En la década de los 80 el profesor Manuel Castells, autor de "La Era de la Información", acuñó el término reaganomics, para referirse a la política económica que impuso Ronald Reagan durante su Gobierno (1980-1988). Pronto, el término fue acogido por los periodistas de la Unión Americana. Han pasado casi 30 años de la implantación de este modelo, sin embargo, en México nos gusta la onda retro.
La reaganomics descansaba en dos pilares: la política monetarista como instrumento del control de la inflación y la ponderación a ultranza de las leyes del mercado para conducir la economía. El neoliberalismo había nacido. La reaganomics en Estados Unidos y el tatcherismo en el Reino Unido se habían constituido en una mancuerna eficaz para desmantelar el aparato estatal, privatizar los bienes y empresas del sector público y liberar de impuestos a las empresas prósperas. El modelo se adoptó en los lugares de origen y se exportó con éxito a Latinoamérica.
Los desastres naturales ocurridos recientemente en Myanmar y China han consternado a todo el mundo. Se repite la historia: la de Katrina en Nueva Orleáns y del tsunami del 2004, por sólo mencionar dos casos. Estos fenómenos nos demuestran la fragilidad de las comunidades, sin importar el nivel de desarrollo del país afectado. También redimensionan la importancia del Estado como el único instrumento para hacer frente a estas desgracias.
Los grandes problemas del Siglo 21 se manifiestan en el fenómeno del calentamiento global, grandes flujos migratorios, terrorismo, narcotráfico, trata de personas, tráfico de órganos, abastecimiento y tratamiento de aguas, carencia y carestía de alimentos, enfermedades pandémicas y desastres naturales, por no seguir con una escalofriante lista. Todos estos problemas tienen un denominador común: requieren de la intervención del Estado, e incluso de la participación multilateral, para poder atenderlos con eficacia.
Treinta años después, el modelito ha quedado a deber. Desde entonces, los años más prósperos de la Unión Americana son, paradójicamente, los que más se alejaron del modelo en cuestión: los ocho años de Bill Clinton; y los peores, los que se han vivido en el régimen que quiso apegarse nuevamente al gastado esquema. La falta de previsión ante Katrina tiene que ver con el dejo del Estado por invertir en lo que debía: el reforzamiento de los diques que habrían atenuado la inundación. La capacidad de respuesta frente a la catástrofe fue deficiente, como lo ha venido siendo hasta la fecha la reconstrucción de la zona afectada. Ni pareciera que estamos frente a un país de primer mundo.
Treinta años después de la implantación del modelo, han surgido nuevos y grandes problemas de magnitud mundial; otros, se han agravado. Ninguno encuentra solución en la aplicación de las leyes del mercado. Todos requieren de la intervención del Estado e incluso de la asociación de Estados para poder enfrentarlos.
No obstante lo agotado del modelo, los adoradores de las leyes del mercado en nuestro país salieron más papistas que el Papa. Aquí se pondera al mercado más que en los países de origen, pero se pondera a un mercado distorsionado. Las dificultades que enfrenta un consumidor en México para devolver un artículo defectuoso son tremendas; nada que ver con las facilidades que se tienen en la Unión Americana. Lo mismo pasa con la frase que ya es clásica en materia comercial "No parking, no business" (sin estacionamiento no hay negocio); aquí modificamos esa máxima por "hasta con el estacionamiento hago negocio". Ni qué decir del costo del teléfono y de la energía eléctrica, que resultan más caros en términos absolutos que en el vecino país del Norte... eso, sin considerar que aquí los usuarios ganan mucho menos que allá.
Aquí, el "mercado a la mexicana" parte de la necesidad. Muchas personas necesitadas son el caldo de cultivo perfecto para contar con servidumbre doméstica (sin prestaciones, of course), lavadores de coches y hasta despachadores de gasolina. En la Unión Americana contar con servidumbre es un lujo (más que contar con un automóvil europeo del año), el lavado de vehículos es automatizado o muy caro y cada quien se despacha su gasolina, sin importar si está o no en la lista de Forbes.
Curiosamente, en la cuna de la reaganomics el transporte público es algo más que una denominación, es público, con todo lo que implica ser algo que interesa a todos: eficacia y accesibilidad, y en ciertas modalidades resultaría más barato en términos absolutos que en México. En la misma lógica, en la cuna del tatcherismo las medicinas son gratis para la población menor de 16 años (con carácter universal, no sólo para los pobres). Aquí, éstas medidas serían tachadas de macropopulistas.
En pocas semanas iniciarán los Juegos Olímpicos de China, y en 2011 tendremos nuestros Panamericanos. Resulta curioso que la intervención de la autoridad sea necesaria en la construcción de la infraestructura y la organización de estas justas. Son acontecimientos importantes, cuya organización (más no sus ganancias) escapan de la esfera de las leyes del mercado.
Esperemos a ver cómo las leyes del mercado y sus sabios sacerdotes nos explican la solución que darán a los grandes problemas mundiales del Siglo 21. Seguramente tienen una receta para combatir el narcotráfico, el terrorismo, las pandemias, la hambruna, el abastecimiento de agua, los grandes flujos migratorios, la trata de personas y los desastres naturales. Esperemos a que nos expliquen cómo el homoeconomicus, caracterizado por la competitividad, el acaparamiento y el egoísmo, podrá hacer frente a estos retos.
La reaganomics ha pasado de moda; no importa, aquí nos gusta la onda retro.
sábado, 17 de mayo de 2008
sábado, 10 de mayo de 2008
Doloroso, pero necesario
Tal parece que la necesidad de la sociedad por conocer la verdad es una proclama que viene adquiriendo fuerza. A este reclamo se sumó Emilio González Márquez el pasado jueves. En el marco de la Sexta Asamblea de la Red de Radiodifusoras y Televisoras Educativas y Culturales de México, el Gobernador de Jalisco expresó: "Queremos sistemas que no se rijan por cuántos ejemplares voy a vender hoy, y necesito vender más que ayer, y por lo tanto necesito ser más llamativo; sí, queremos sistemas que hablen de la verdad con objetividad y una característica de la verdad es que debe ser completa".
No cabe duda, este País ya no puede vivir de "verdades a medias", de las que se dice son o pueden ser peores que las mentiras. Parece fácil de resolver. En los hechos resulta más complicado. El enfrentamiento de posturas que se presenta en el caso de la llamada Reforma Energética es un botón de muestra. Cada bando tiene su verdad.
La búsqueda de la verdad es un tema complejo, de ahí que desde hace siglos haya sido materia de la filosofía. Sin embargo, en algunos ámbitos se cuenta con avances para poder contar con un panorama que nos permite un mayor acercamiento con la realidad. En los ámbitos del desarrollo político, económico y social, se ha avanzado de manera importante en construir metodologías con bases científicas, que nos permiten medir, y que al hacerlo nos brindan la oportunidad de comparar y hasta de mejorar.
La metodología desarrollada puede tener limitantes y errores, pero constituye un camino para llegar a un espacio común que permite la aceptación de la realidad, con todo y sus errores, la discusión y el mejoramiento de las condiciones sociales.
Con bases científicas (que ya se han referido en Jalisco a la Baja), se han desarrollado estudios por la Comisión Económica para América Latina de la ONU (CEPAL), que establecen que nuestra entidad es una zona en franco retroceso económico. Con metodologías mundialmente aceptadas, se ha medido que Jalisco ha pasado del tercer al cuarto lugar en la aportación al PIB nacional. Con los mismos métodos se sabe que la industria manufacturera del Estado ha venido desplomándose, al tiempo que es rebasada por Coahuila, Tlaxcala, Querétaro, Aguascalientes y Yucatán, y ni qué decir que nos supera el DF, Estado de México y Nuevo León. Con instrumentos similares, el Instituto Mexicano de la Competitividad ubica a Jalisco en un penoso lugar 16 en esa materia.
La UNICEF nos manda al lugar 25 en materia de atención de nuestros niños y adolescentes. Lo mismo sucede con el estudio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, donde Jalisco es décimo lugar en rezago social; decimosegundo en analfabetismo y décimosexto en materia de cobertura de servicios de salud. Precisamente en materia de salud, el Gobierno federal nos reprueba en la mayoría de los indicadores, desarrollados por la secretaría del ramo, que mide la salud y su atención.
Son "verdades de a kilo", como entidad vamos mal y esa ruta no es la que están siguiendo el conjunto de los Estados que conforman la Federación. La verdad no peca, pero sí puede y debe incomodar.
La situación se agrava si consideramos que el fenómeno se replica a nivel País. El Banco Mundial nos ubica en el lugar 70 en ingreso per capita. En capacidad adquisitiva el resultado es peor: lugar 80, compartiendo el sitio con Botswana y por debajo de Trinidad y Tobago. La Heritage Foundation nos otorga el lugar 60 en libertad económica, por debajo de El Salvador. El Foro Económico Mundial nos sitúa abajo del lugar 50 en materia de competitividad. Cifras que contrastan con el hecho de ser la economía número 11 (otros ya nos ubican en el número 13) a nivel mundial.
Más verdades: México apenas recauda el 10 por ciento de su PIB, porcentaje que es duplicado por Argentina, Brasil y Chile. Ya llevamos años donde la comparación no es con el Norte o con Europa. El Índice de Gini, que mide la desigualdad, nos muestra que somos un País donde la polarización económica es dramática. Los que ganan mucho son muy pocos y los que ganan poco o nada son muchos. Pareciera una verdad universal, pero la medición muestra que aquí el fenómeno está particularmente acentuado. Si en un hogar mexicano ingresan 30 mil pesos al mes, pertenece al 10 por ciento de los hogares más ricos del País.
Estas mediciones también nos permiten aproximarnos al conocimiento del tiempo que nos llevará superar nuestros rezagos. La verdad que nos muestran, es que estamos avanzando a paso muy lento mientras otros países nos rebasan. La verdad es que nos tomará mucho más tiempo llegar a ese punto que el que les tomará a otros países.
La ciencia también nos aproxima a la verdad y nos dice que las políticas públicas lo son cuando tienen el respaldo de la sociedad. Lo anterior implica un proceso de escuchar, tolerar, convencer, incorporar ideas de la gente, atender lo que la sociedad considera prioritario y estratégico. También implica propiciar y alentar la participación de la sociedad para que proponga. Lo que se haga del Gobierno de otra forma no es una política pública y tiene mayor probabilidad de fracasar.
Ni duda que aproximarnos a la verdad y alejarnos de las verdades a medias es algo de lo que en México y Jalisco estamos necesitados. Ahí está el camino que nos ofrece la ciencia y la técnica, ojalá se opte por esa ruta. Enfrentarnos a esas verdades puede doler, pero resulta necesario hacerlo.
No cabe duda, este País ya no puede vivir de "verdades a medias", de las que se dice son o pueden ser peores que las mentiras. Parece fácil de resolver. En los hechos resulta más complicado. El enfrentamiento de posturas que se presenta en el caso de la llamada Reforma Energética es un botón de muestra. Cada bando tiene su verdad.
La búsqueda de la verdad es un tema complejo, de ahí que desde hace siglos haya sido materia de la filosofía. Sin embargo, en algunos ámbitos se cuenta con avances para poder contar con un panorama que nos permite un mayor acercamiento con la realidad. En los ámbitos del desarrollo político, económico y social, se ha avanzado de manera importante en construir metodologías con bases científicas, que nos permiten medir, y que al hacerlo nos brindan la oportunidad de comparar y hasta de mejorar.
La metodología desarrollada puede tener limitantes y errores, pero constituye un camino para llegar a un espacio común que permite la aceptación de la realidad, con todo y sus errores, la discusión y el mejoramiento de las condiciones sociales.
Con bases científicas (que ya se han referido en Jalisco a la Baja), se han desarrollado estudios por la Comisión Económica para América Latina de la ONU (CEPAL), que establecen que nuestra entidad es una zona en franco retroceso económico. Con metodologías mundialmente aceptadas, se ha medido que Jalisco ha pasado del tercer al cuarto lugar en la aportación al PIB nacional. Con los mismos métodos se sabe que la industria manufacturera del Estado ha venido desplomándose, al tiempo que es rebasada por Coahuila, Tlaxcala, Querétaro, Aguascalientes y Yucatán, y ni qué decir que nos supera el DF, Estado de México y Nuevo León. Con instrumentos similares, el Instituto Mexicano de la Competitividad ubica a Jalisco en un penoso lugar 16 en esa materia.
La UNICEF nos manda al lugar 25 en materia de atención de nuestros niños y adolescentes. Lo mismo sucede con el estudio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, donde Jalisco es décimo lugar en rezago social; decimosegundo en analfabetismo y décimosexto en materia de cobertura de servicios de salud. Precisamente en materia de salud, el Gobierno federal nos reprueba en la mayoría de los indicadores, desarrollados por la secretaría del ramo, que mide la salud y su atención.
Son "verdades de a kilo", como entidad vamos mal y esa ruta no es la que están siguiendo el conjunto de los Estados que conforman la Federación. La verdad no peca, pero sí puede y debe incomodar.
La situación se agrava si consideramos que el fenómeno se replica a nivel País. El Banco Mundial nos ubica en el lugar 70 en ingreso per capita. En capacidad adquisitiva el resultado es peor: lugar 80, compartiendo el sitio con Botswana y por debajo de Trinidad y Tobago. La Heritage Foundation nos otorga el lugar 60 en libertad económica, por debajo de El Salvador. El Foro Económico Mundial nos sitúa abajo del lugar 50 en materia de competitividad. Cifras que contrastan con el hecho de ser la economía número 11 (otros ya nos ubican en el número 13) a nivel mundial.
Más verdades: México apenas recauda el 10 por ciento de su PIB, porcentaje que es duplicado por Argentina, Brasil y Chile. Ya llevamos años donde la comparación no es con el Norte o con Europa. El Índice de Gini, que mide la desigualdad, nos muestra que somos un País donde la polarización económica es dramática. Los que ganan mucho son muy pocos y los que ganan poco o nada son muchos. Pareciera una verdad universal, pero la medición muestra que aquí el fenómeno está particularmente acentuado. Si en un hogar mexicano ingresan 30 mil pesos al mes, pertenece al 10 por ciento de los hogares más ricos del País.
Estas mediciones también nos permiten aproximarnos al conocimiento del tiempo que nos llevará superar nuestros rezagos. La verdad que nos muestran, es que estamos avanzando a paso muy lento mientras otros países nos rebasan. La verdad es que nos tomará mucho más tiempo llegar a ese punto que el que les tomará a otros países.
La ciencia también nos aproxima a la verdad y nos dice que las políticas públicas lo son cuando tienen el respaldo de la sociedad. Lo anterior implica un proceso de escuchar, tolerar, convencer, incorporar ideas de la gente, atender lo que la sociedad considera prioritario y estratégico. También implica propiciar y alentar la participación de la sociedad para que proponga. Lo que se haga del Gobierno de otra forma no es una política pública y tiene mayor probabilidad de fracasar.
Ni duda que aproximarnos a la verdad y alejarnos de las verdades a medias es algo de lo que en México y Jalisco estamos necesitados. Ahí está el camino que nos ofrece la ciencia y la técnica, ojalá se opte por esa ruta. Enfrentarnos a esas verdades puede doler, pero resulta necesario hacerlo.
sábado, 3 de mayo de 2008
Agujas en el pajar
Nadie puede poner en duda la importancia de la información. De la misma magnitud es la importancia de clasificarla y sistematizarla para facilitar su búsqueda; la información "en bruto" se convierte en un pajar en donde hay que encontrar agujas. El Instituto de Transparencia e Información Pública del Estado de Jalisco, ITEI, muestra en su página Web una carencia monumental en lo relativo a la noción de clasificación y sistematización de la información. Veamos algunos ejemplos.
Los sujetos obligados por la Ley de Transparencia -toda entidad que ejerce recursos públicos-, deben publicar y actualizar de manera permanente y sin que alguien lo solicite, la información que la propia ley considera como fundamental. Si usted está interesado en saber cuáles son las entidades que cumplen con esta obligación, lo mejor es que se arme de paciencia y tome su tiempo porque es imposible tener un fácil acceso a esta información.
En esta búsqueda, lo que sí encontrará en la página Web del ITEI es una especie de calendario, los años y los meses sí aparecen muy bien ordenados; entonces, lo que usted debe hacer es explorar mes por mes hasta encontrar la dependencia o entidad que busca. Si requiere un comparativo, debe hacerlo usted mismo, ármese de papel y lápiz y vaya tomando nota de cada una de las evaluaciones. En esta búsqueda usted podrá advertir que hay entidades que no cumplen con lo que señala la norma, y también podrá contemplar las "recomendaciones" que hace el Instituto de Transparencia. Pero si quiere saber si la recomendación surtió algún efecto, se quedará en blanco, pues no hay forma de consultar el seguimiento a las mismas.
La presentación de la información concentrada y generada por el ITEI no contribuye a facilitar su búsqueda y análisis. En su página Web abundan los archivos tipo PDF, esto es, una simple "copia fotostática" de un documento físico, sin ninguna posibilidad de acceder a vínculos que amplíen la somera información ahí presentada. Lo que se presenta como "estadísticas" ni siquiera contiene los sujetos obligados involucrados en los números que se presentan, o al menos la categoría genérica a la que pertenecen.
La página Web del ITEI es un desastre en materia de sistematización de lo que constituye su razón de ser: la información. Si es así para quien tiene las habilidades mínimas de búsqueda de información por razones de su actividad académica y editorial, debe ser un muro infranqueable para quienes se inician en Internet o para aquellos que recién empiezan a adquirir ciertas habilidades en la búsqueda de información.
Adicionalmente, la información que se presenta no se encuentra actualizada. En el apartado de "sanciones", la última que se tiene registrada data de abril... de 2007.
Si se carece de lo señalado anteriormente, ni hablar de gráficas, cuadros comparativos o diagramas de flujo. Mucho menos de la generación de información que podría ser de utilidad. Por ejemplo, un ciudadano al que se le negó la información que solicitó, tiene dos caminos: a) inconformarse ante el ITEI; y b) no inconformarse y aceptar la negativa. ¿Existen casos de esta segunda opción, y de ser así, cuántos?
Ahora pensemos en alguien que eligió la opción a) y sí decidió inconformarse ante el ITEI. Nuevamente tenemos dos opciones: a) el ITEI ordena que se entregue lo que se negó en un principio; y b) el ITEI confirma la negativa. En este último caso ¿a qué se debe que el ITEI confirme negativas de información?, ¿hay un patrón? ¿No sería conveniente orientar a la ciudadanía en aquellos casos en que el propio ITEI está confirmando las negativas? Si contáramos con esta información, se podría orientar al público y con ello abatir las horas-hombre invertidas por los sujetos obligados y por el propio ITEI en un trámite cuyo final ya se conoce: terminará negándose la información.
Además, si se contara con esta información (no solamente "en bruto"), estarían a escrutinio los criterios que se están aplicando por parte del ITEI para confirmar las negativas de información. Hasta ahora, en las negativas de información, los criterios que han estado en la mira son únicamente los de los sujetos obligados.
Ahora veamos las resoluciones del ITEI que ordenan entregar la información en principio negada. ¿En qué casos sí se entregó? ¿Lo que se entregó corresponde a lo solicitado? ¿Hay estudios que reflejen la conformidad del usuario con el trámite y con el producto demandado u obtenido? Demasiado pedir. Complementemos el mismo caso: información negada en principio y que el ITEI ha ordenado entregar: más allá del efectismo de que el presidente del ITEI se apersone a presentar la denuncia penal, sería conveniente contar con la información del seguimiento de todas las sanciones que debieron imponerse (penales o de cualquier tipo).
Si en la página Web del ITEI no encontramos toda la información que hemos referido, podríamos suponer que seguramente se puede consultar en los informes anuales. Pero tampoco. Lo que sí se puede apreciar en esos documentos son letras pequeñas y fotografías grandes. El cuidado de las fotografías contrasta con el que se tuvo con el contenido del informe (2006-2007), pues incluye una fe de erratas por un errorcito del 400 por ciento en una cifra. La mayoría de las imágenes corresponden al presidente del ITEI. Ni hablar, es cuestión de criterios y de prioridades.
rogelio_campos@yahoo.com
Los sujetos obligados por la Ley de Transparencia -toda entidad que ejerce recursos públicos-, deben publicar y actualizar de manera permanente y sin que alguien lo solicite, la información que la propia ley considera como fundamental. Si usted está interesado en saber cuáles son las entidades que cumplen con esta obligación, lo mejor es que se arme de paciencia y tome su tiempo porque es imposible tener un fácil acceso a esta información.
En esta búsqueda, lo que sí encontrará en la página Web del ITEI es una especie de calendario, los años y los meses sí aparecen muy bien ordenados; entonces, lo que usted debe hacer es explorar mes por mes hasta encontrar la dependencia o entidad que busca. Si requiere un comparativo, debe hacerlo usted mismo, ármese de papel y lápiz y vaya tomando nota de cada una de las evaluaciones. En esta búsqueda usted podrá advertir que hay entidades que no cumplen con lo que señala la norma, y también podrá contemplar las "recomendaciones" que hace el Instituto de Transparencia. Pero si quiere saber si la recomendación surtió algún efecto, se quedará en blanco, pues no hay forma de consultar el seguimiento a las mismas.
La presentación de la información concentrada y generada por el ITEI no contribuye a facilitar su búsqueda y análisis. En su página Web abundan los archivos tipo PDF, esto es, una simple "copia fotostática" de un documento físico, sin ninguna posibilidad de acceder a vínculos que amplíen la somera información ahí presentada. Lo que se presenta como "estadísticas" ni siquiera contiene los sujetos obligados involucrados en los números que se presentan, o al menos la categoría genérica a la que pertenecen.
La página Web del ITEI es un desastre en materia de sistematización de lo que constituye su razón de ser: la información. Si es así para quien tiene las habilidades mínimas de búsqueda de información por razones de su actividad académica y editorial, debe ser un muro infranqueable para quienes se inician en Internet o para aquellos que recién empiezan a adquirir ciertas habilidades en la búsqueda de información.
Adicionalmente, la información que se presenta no se encuentra actualizada. En el apartado de "sanciones", la última que se tiene registrada data de abril... de 2007.
Si se carece de lo señalado anteriormente, ni hablar de gráficas, cuadros comparativos o diagramas de flujo. Mucho menos de la generación de información que podría ser de utilidad. Por ejemplo, un ciudadano al que se le negó la información que solicitó, tiene dos caminos: a) inconformarse ante el ITEI; y b) no inconformarse y aceptar la negativa. ¿Existen casos de esta segunda opción, y de ser así, cuántos?
Ahora pensemos en alguien que eligió la opción a) y sí decidió inconformarse ante el ITEI. Nuevamente tenemos dos opciones: a) el ITEI ordena que se entregue lo que se negó en un principio; y b) el ITEI confirma la negativa. En este último caso ¿a qué se debe que el ITEI confirme negativas de información?, ¿hay un patrón? ¿No sería conveniente orientar a la ciudadanía en aquellos casos en que el propio ITEI está confirmando las negativas? Si contáramos con esta información, se podría orientar al público y con ello abatir las horas-hombre invertidas por los sujetos obligados y por el propio ITEI en un trámite cuyo final ya se conoce: terminará negándose la información.
Además, si se contara con esta información (no solamente "en bruto"), estarían a escrutinio los criterios que se están aplicando por parte del ITEI para confirmar las negativas de información. Hasta ahora, en las negativas de información, los criterios que han estado en la mira son únicamente los de los sujetos obligados.
Ahora veamos las resoluciones del ITEI que ordenan entregar la información en principio negada. ¿En qué casos sí se entregó? ¿Lo que se entregó corresponde a lo solicitado? ¿Hay estudios que reflejen la conformidad del usuario con el trámite y con el producto demandado u obtenido? Demasiado pedir. Complementemos el mismo caso: información negada en principio y que el ITEI ha ordenado entregar: más allá del efectismo de que el presidente del ITEI se apersone a presentar la denuncia penal, sería conveniente contar con la información del seguimiento de todas las sanciones que debieron imponerse (penales o de cualquier tipo).
Si en la página Web del ITEI no encontramos toda la información que hemos referido, podríamos suponer que seguramente se puede consultar en los informes anuales. Pero tampoco. Lo que sí se puede apreciar en esos documentos son letras pequeñas y fotografías grandes. El cuidado de las fotografías contrasta con el que se tuvo con el contenido del informe (2006-2007), pues incluye una fe de erratas por un errorcito del 400 por ciento en una cifra. La mayoría de las imágenes corresponden al presidente del ITEI. Ni hablar, es cuestión de criterios y de prioridades.
rogelio_campos@yahoo.com
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