fueran las elecciones, Obama sería el ganador por un margen considerable. Tampoco debemos pasar por alto el factor Bob Barr, candidato del Partido Libertario, que solamente podría "robarle" votos a McCain.

El candidato republicano la tiene difícil. Debe sobreponerse a la gestión de Bush, quien se ubica en niveles históricos de (anti)popularidad. Además, debe enfrentar el hartazgo del pueblo estadounidense por las guerras en Iraq y Afganistán, el alza en los precios de la gasolina y la recesión económica. Nada fácil.

La situación se agrava para McCain si consideramos que una parte de la opinión pública empieza a atribuir la dolorosa y cotidiana alza en el precio de la gasolina a la famosa "Laguna Legal Enron", hecha a la medida de esa empresa y que permite la especulación en el mercado de futuros. El punto crítico es que el autor de esta cláusula es Phil Graham, principal asesor económico de McCain. Por si lo anterior fuera poco, McCain no es considerado al interior de su partido como un republicano de hueso colorado.

Pero volvamos al personaje de la semana, el que recién protagonizó un suceso histórico ante la Columna de la Victoria en Berlín. Las imágenes del precandidato demócrata en tierras alemanas son indescriptibles. Más de 100 mil personas congregadas para escucharlo, para interrumpirlo constantemente con aplausos después de cada frase. El suceso dejó fríos a los republicanos. Lo único que pudieron decir fue: "lo bueno es que esos no votan".

Las comparaciones con Kennedy no se hicieron esperar. La diferencia es que Obama apenas es candidato virtual. Su mensaje es sencillo y con gestos de humildad, planteando algo más que el discurso al que nos tenía acostumbrados la superpotencia. La recepción, el discurso, la ovación, la multitud, el lugar... vaya fenómeno difícil de explicar. Por si fuera poco, al día siguiente el Mandatario francés Nicolas Sarkozy dijo haber tenido una conversación "apasionante" con Obama.

Lo de Obama va más allá del carisma racial; la mayoría de sus voluntarios (como la multitud en Berlín) no son afroamericanos. También va más allá de un mero fenómeno mediático. La explicación de lo que está sucediendo con este personaje pasa por un sistema mundial que está colapsado, atenta contra el medio ambiente y es insensible a los flujos migratorios y a las necesidades elementales de la población. Obama lo ha entendido, y en ese sentido fueron sus planteamientos en Berlín.

El mundo requiere de que la nación estadounidense se reactive y que replantee sus políticas. En eso Grayson tiene razón: Obama encarna la esperanza de que pueda suceder.

No ha ganado la Presidencia y está por verse si el extraordinario candidato puede ser un Presidente fuera de serie. La historia se escribe cada día y por lo pronto podemos apreciar la diferencia entre el actual Presidente de Estados Unidos y este virtual candidato. Mientras Bush va al extranjero y es abusheado, Obama va al corazón de Europa y es obamado.

rogelio_campos@yahoo.com