sábado, 31 de marzo de 2007

Trabajadoras del hogar

Ayer se celebró el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. La fecha pasó inadvertida para la mayoría de la población. Lo anterior resulta lógico en razón de la escasa difusión que se dio al acontecimiento, lo cual contrasta con la publicidad que se hizo para "El Día del Taco".

En México, aproximadamente 1.8 millones de personas se dedican a trabajar en labores del hogar, y la mayor parte son mujeres. Esta cifra se toma en cuenta para decir que son personas empleadas; sin embargo, bien vale la pena reflexionar sobre el maltrato, el poco reconocimiento y valoración que en nuestra sociedad tenemos hacia el trabajo de quienes se dedican a limpiar y afanar casas ajenas. Son pocos los casos en que las percepciones de estas personas alcanzan los tres salarios mínimos, y lo peor es que en la inmensa mayoría de los casos no cuentan con Afore, seguridad social ni otras prestaciones.

En los países desarrollados el trabajo doméstico es, por lo menos en lo económico, altamente cotizado y un verdadero lujo de muy pocos. En México es totalmente al revés: no solamente no es cotizado, sino menospreciado. Si hacemos un recuento de las que nos dicen son "las grandes reformas" que el país necesita, no encontraremos ninguna que hable de revertir el rezago legal en el que se encuentra la figura del trabajo doméstico con relación a las demás actividades remuneradas.

Lo anterior es sorprendente, en razón de lo rentable que para un partido político pudiera ser la promoción de una legislación que favoreciera a 1.8 millones de familias, lo que podría traducirse en alrededor de 5 millones de personas.

La situación de las trabajadoras domésticas nos retrata de manera nítida como país. Queremos ser competitivos y de primer mundo en el discurso, pero nos valemos de usos y costumbres para no pagar seguridad social a este sector de la población. Con base en estas tradiciones presumimos nuestras banquetas y casas limpias, pagando a cambio un precio, muchas veces ridículo, con relación al trabajo realizado. Esos usos y costumbres que ejercemos, y que al parecer recubren de legitimidad la explotación que se hace a la vista de todos, se han venido sofisticando y globalizando. Así, hemos visto con gran naturalidad que colonias de compatriotas de Estados lejanos se hayan desarraigado de su tierra y hoy presten sus servicios en nuestra ciudad. Este fenómeno se repite en no pocas ciudades del país.

La versión feliz de la derecha que pregona que "el que tiene poco o nada es porque no trabaja" colisiona con el hecho de que la mayoría de los repetidores de estas grandes verdades universales se benefician de un trabajo desvalorizado. Sin embargo, tienen una respuesta para cada circunstancia, y entonces se dice que si se dedican a eso es porque no saben hacer otra cosa o porque no estudiaron.

Cuando se habla de "usos y costumbres" nuestra mente nos remite a Oaxaca o Chiapas, pero están en Guadalajara y en las grandes ciudades de México; son estos usos y costumbres los que no sólo no aceptan una cultura de derechos para las empleadas del hogar, sino que hace "normal" llamarlas de manera despectiva; eso sí, con un desenfado que en no pocas ocasionas aspira a ser gracioso. Lo anterior como propina al maltrato, a lo escaso de la remuneración, prestaciones y a condiciones que llegan a la figura de la tienda de raya o de plano a una versión moderna de la esclavitud.

No cabe duda que "el buen juez por su casa empieza", y la mayoría de las casas de los 1.8 millones de familias mexicanas donde laboran estas trabajadoras demuestran que los mexicanos somos candil de la calle y oscuridad de nuestra casa: exigimos justicia, pero en la propia no somos justos; exigimos que no se aprovechen de nosotros, pero enseñamos a nuestros hijos en nuestra propia casa cómo aprovecharnos de alguien. Eso sí, sin violar la ley, porque la ley no exige que se paguen determinadas prestaciones para este tipo de trabajo... curiosamente ésa es la explicación de moda de no pocos políticos ante un escándalo: "No se está violando la ley".

En contrapartida, hay otros 1.8 millones de familias, aquellas a las que pertenecen las trabajadoras del hogar; en esas casas la dura lección recibida día con día es que después de las difíciles condiciones en las que las trabajadoras del hogar laboran, todavía esas mamás, hermanas o hijas deben llegar a cubrir la "doble jornada", ésa que las ata al cumplimiento del tan poco valorado trabajo doméstico. Sin este trabajo "local" e "invisible", las familias apenas lograrían funcionar en una sociedad como la nuestra, que no suele asignar mayor importancia al trabajo de las amas de casa, y cuyos políticos rara vez se detienen a pensar -ya no digamos legislar- sobre la protección que el Estado debe a los hijos pequeños de las madres trabajadoras, entre tantos otros aspectos de esta compleja cuestión...


rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 24 de marzo de 2007

'Manoladas'

"A ver Manolo, ¿cuál es el resultado de esta operación?". En el pizarrón la maestra ha escrito 6-4=... Manolo responde "¡10 maestra!"... risas de sus compañeros... la maestra insiste "a ver fíjate bien", y ahora escribe 8-2=... Manolo responde "¡10 maestra!"... nuevamente risas festivas de sus compañeros... Una voz en off dice "Así somos en el PAN, nunca restamos...". El niño, que al parecer no ha aprendido lo que es una sustracción, coincidentemente tiene el mismo nombre del dirigente nacional Manuel Espino, señalado justamente por restarle apoyos al Presidente Calderón.

El mensaje televisivo es una joya que refleja nuestra realidad en muchos aspectos. El primero es que somos malos para la aritmética; así lo demuestra la encuesta realizada por Roy Campos en enero pasado, que se puede consultar en http://www.consulta.com.mx. En un país como el nuestro es altamente probable que Manolo no sepa restar, no solamente por ser del PAN, sino porque en general a los mexicanos la aritmética no se nos da.

Nuestra dificultad con la aritmética se refleja a diario. El pasado sábado se publicó que la PGR había encontrado 157 mil 500 pesos mexicanos, en el decomiso en las Lomas que ahora es conocido por todo el mundo. Cinco días después, Grupo Reforma publicó que "serían hasta 17 millones". Este último cálculo se hizo sin contar, ni siquiera ver, el dinero físicamente; solamente se tomó como referencia una fotografía y se acudió a expertos. El viernes la PGR rectificó, dijo que eran 17 millones 306 mil 520 pesos. Los expertos que calcularon a "ojo de buen cubero" por poquito le atinan: tuvieron un pequeño y entendible error de 1.78 por ciento. La PGR sólo había reportado un 0.90 por ciento del total (un "error" del 10 mil 828 por ciento). Este pequeñísimo error nos demuestra que en la PGR no saben sumar, a pesar de ser una dependencia del Gobierno panista; pero ésta no debe ser una razón para preocuparse, no hay problema, pueden acudir con Manolo o simplemente hacerse más panistas (para saber sumar). Manolo, por su parte, cuando quiera aprender, no solamente a restar sino a dividir y hasta a sacar raíz cuadrada, sabrá que tiene en la PGR una escuela formidable.

Otro caso es el que sufren los Presidentes de México con el tema del empleo. Vicente Fox no dejó de insistir que en su sexenio "se había logrado la tasa de empleo más alta en la historia". En la realidad, el INEGI lo desmintió. Lo mismo le pasó a Felipe Calderón el pasado jueves, cuando dijo que "el empleo sigue creciendo en México"; como hecho a propósito, el mismo día el INEGI reportaba lo contrario. Quizás la clave está en que cuando les pasan las tarjetas informativas con el último corte del número de empleos menos los que se perdieron el último mes, los Presidentes (por ser del PAN), lejos de restar los empleos perdidos los suman.

Estos errores en hacer cuentas se reproducen en Jalisco. Rodolfo Ocampo dijo que Jorge Vergara debía 15 millones de pesos al SIAPA. Después se supo que en realidad eran 5 y que están en litigio. Probablemente a Rodolfo le pasaron una tarjeta donde decía que debía 10-5, y como en el PAN no saben restar, pues dijo 15.

El mensaje televisivo no sólo refleja lo malo que somos para los números; otro aspecto en el que la realidad se identifica con el mensaje es la gran seguridad, el entusiasmo, la reiteración y sobre todo la simpatía con la que Manolo comete el disparate. En Jalisco abundan los "Manolos" que responden con disparates a las preguntas concretas que se les formulan.

Para muestra el siguiente botón. El Congreso nombra directora en la Auditoría Superior a una ex regidora que no cumple el requisito indispensable de tener registrado su título con una antigüedad mínima de tres años. Cuando se cuestiona el incumplimiento al líder del partido político de la flamante funcionaria, éste contesta al más puro estilo de Dustin Hoffman en la película Rain Man: "tiene experiencia, tiene experiencia, tiene experiencia". Nadie preguntó si tiene experiencia o no, se cuestiona el incumplimiento de requisitos legales. Recientemente por ese incumplimiento la Corte dejó fuera del Tribunal Administrativo de Jalisco a un magistrado designado por el Congreso. La funcionaria acaba de aprobar esta semana su examen profesional, pero como en el PAN solamente saben sumar, pues ya le sumaron días de titulada, y asunto arreglado.

Por último, el mensaje televisivo nos refleja como sociedad en el hecho de que festejamos los disparates de nuestros simpáticos "Manolos". Así como los compañeros se ríen festivamente de las respuestas equivocadas, así la sociedad festeja las "manoladas" de nuestros políticos. Un ejemplo es cuando se preguntó a varios dirigentes empresariales acerca de los parientes del Gobernador en la nómina, y éstos contestaron que "lo importante son los resultados". Increíble.

A pocos les importa el cumplimiento de la ley. Rendir cuentas tiene que ver con los resultados, pero con apego a la ley. Rendir cuentas no solamente es decir qué, sino además quién, cómo, cuándo, cuánto, dónde, por qué. Pero no pidamos tanto, si ni siquiera se sabe hacer cuentas, mucho menos se sabe qué es rendirlas. Si lo que importa son los resultados, olvidémonos del (para muchos estorboso) Estado de Derecho. Mejor preparémonos para festejarles los resultados que nos den o los que nos quieran dar, no importa si tienen relación con lo que se pregunta o si son ciertos o falsos.


rogelio_campos@yahoo.com

sábado, 17 de marzo de 2007

Medias verdades

En México, los medios tiempos o jornadas reducidas son propicias para buscar una segunda chamba; todo esto para alcanzar a cubrir el mínimo. ¿Por qué no le sobra dinero al que trabaja dos jornadas?

Los mexicanos nos hemos acostumbrado a vivir de medias verdades. Mucho tiempo se dijo que el Gobierno era un mal administrador, que debía dejar en manos de la iniciativa privada actividades como las carreteras de cuota y los bancos. Después, la iniciativa privada demostró que son tan buenos para quebrar empresas como el Gobierno. Mucho tiempo se condenó el monopolio del Gobierno en algunas actividades económicas. Con el paso del tiempo la iniciativa privada demostró su vocación, afición y destreza por monopolizar. Al parecer, en el fondo no se critican las acciones u omisiones, sino el no ser el beneficiario de ellas.

Dentro de estas tesis de la derecha se dice que "el que no tiene nada es porque no trabaja o porque es flojo". Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de INEGI (2006), 3 millones de trabajadores mexicanos tienen más de una ocupación. En este grupo de personas se encuentran profesionistas que los fines de semana son comerciantes, empleados que trabajan medio tiempo en un taxi, o bien, personas con trabajo que tienen en el sector agrícola una ocupación secundaria.

La mayoría encontró la oportunidad de tener un segundo ingreso realizando alguna actividad en el mercado informal. Otra parte realiza su segunda actividad en la agricultura de autosubsistencia, o sea cuando la producción se dedica en su mayor parte al consumo personal y sólo una pequeña porción de su producción es utilizada para su venta o trueque.

¿Qué propicia esto? En muchos casos la flexibilidad de horarios y la necesidad de más ingresos es lo que permite a un número importante de trabajadores mexicanos tener más de una ocupación, pero una proporción también significativa lo hace porque no puede laborar más tiempo en su actividad principal, ya que su jornada es limitada, pues sólo son contratados por jornadas cortas o medias jornadas.

En países como Corea resulta impensable tener más de un trabajo. En algunos países europeos la jornada laboral es de 35 horas semanales: los trabajadores laboran siete horas diarias de lunes a viernes. Allí los partidos de izquierda plantean la jornada laboral de 30 horas, esto es, trabajar seis horas diarias de lunes a viernes; y hay países que ya trabajan solamente ocho horas diarias de lunes a jueves, con tres días de descanso a la semana.

El detalle de lo que sucede en esos países consiste en que el salario y, sobre todo, las prestaciones de un solo empleo sí alcanzan para cubrir todas las necesidades básicas del trabajador y su familia.

En México, los medios tiempos o jornadas reducidas son propicias para buscar una segunda chamba; todo esto para alcanzar a cubrir el mínimo. Pensar en tener tiempo de sobra para destinarlo a la familia, al ocio o a un pasatiempo, como sucede en otras sociedades, es simplemente inalcanzable para los mexicanos.

Entonces... ¿los mexicanos trabajan o no? Hay quienes dicen, de manera simplista, que los que tienen poco o nada es porque son flojos, porque no trabajan. En esa lógica, quienes tienen dos trabajos deberían tener sus necesidades cubiertas y hasta ahorros; sin embargo, esto no es así. ¿Por qué no le sobra dinero al que trabaja dos jornadas? Nadie pone en duda las virtudes del trabajo, pero millones de mexicanos no están trabajando para vivir, sino que están viviendo para trabajar.

Un caso similar nos sucede como país con nuestra deuda externa. Durante muchos años, haciendo un juego de palabras, se decía que la deuda de México más que externa sería eterna. Recientemente la firma aregional.com y el Banco Mundial dieron a conocer que México ha pagado siete veces su deuda externa.

Según esta información, México habría destinado recursos para el pago de su deuda externa en un monto superior a siete veces el total de lo que debíamos en 1982, y no sólo no hemos terminado de pagar la suma, sino que lo que debemos aún es mucho. La referencia a 1982 es clave porque en ese año nuestro país registraba niveles de endeudamiento nunca antes vistos (86 mil millones de dólares). Los recursos destinados al pago de servicio del adeudo se situaron, al cierre de 2004, en 624 mil 326 millones de dólares. Lo anterior es tanto como que usted pagara por un crédito hipotecario, en un plazo de 22 años, intereses y capital por un monto siete veces superior al valor de su casa hipotecada... y que todavía siga debiendo la mitad del valor de su casa.

Y el tema de la deuda externa nos lleva a otra media verdad. Se ha vendido como un logro la reducción de la deuda externa, pero lo que no se dice claramente es que esta disminución ha sido básicamente como consecuencia de convertirla en deuda interna, la cual ha crecido brutalmente. Lo que tampoco se dice es que ahora los pasivos de PEMEX duplican la deuda externa del sector público.

Si seguimos la ruta del dinero encontraremos a los beneficiarios nacionales y extranjeros de estos y otros fenómenos. Lo que resulta increíble es que sean los mismos que exponen sus propuestas como el único camino a seguir y se presentan como los filántropos y salvadores; como personas, empresas, entidades o países "legítimamente" preocupados por México.


rogelio_campos@yahoo.com