sábado, 26 de julio de 2008

Obamado

Faltan 100 días para que se conozca quién será el próximo Presidente estadounidense. Desde el inicio de los procesos intrapartidarios, la figura de Barack Obama ha crecido como bola de nieve. El fenómeno ha generado lo que hoy se conoce como Obamanía, y parece destinado a seguir escribiendo páginas de la historia mundial.

El virtual candidato de los demócratas se impuso al binomio Clinton. La fuerza que lo ha respaldado se caracteriza por la consistencia de un apoyo popular inusitado que lo llevó a recaudar por Internet fondos suficientes para su campaña interna. Obama no es propiamente un fenómeno mediático, como algunos quieren limitarlo. Tampoco se explica sin la crisis que atraviesa la Unión Americana: crisis estructural, más que coyuntural.

El éxito de Obama encuentra explicación en factores como haber despertado el interés de un segmento del electorado tradicionalmente apático y olvidado: la juventud. Los jóvenes estadounidenses no encuentran elementos de orgullo nacional en un mundo que habla el lenguaje de la competitividad, del calentamiento global y de los grandes problemas del Siglo 21. El discurso de Obama no apela a la superioridad, mucho menos a la soberbia; al contrario, es un discurso más bien humilde, fresco y flexible. La figura de Obama refuerza su mensaje.

Hace algunos meses, los editorialistas de MURAL tuvimos la oportunidad de conversar con el Doctor George W. Grayson, especialista en temas de Gobierno. En esa reunión, Grayson se expresaba de Obama como "el rayito de esperanza" de los estadounidenses, equiparándolo a AMLO y tratando de enfatizar la falta de consistencia del discurso del entonces precandidato demócrata. Grayson veía todos los inconvenientes que tendría Obama en esa carrera... inconvenientes que el virtual candidato ha superado o que solamente existían en la imaginación de quienes veíamos invencible el statu quo. La visión de Grayson sobre diversos temas, incluido México, contrasta de manera formidable con la de Obama, tanto como la edad de ambos personajes. Lo cierto es que Obama, más que guiarse por la historia, está haciéndola.

Barack domina las encuestas. Aunque la diferencia con John McCain es mínima, no debemos olvidar que se trata de una elección indirecta. Si atendemos los estudios de opinión que arrojan resultados por Estado, y si hoy fueran las elecciones, Obama sería el ganador por un margen considerable. Tampoco debemos pasar por alto el factor Bob Barr, candidato del Partido Libertario, que solamente podría "robarle" votos a McCain.

El candidato republicano la tiene difícil. Debe sobreponerse a la gestión de Bush, quien se ubica en niveles históricos de (anti)popularidad. Además, debe enfrentar el hartazgo del pueblo estadounidense por las guerras en Iraq y Afganistán, el alza en los precios de la gasolina y la recesión económica. Nada fácil.

La situación se agrava para McCain si consideramos que una parte de la opinión pública empieza a atribuir la dolorosa y cotidiana alza en el precio de la gasolina a la famosa "Laguna Legal Enron", hecha a la medida de esa empresa y que permite la especulación en el mercado de futuros. El punto crítico es que el autor de esta cláusula es Phil Graham, principal asesor económico de McCain. Por si lo anterior fuera poco, McCain no es considerado al interior de su partido como un republicano de hueso colorado.

Pero volvamos al personaje de la semana, el que recién protagonizó un suceso histórico ante la Columna de la Victoria en Berlín. Las imágenes del precandidato demócrata en tierras alemanas son indescriptibles. Más de 100 mil personas congregadas para escucharlo, para interrumpirlo constantemente con aplausos después de cada frase. El suceso dejó fríos a los republicanos. Lo único que pudieron decir fue: "lo bueno es que esos no votan".

Las comparaciones con Kennedy no se hicieron esperar. La diferencia es que Obama apenas es candidato virtual. Su mensaje es sencillo y con gestos de humildad, planteando algo más que el discurso al que nos tenía acostumbrados la superpotencia. La recepción, el discurso, la ovación, la multitud, el lugar... vaya fenómeno difícil de explicar. Por si fuera poco, al día siguiente el Mandatario francés Nicolas Sarkozy dijo haber tenido una conversación "apasionante" con Obama.

Lo de Obama va más allá del carisma racial; la mayoría de sus voluntarios (como la multitud en Berlín) no son afroamericanos. También va más allá de un mero fenómeno mediático. La explicación de lo que está sucediendo con este personaje pasa por un sistema mundial que está colapsado, atenta contra el medio ambiente y es insensible a los flujos migratorios y a las necesidades elementales de la población. Obama lo ha entendido, y en ese sentido fueron sus planteamientos en Berlín.

El mundo requiere de que la nación estadounidense se reactive y que replantee sus políticas. En eso Grayson tiene razón: Obama encarna la esperanza de que pueda suceder.

No ha ganado la Presidencia y está por verse si el extraordinario candidato puede ser un Presidente fuera de serie. La historia se escribe cada día y por lo pronto podemos apreciar la diferencia entre el actual Presidente de Estados Unidos y este virtual candidato. Mientras Bush va al extranjero y es abusheado, Obama va al corazón de Europa y es obamado.

rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 19 de julio de 2008

El aguafiestas

El Senado de la República programó la realización de 21 foros de debate sobre la reforma energética. Ya van 20. El más reciente, celebrado el pasado jueves, sin duda alguna es uno de los más relevantes de este sano ejercicio. El vigésimo foro, con o sin reforma, es una referencia necesaria, obligada. Lo que ahí se expuso refleja fielmente la situación que vive México en diversos ámbitos.

A diferencia de los foros que se han llevado a cabo, éste se distinguió por varios aspectos. Resulta recomendable y hasta necesario detenernos para reflexionar, no solamente en lo que ahí se dijo, sino en todo lo que sucedió.

El protagonista de este episodio fue el Auditor Superior de la Federación, Arturo González de Aragón. Puso el dedo en la llaga y de manera contundente exhibió la opacidad y la corrupción que campean impunemente, no sólo al interior de PEMEX, sino en torno a la empresa. González de Aragón marcó la diferencia respecto a lo que se ha dicho sobre la materia. No se limitó a señalar las corruptelas que involucran al sindicato. Fue más allá. Señaló la corrupción en los contratos con empresas privadas, nacionales y extranjeras.

El aguafiestas de la pretendida reforma calderonista (sepultada esta semana), señaló que las iniciativas presentadas por el Presidente no resuelven la opacidad y la corrupción que sufre y que genera PEMEX.

González de Aragón hizo estos y otros fuertes señalamientos. Al hacerlo, se valió de datos duros. Con números, no solamente puso al desnudo la problemática real de PEMEX; adicionalmente, desnudó las limitaciones de quienes llevaban la encomienda de defender la propuesta presidencial.

González de Aragón dijo que es urgente mejorar la eficacia recaudatoria del Estado para liberar a PEMEX de una carga fiscal que representa el 60 por ciento de sus ingresos. Contrastó este dato con el hecho de que existen 50 grandes contribuyentes en el País que en 2007 sólo pagaron 74 pesos en Impuesto sobre la Renta y 67 pesos de IVA. La realidad de la paraestatal sería muy diferente si esos grandes contribuyentes pagaran sus impuestos y las finanzas públicas no gravitaran en torno al petróleo.

Lo anterior viene a reforzar lo sospechoso que resulta el interés desmedido por la reforma energética, que contrasta con el desinterés y la falta de enjundia discursiva por impulsar una reforma hacendaria que combata la monumental evasión fiscal en México. Con relación al PIB, recaudamos la mitad de lo que obtiene Brasil, y el caso es alarmante si consideramos que lo recaudado en México incluye lo que se obtiene de PEMEX.

También señaló que PEMEX tiene inversiones accionarias en 54 empresas, acciones con valor de 6 mil 500 millones de pesos, y que sólo 13 operan como paraestatales y 21 lo hacen en el extranjero... sin rendir cuentas. Dijo que estas empresas funcionan bajo un esquema que limita la información de sus operaciones y que, como resultado de la fiscalización efectuada por la ASF, "PEMEX no proporcionó informes de 40 empresas filiales, no tenía un esquema integral de administración que le permitiera el control de gestión de sus inversiones, no proporcionó documentación comprobatoria de las autorizaciones del Consejo de Administración para invertir en nueve empresas".

Los anteriores señalamientos dejan ver muy mal al círculo rojo calderonista que ocupó posiciones clave en la Secretaría de Energía, y no obran registros de haber expuesto esta preocupante situación, por lo menos no con la enjundia que hoy imprimen al otro tema. En el caso del Secretario de Gobernación, el asunto se agrava, ya que fue presidente de la comisión que trata estos temas en la Cámara de Diputados.

El auditor señaló (aportando números) emisiones sospechosas de bonos con cesión de plusvalía de empresas trasnacionales y el manejo discrecional del fondo de ingresos petroleros sin que se acrediten debidamente sus aplicaciones. Se dio el lujo de enmendarle la plana a Gabriel Moctezuma Muñoz (funcionario de PEMEX), al aclarar que la deuda de Pidiregas es del doble de lo que dijo Moctezuma. Los legisladores panistas quedaron congelados. Acostumbrados a debatir opiniones, enmudecieron al ser llevados al terreno de los datos duros.

Otro que se quedó frío fue el presidente del IFAI. Ante los contundentes señalamientos de ausencia de rendición de cuentas expuestos por el auditor, evidenció que el discurso adorador de la transparencia se queda rabón. El IFAI es un organismo del Poder Ejecutivo, eso se conoce. Lo que Alfonso Lujambio dejó al descubierto fue la habilidad que tiene el IFAI para, cuando le conviene, jugar para la tribuna y erigirse como la referencia de la transparencia, no solamente de entidades gubernamentales, sino hasta sindicales... pero cuando se trata de propuestas del titular del Poder al que pertenece, entonces carece de autocrítica. Candil de la calle.

El debate implica controversia, discusión, contienda. La controversia es la discusión de opiniones contrapuestas. Se debaten ideas, y generalmente se hace con palabras. La calidez de las palabras provoca en ocasiones que el debate suba de temperatura, se caliente. González de Aragón utilizó la frialdad de los números y congeló las armas de quienes eran su contraparte.

Es cierto, González de Aragón aniquiló la controversia, malogró el debate en los términos que lo conocemos. No sabemos si al hacerlo inauguró una nueva categoría (el debate donde prevalecen los números), o quizás solamente evidenció que para debatir se requiere un equilibrio de fuerzas entre los contendientes, y cuando los números son tan contundentes no hay materia para la discusión.

rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 12 de julio de 2008

Yes o oui

Nuevamente está en el centro de la discusión el tema de los spots con contenido político. En noviembre de 2007 se aprobaron reformas que prohíben a los particulares y a los partidos la contratación de espacios en radio y televisión. Desde entonces los hombres del dinero y algunos intelectuales se opusieron a la reforma. Interpusieron amparos que en su mayoría han sido desechados, pero que han sido atraídos por la Suprema Corte para dictaminar si dicha prohibición viola las garantías individuales, en este caso la de expresión.

No solamente hay detractores de la reforma, también hay editorialistas, periodistas y académicos que están de acuerdo con la prohibición constitucional, ayer la Asociación Mexicana de Derecho a la Información (Amedi) defendió la prohibición.

La voz de los que están en contra de la prohibición suena más fuerte; se debe a que las televisoras sirven de caja de resonancia y éstas defienden que se puedan contratar estos espacios. En México, donde más del 80 por ciento de la población se entera de lo que sucede en la vida pública por la televisión, resulta lógico que se perciba que son más las voces a favor de la contratación que aquellas que consideran pertinente la prohibición.

Se dice que la reforma atenta contra la libertad de expresión, pero en realidad la confunden con la capacidad económica para contratar la difusión de un mensaje en la televisión. A nadie se le está prohibiendo que se exprese, o que con su pluma publique un artículo en un medio impreso, organice una marcha, tome un altavoz y pronuncie un discurso en la vía pública, o incluso contrate la inserción de un desplegado en la prensa. Lo que se prohíbe es la contratación en radio y televisión para efectos políticos, y esa prohibición es para todos, incluidos los partidos.

Vale la pena preguntarnos cuántos ciudadanos u organizaciones tienen la capacidad económica para contratar la producción y difusión de un spot, ya no digamos varios. La evidencia empírica da respuesta: cúpulas empresariales; organizaciones patito, de las cuales no se sabía nada antes de que aparecieran sus spots ni tampoco después, meros membretes. Estas organizaciones fantasmas supuestamente ejercieron la libertad de expresión. Nunca supimos de quién ni tampoco de dónde provinieron los fondos para pagar sumas millonarias.

Cuando los que estamos a favor de la prohibición referimos estos argumentos, se nos refuta, no sin descalificaciones facilonas, denostaciones y una fuerte carga de adjetivos. Esta curiosa libertad, que para ser ejercida requiere no solamente la capacidad económica de dimensión millonaria, sino la generosa disposición de gastarla, coincidentemente es defendida por quienes igual defienden los operativos militares que violan la libertad de tránsito, y por quienes callan frente a la vulneración de otras tantas libertades consagradas en nuestra Constitución.

Frente a este escenario siempre es recomendable recurrir a la comparación; abrir la ventana para que refresque el sofocado ambiente. No basta con recurrir al caso norteamericano, en el que al parecer se basan nuestros intelectuales. Tampoco abona a la discusión pensar en la política, algo eminentemente público, como algo que está en el ámbito comercial y del dinero, y que por lo tanto se somete al imperio de las leyes del mercado.

En este sentido Francia nos pone el ejemplo. Resulta paradójico porque es un país emblemático por ser cuna de la república moderna, de las libertades y, por si fuera poco, del sistema jurídico que tenemos. Para entender brevemente el sistema francés resulta recomendable el ensayo publicado por el tapatío Sergio Ramírez Robles, publicado en el número 14 de la revista FEPADE Difunde, publicación de la Fiscalía Especializada Para la Atención de Delitos Electorales.

El ensayo refiere que desde hace más de veinte años los franceses cuentan con un órgano que se encarga de reglamentar la producción, programación y difusión de emisiones oficiales que tienen que ver con campañas electorales. Se busca la equidad en el acceso y distribución de los tiempos. También se busca garantizar el derecho de réplica.

Aquí viene lo bueno. En Francia están prohibidas las emisiones publicitarias con carácter político, y la publicidad no puede contener elementos que afecten las convicciones religiosas, filosóficas o políticas de los telespectadores. Vamos, ni siquiera pueden difundir listas de los candidatos más guapos.

Los franceses traducen la libertad de comunicación en el hecho de garantizar que todas las corrientes del pensamiento puedan expresarse... ¡Gulp! Eso lo garantiza el Estado. Nada más contrario a lo que aquí defienden nuestros intelectualazos: que cada quien ampare con su chequera su libertad de expresarse ¡A mayor poder adquisitivo, mayor ejercicio de la libertad! Si usted no tiene dinero, debe o está en cartera vencida, absténgase.

El modelo francés no ha estado exento de dificultades y se ha ido perfeccionando. Paradójicamente, ellos hicieron esta importante reforma para su bicentenario (nosotros estamos próximos a celebrarlo) y la asumieron. Ojalá que los Ministros de la Corte, más que ver el caso estadounidense, volteen a ver a Francia, cuna de la república moderna, de la libertad y del sistema jurídico que adoptamos y del que ellos son los máximos responsables en México.

No se trata de decir no a las libertades, eso no está a discusión, se trata de decir sí y de que se ejerzan con responsabilidad y bajo la tutela del Estado. Ojalá y en este caso, los Ministros más que decir yes a la libertad, le digan oui.

rogelio_campos@yahoo.com