sábado, 9 de junio de 2007

Cereza sin pastel (II)

Segunda y última parte.En la entrega anterior mencionamos el costo de la revitalización de Bilbao invertido durante una década: 5 mil 700 millones de dólares. Decíamos que el Guggenheim fue la cereza del pastel, la insignia de la modernidad y la apertura, el emblema de una ciudad que dejaba atrás su pasado industrial y se proyectaba al futuro económico apostando por el sector terciario: el de los servicios.

Ahora, abordaremos algunos mitos del caso bilbaíno y haremos una fundamental diferenciación con la pretendida transformación de nuestra ciudad.

Los seguidores del proyecto argumentan que el museo transformó Bilbao, lo cual es inexacto: el museo es consecuencia de un plan de revitalización urbana que incluyó una inversión multimillonaria en euros, donde el museo apenas representa el 3.5 por ciento de los recursos invertidos.

En este caso, las diferencias con Guadalajara saltan a la vista. En la ciudad española se pudo realizar esta inversión, entre otros factores, por la aplicación de fondos de la Unión Europea; México no es beneficiario de este tipo de recursos por parte de los dos vecinos del norte, que a la vez son nuestros principales socios comerciales y las potencias que podrían y/o deberían ayudarnos como se ha venido haciendo con España.

Otra diferencia es la experiencia y puesta en práctica de esquemas similares. Previo al caso bilbaíno, España había tenido éxito en experiencias de revitalización urbana en sus tres principales ciudades, con acontecimientos de dimensión internacional: Madrid, Capital Cultural de Europa; Barcelona, sede de los Juegos Olímpicos, y Sevilla, sede de la Expo Mundial. Esto es, el país ibérico tenía la considerable experiencia y la dinámica de reconvertir o remodelar sus ciudades. Por cierto, ninguna de éstas requirió un museo de ese costo para su revitalización.

Los optimistas ven los Panamericanos como la gran oportunidad de revitalizar nuestro entorno urbano; los pesimistas comparan el estimado del gasto realizado por Río de Janeiro para los juegos del próximo mes (5 mil millones de dólares), pero en Guadalajara se invertirían sólo 500 millones para 2011.

En México no tenemos la experiencia ni la dinámica de revitalizar premeditadamente las ciudades; a lo más que llegamos el sexenio anterior fue a organizar cumbres de cuanto organismo internacional haya registro. No pocas se organizaron en Los Cabos o en Cancún, lugares con una infraestructura turística de talla internacional. En las pocas cumbres que se organizaron en otras ciudades, como la ALCUE (Guadalajara, mayo de 2004), el dinero federal se destinó a cuestiones ornamentales de dudosa calidad, escaso uso y muy corta duración (como ejemplo está la "plaza" ubicada en Niño Obrero y Lázaro Cárdenas), y en compra de patrullas o de arbolitos, que fueron mal sembrados, con el propósito de tapar nuestras miserias urbanas. Eso nos refleja como ciudad y como país: sin recursos para revitalizar, sólo para medio tapar.

Otro mito es que Bilbao es una ciudad con 400 mil habitantes y que en el pasado reciente, antes del museo, era un pueblo de pescadores. Partiendo de este falso supuesto se pretende llevar a la conclusión obligada: Guadalajara puede hacer el museo. Imagínese... "si un pueblo de pescadores de tan sólo 400 mil habitantes pudo hacerlo", resulta obligado que nosotros podamos.

En realidad Bilbao era una importante ciudad industrial. Esto es precisamente lo que permitió desarrollar las importantes intervenciones urbanísticas. Las hectáreas donde antes se asentaba la industria fueron destinadas a proyectos comerciales, culturales, de ocio y vivienda. Por cierto, decir que Bilbao tiene 400 mil habitantes es confundir la villa con la zona metropolitana. El Bilbao Metropolitano tiene un millón de habitantes.

Estos datos nos llevan a establecer otras diferencias fundamentales. Bilbao se transformó radicalmente: pasó, de ser industrial, a ser una ciudad de servicios. Éste no es el caso de Guadalajara; nuestra vocación ha sido de servicios, por tanto tenemos pocas superficies para destinar a la construcción de complejos culturales, de ocio y comerciales. Lo que sí ha venido sucediendo es el abandono de las áreas cultivables, donde ahora hay construcciones que, por alguna extraña razón, son llamadas y aceptadas como viviendas, y por ello no tenemos superficies donde enclavar proyectos insignia de revitalización urbana. En el caso bilbaíno, la apuesta fue cambiar el giro económico de la ciudad, y resultó. En nuestro caso, no cambiaríamos de giro.

Por cierto, Abandoibarra, el lugar donde se asienta el Guggenheim, está en un lugar céntrico. En nuestro caso, se pretende ubicarlo, literalmente, en la orilla.

Lo que sí sucedió en Bilbao e hizo posible el proyecto (téngalo presente para que vaya pensando si eso puede pasar aquí) fue lo siguiente: liderazgo de los políticos; y la creación de una entidad de decisión y ejecución donde confluyen distintos Municipios y órdenes de Gobierno.

Una opción es hacerle como en el futbol: vamos nacionalizando a algunos de esos políticos y profesionales bilbaínos de las políticas públicas; también a los constructores, porque si los de acá van a tardarse y a inflar el costo de obras como acostumbran, ni la suma de lo invertido en Bilbao y en Río les va a alcanzar para lo proyectado.

El único punto fuerte, donde no tendríamos problemas, sería el de la definición del coordinador del proyecto de revitalización urbana: ¡ahí está Claudio Sáinz!

sábado, 2 de junio de 2007

Cereza sin pastel (I)

Primera de dos partes

Nueva York, Bilbao, Berlín, Venecia y Las Vegas tienen algo en común: cuentan con un museo Guggenheim. Guadalajara está en la ruta de unirse al grupo de estas ciudades. Sin duda, la idea de contar con un Guggenheim es por demás atractiva, como irresistible resulta hacer algunas consideraciones sobre su viabilidad.

Para convencernos de las bondades de este proyecto se argumenta el aumento de turistas con mayor potencial económico que visitarían la ciudad. Es difícil pensar que los flujos turísticos que tienen las ciudades mencionadas tengan como causa el establecimiento del museo, como difícil es imaginar que si no lo tuvieran el turismo vendría a la baja. La excepción es Bilbao, y es el "estudio de caso" de esta ciudad el que se refiere para "vender" el proyecto. Mucho se ha hablado del ejemplo de esta ciudad española y cómo "el Guggenheim" la transformó. Lo que se ha omitido es un análisis riguroso de lo que realmente ahí pasó.

Bilbao vivió un declive en las décadas de los setenta y ochenta. En eso nos parecemos: Guadalajara ha sufrido un deterioro durante los últimos 30 años. La diferencia es que en la ciudad española, antes de pensar en un museo, empezaron (a principios de los 90) a sentar las bases de su transformación.

Por cierto, a diferencia de Guadalajara, Bilbao era una ciudad industrial. Los esfuerzos por rediseñar la imagen y las condiciones socioeconómicas se vieron reflejados en iniciativas y proyectos con un objetivo en común: revitalizar la urbe. Las acciones se planearon estratégicamente con la participación de varias entidades públicas y privadas y con la coordinación y ejecución de una en especial, lo cual no ha comenzado a suceder en estas tierras, ni para el museo ni para otra cosa.

La diferencia aumenta cuando analizamos el origen de los recursos: el proyecto de revitalización de Bilbao se costeó con recursos públicos en, prácticamente, un... 100 por ciento. Aquí y ahora, el modelo keynesiano resulta impensable; son muchos los recursos invertidos para convencernos de que eso sería un sacrilegio para el exitoso modelo económico que tenemos en México.

Otra diferencia fundamental consiste en el destino de los recursos, que fueron invertidos básicamente en el transporte urbano y en la promoción económica con la estrategia de que se tuviera un efecto en cascada sobre otros aspectos de la vida urbana. Estas acciones ordenadas son las que han llevado a Bilbao a convertirse en una referencia obligada del urbanismo. Aquí no hay estrategia para lograr esta meta, o por lo menos no se ve. Lo que sí se percibe es que estamos al revés, pretendiendo revitalizar la ciudad a partir de un museo, cuando el ejemplo bilbaíno indica que el museo fue la cereza del pastel, consecuencia del convencimiento de convertirse en una ciudad moderna, abierta, y de lanzarla como tal. Las características de apertura y modernidad, con todo lo que implican, no necesariamente son el reflejo del pensamiento de los tapatíos.

Bilbao es un extraordinario ejemplo de la puesta en marcha de un concepto desconocido por los mexicanos: las "mejores prácticas" urbanísticas; pero el esquema que siguieron no es, por mucho (y no tendría porque serlo), innovador en lo que se refiere a procesos de revitalización urbana. Estos procesos son propios de las ciudades industrializadas en declive, como el caso de Pittsburgh, Baltimore o Birmingham.

Bilbao es un seguidor ejemplar de los esquemas de estas ciudades, al reconvertir espacios que eran dedicados a actividades obsoletas y destinarlos a la combinación de nuevas actividades culturales, residenciales, comerciales, productivas y de ocio.

Pensar que esta situación pueda llevarse a cabo en nuestra ciudad resulta, más que difícil, imposible. En primer lugar, el sitio donde se construiría el museo solamente considera este proyecto. En La Ría, donde está el Guggenheim Bilbao, se encuentra además la sede del Palacio de Congresos y la Música, galardonado en 2003 como el mejor centro de congresos del mundo.

Pero en lo que sí vale la pena reflexionar es en el costo de la transformación de Bilbao y en lo que nosotros estaríamos dispuestos a invertir. Para este museo se habla de un presupuesto cercano a los 200 millones de dólares, de los cuales la iniciativa privada se compromete a un reto que califican de mayúsculo: conseguir 70. Tan sólo en La Ría se invirtieron 577 millones de dólares, sin contar con el costo de los terrenos.

¿Le parece mucho? Lo invertido en La Ría es lo de menos; saque su calculadora y sume: los bilbaínos, además, invirtieron en la Avenida del Nervión 322 millones de dólares. En dos líneas del metro desembolsaron otros mil millones. En conectar el tren con el metro otros 100. Ampliar su puerto costó 900 millones más. Ampliar su aeropuerto costó 275 millones de dólares. En sanear el río gastaron 644 mdd. El museo costó 193 millones de dólares.

Bilbao, con una población de un millón de habitantes, ejerció en estos y otros gastos de reconfiguración urbana 5 mil 372 millones de dólares. Lo anterior equivale al presupuesto total de Jalisco durante dos sexenios. La diferencia es que Jalisco debe destinar el gasto a las necesidades de salud, educativas y burocráticas, de poco menos de 7 millones de habitantes.

Si se llegara a construir el museo, tendríamos la cereza; sólo nos faltaría el pastel.


rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 26 de mayo de 2007

Sólo pasa en Yucatán

Yucatán se pintó tricolor, el PRI ganó la Gubernatura, la mayoría en el Congreso y 59 de las 106 Presidencias Municipales en juego. Este proceso electoral es el primero del sexenio de Felipe Calderón, y por las particularidades que lo caracterizaron viene a constituirse en todo un estudio de caso.

Durante años el PAN se esforzó por hacer de Yucatán un ícono de la lucha blanquiazul que enfrentaba a la bestia priista. El cerverismo fue estigmatizado (no sin razón) por Acción Nacional, como uno de los ejemplos más representativos de lo peor del priismo. Hace seis años, y todavía con la inercia de la euforia del 2 de julio, Acción Nacional lograba hacerse de la Gubernatura yucateca. La propuesta de honestidad y buen Gobierno había derrotado al cacique.

A la vuelta de seis años, una sobrina de Víctor Cervera ha derrotado al panismo. Además, el hijo de Cervera será diputado local. Resulta difícil explicar lo sucedido partiendo de los supuestos señalados. Habrá que cambiar entonces las premisas.

¿Por qué los yucatecos optaron por no continuar con el "buen gobierno" y decidieron por la sangre de quien fue señalado como el Kraken yucateco? Quizás el "buen gobierno" se quedó en eslogan. En este caso el desempeño gubernamental debió ser tan deficiente que orilló a los ciudadanos a cometer el "pecado" de "volver al pasado".

No, no puede ser esta la explicación; nadie la menciona, mucho menos alguien la acepta. Ni pensar en cometer el sacrilegio de suponer que los yucatecos consideraron que les iba mejor con el PRI que con el PAN.

Busquemos otra explicación: quizás los yucatecos son de otro mundo y no se rigen por la lógica de los mexicanos. Esta explicación encontraría sustento en la expresión "si se acaba el mundo me voy pa' Mérida". Más allá del dicho, lo cierto es que el proceso yucateco está plagado de "pintorescos detalles" que lo dejan fuera de los parámetros de la normalidad democrática mexicana.

El primero de estos detallitos consiste en la redefinición del concepto "elección cerrada". A las seis de la tarde las encuestadoras no dieron los resultados de las encuestas a boca de urna (exit poll); argumentaron que la elección era tan cerrada que, considerando el margen de error, no era posible declarar ganador. Qué curioso que las encuestadoras hayan declarado empate técnico (too close to call) cuando el resultado final favorecerá al PRI por poco más de siete puntos porcentuales.

Para darnos una idea de esta barbaridad, basta compararla con dos procesos: el federal de 2000, con una ventaja de 6.9 por ciento a favor de Vicente Fox, y Jalisco en 2006, con una ventaja de 3.79 por ciento a favor de Emilio González. En ambos casos las encuestadoras dieron a conocer sus resultados en el primer minuto que lo permitía la ley: a las ocho de la noche y las seis de la tarde, respectivamente. En la elección de 2000 el ejercicio de la encuesta fue más complejo por la extensión territorial y la cantidad de electores. Nadie calificó estas ventajas como exiguas ni los procesos como "tan cerrados". Si en Yucatán la diferencia fue superior a los procesos con que lo comparamos, ¿dónde estuvo lo cerrado de esta contienda?, ¿por qué todas las empresas determinaron un empate técnico?

Por cierto, contrario a lo que se dijo, con todo y que se hubieran sumado los votos de Ana Rosa Payán y del PANAL al PAN, la abanderada priista habría ganado.

¡A qué grado dejan de funcionar las encuestas en esas latitudes que el candidato panista declaró en la víspera que todas las encuestas le favorecían y que iba a ganar por tres puntos! También dijo que lo único seguro era que la elección terminaría en tribunales. No fue cierto ni lo uno ni lo otro. Lo extraño es que ya nos habían convencido de que esas actitudes son propias de los candidatos de otros partidos, pero no del PAN; con la excepción de Yucatán, claro está.

No es lo único extraño en la península. Ahí existe un campo magnético especial o algo similar que impide que los resultados del PREP fluyan con la rapidez que lo hacen en cualquier otra parte de la República. Lo que es más, los alenta a un grado extremo. A la media noche no se había computado más que un 10 por ciento de casillas.

Otras cosas raras que seguramente sólo ahí suceden son las que ha denunciado Manuel Espino. El dirigente blanquiazul señaló que la Presidencia de la República mandó operadores a Yucatán ¡Bomba! Además exigió que, cuando pase eso, se coordinen con el PAN ¡Rebomba!

La molestia de varios columnistas no se hizo esperar; apenas habían convencido a sus lectores de la locura de Roberto Madrazo por las aseveraciones contenidas en "La Traición". Ahora la chamba será convencer de que Madrazo no está solo.

Cómo andaremos en eso de la locura que es Santiago Creel quien ahora llama a la cordura, diciendo que estas recriminaciones se tienen que ventilar al interior del partido ¡Recontrabomba! No te creas Espino, tú síguele, a ver de qué más nos enteramos; total, recuérdale a Santiago que él denunció públicamente, hace dos años, que Felipe Calderón le hizo fraude en la elección interna por la candidatura presidencial del PAN, y hasta pidió que se anularán un montón de casillas... Por cierto, ahora que recuerdo, el Estado donde más denuncias de fraude se hicieron mutuamente Creel y Calderón fue... Yucatán. Caray, que coincidencia. Por eso les digo que esas cosas solamente pasan ahí.


rogelio_campos@yahoo.com